SERENA

SERENA

SERENA
Todo comenzaba igual que muchas historias de misterio…
Serena se levantaba del descanso nocturno, un día gris había amanecido y la ya no tan joven mujer, quería dar luz a sus momentos, que no todo fuese oscuridad en su historia ¿lo conseguiría? No dejéis de leer que ahora empieza el suspense.
Madrugada lluviosa, aún el sonido de las campanadas resonaba en sus oídos, las risas no cesaban, la ingesta de alcohol en ellos sobrepasaba los limites y la mala conducción de una pareja descontrolada hacía que sus instintos sexuales se desbordasen.
Pol metió su brazo entre las piernas de Serena quien al mismo tiempo intentaba besarlo. Sucediendo lo que nunca debió suceder, ella mareada perdió la distancia de la carretera y acercándose demasiado al precipicio, el automóvil se precipitó al vacío de aquella montaña.
El silencio era aterrador todos la miraban hasta que Pol, él aún no había dicho su nombre, la besó apasionadamente cubriendo su cuerpo.
¡Ya es tuya! Gritó uno de los asistentes a la fiesta.
¡Déjame respirar! Le intentó advertir ella, pero él cargando con su cuerpo la subió a su habitación.
Aquella curva peligrosa y su mala actuación en la carretera los escondían entre los matorrales, una zona solitaria los escondía de la realidad en aquel hotelito de montaña, donde los dos fueron por libre a festejar el fin y comienzo de año.
La tragedia muda como sus víctimas presagiaba no tener salvación, nadie los veía ni nadie podía escuchar su silencio. La causa fue un instante feliz por lo que el accidente no causó estruendo, ni fuego, ni dolor, poco a poco resbalaban sus restos al punto más bajo de aquel barranco.
Pero la vida no había sucumbido a la catástrofe, uno de ellos abrió los ojos, viendo las nubes tan cerca que hasta veía salir de ellas las gotas de lluvia…
Arrastró su cuerpo entre la maleza, zarzas hirientes destrozaron sus ropas haciendo sangrar sus extremidades. Haciéndole pensar que allí sí que encontraría la muerte…
La vida de un superviviente en aquellas condiciones no debe de ser fácil y de hecho no lo fue.
Dejando a la otra víctima en el lugar de los hechos, volvió a la fiesta, se dejó ver, no comentó nada del accidente, culpando a sus heridas de la bebida y a un mal tropezón dado en los aledaños del jardín del recinto.
Los años habían pasado, nunca la persona superviviente escuchó noticia alguna respecto del accidente y es de suponer que no intentó preguntar cuáles fueron las causas, dejando caer un tupido velo al que podía haber sido también el motivo de su muerte.
Serena había tomado fuerzas con el desayuno, no conducía desde hacía mucho tiempo, así que comenzó a andar, le esperaba un largo paseo hasta llegar a la urbanización, el hogar predestinado para médicos, arquitectos y algún que otro artista del mundo musical.
Aún era una incógnita que la dejasen acceder, pero sabía bien el nombre y apellidos del cirujano al que iba a visitar… Doctor Goguet.
Tenía qué… Nada había sido igual desde entonces, dejó de quererse, quiso haber muerto, pero fue muy cobarde. Arropada por su familia, Serena pasó varias veces por el quirófano, pero, como ella misma sabía, nada fue igual, nada sería nunca igual…
Un coche de jardín la paseó por la urbe privada, acercándose despacio a la terraza donde el médico tomaba una taza de café.
Asomado al mirador la llamó…
¡Serena, qué gusto verte! ¿Cómo estás? ¡Cuánto tiempo!
Mientras Serena, articulaba su mano ortopédica para aflojar la prótesis en sus piernas y ponerse, sin ayuda del doctor, de pie…
¡Déjame que te ayude! Le dijo ya estando a su lado.
Fue entonces cuando Serena le miró a los ojos y le dijo: No hace falta, ya han pasado muchos años, y estoy acostumbrada a ellas…
Pero después de todo lo que has hecho por mí no tengo mas remedio que agradecerte tu interés…
A pesar de qué… Podrías haber actuado de ese modo y no haberme dejado abandonada… Pol.

©Adelina GN

SOY CULPABLE

Querida te escribo esta nota porque me siento culpable…
Jamás pensé que pudiese hacer aquello.

Cuándo creí que nadie me veía tomé aquel cuchillo ahora ensangrentado.
Allí mismo en la cocina lo abrí en canal.

De su interior salía la sangre que ensució la herramienta carnicera.
Tendrás que perdonarme amor, pero no lo pude hacer mejor.
Después me ensañe con él, no sabía cómo hacer para no dañarla y le quité la piel.
Sé que me vas a odiar, pero no quiero que así sea.

Espero solucionar este desastre que hice con la pieza de carne que me dejaste para la cena.

Cuando venga de cervecear me pondré a limpiar la cocina.
Posdata: Está en el horno.
¡¡Qué no se queme, cariño!!

©Adelina GN

ESPECTRO

Eran muchas las ocasiones en las que Enora, había tenido en sus manos aquellas entradas, pero siempre por prescripción facultativa las tuvo que regalar.

Voy a explicar con ese ápice de brevedad que me caracteriza (no es cierto) qué ocurría y el motivo por el cual, nuestra enfermiza amiga no podía o más bien no debía ir al Parque de Atracciones y mucho menos entrar en el Pasaje del Terror.

Ella entendía que su salud era quebradiza como la de un cristal, que las emociones estaban vetadas. Desde la intervención quirúrgica a corazón abierto a la que fue sometida, Enora sufría de pequeños infartos debidos a las situaciones de penas y alegrías. Por lo que debería llevar una vida tranquila y sin alteraciones, ni físicas, ni emocionales. Pautas que fueron dadas por el doctor en su última revisión.

Enojada con ella misma salió de la consulta, pensando: qué era lo que hacía ahora, si vivía o esperaba a que su órgano vital se encaprichase un día en emocionarse y terminase así con la tontería.

Así que si queréis, podéis preguntaros, qué pensáis al respecto o simplemente os invito a que sigáis leyendo:

Se reflejaban las 07:32 a.m en el radio reloj digital de su mesilla de noche y Enora cantaba feliz…

Vale la pena una vez más…

Pintarse la cara color esperanza… Mirar el futuro con el corazón…

No debo retrasarme, hoy es el día, que ilusión, por fin voy a cumplir mi deseo. Todo aquello se decía camino al trabajo como cualquier otro viernes, pero ella sabía que no era así. Todo dependía de los resultados que surgiesen del pase de atracciones, y para ello quedaban aún unas cuantas horas.

Ya el nombre del pasaje causaba escalofrió ESPECTRO sumado todo al tiempo lluvioso que tuvo la noche caprichosa en mostrar para y con aquella diversión.

Enora enseñó las entradas a la muerte, que la esperaba con la guadaña para que allí las pinchase. Cuándo, un impresionante Igor la miraba fijamente con su ojo deforme. Le pidió que se agachase y en ella colocó un micrófono para que fuese narrando su odisea terrorífica a los que fuera esperaban. El itinerario se hacía individualmente, por lo que su amigo esperó fuera, desde allí escucharía todo lo que aconteciese en aquel lugar de terror psicológico.

Apartando la cortina que la separaba del interior Enora, sintió una ráfaga de viento helado que la dejó tiritando, tapándose la cara avanzaba por aquel laberinto, donde, las manos mugrientas y cadavéricas la jalaban a su paso. Para entonces todo iba bien, sintiendo solamente una pequeña opresión en el pecho que se agudizó cuando el payaso de IT apareció de sopetón delante de su cara. Tuvo que contener la respiración o de lo contrario lanzaría un grito que alarmaría y no quería que aquello pasase, quería que fuese algo más sencillo, más normal tratándose del lugar donde se encontraba. Y siguió paso a paso recorriendo aquellos oscuros pasillos. Su corazón se estaba acelerando demasiado después de entrar en la sala blanca y acolchada, en la que se encontró con una loca que le acariciaba el pelo y le cantaba una canción de cuna. Sus nervios iban cada vez en aumento, su pulso se aceleró por completo. Estaba siendo atacada por unos murciélagos que revoloteaban sobre su cabeza y por mucho que a zarpazos quería quitarlos, por momentos le hacían daño. Pero aquello no debía de importarle, pues era para lo que había ido allí. Comenzaron a empujarla a tirarle sangre por encima, le gritaban, y de nuevo una ráfaga de viento frío dejaba otra vez su rostro petrificado. Ahora allí no se escuchaba nada, todo había quedado en silencio, delante de ella otra sala oscura en la que tenía que entrar. ¿Sería aquel el final? Ella quería que fuese, así que no dudó en apartar el cortinaje que cubría aquella entrada. Ya comenzaba a respirar con dificultad, su boca se secó, y se estaba mareando, sentía que no podía avanzar y se agarró a la tela, cayendo sobre ella la arrancó. Apareciendo delante de sus ojos aquella calavera, un rostro que hizo que su corazón se parase de golpe. Enora dejó de respirar, aquel su último deseo se había cumplido, terminó con la agonía de no poder tener sensaciones. No hubo ningún responsable, la atracción siguió en activo, porque ya se sabe…

Quien por su culpa muere que nadie le llore”

Adelina GN

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EL COLUMPIO

Marta miraba a su hija Hada con orgullo, pronto tendría que decirle la verdad, pero por el momento callaría.
Mientras fuese una niña no la atormentaria con aquella historia del pasado.

Era tan personal e involucraba a tantas personas, que prefería guardar silencio ya que tenía que ver y mucho con la familia.
Recordaré, se dijo y tomando un álbum de fotografías y mientras Hada hacía su tarea escolar las miraba con ternura.
En ellas se veían dos niñas idénticas, en brazos de un matrimonio con aspecto humilde igual que ellas.
Aquel recuerdo fue más allá de la imágen que recreaba su pensamiento.
Viendose de niña jugando en el parque al lado de aquel columpio.
Las dos hermanas peleaban por sentarse allí.
Cualquiera de las dos podría haber sido quien sufriese la desgracia, pero en aquella guerra infantil ganó Hada.
Marta llorando se apartó del columpio sentándose al lado de su abuela, que sin preguntar dónde estaba la gemela la abrazaba consolandola.
Hada pidió a un señor que se acercó al verla sola que la empujase, que fuese fuerte, quería llegar hasta el cielo. Y así aquel hombre lo hacía, lanzándola con fuerza y cada vez que la recogía en aquel columpio la llamaba hija.
Marta no podía entender, una hora después, cuando su abuela y su madre fueron a buscar a su hermana, que volvieran sin ella y regresarán a casa sin más búsqueda.
Cuándo volverá mi hermana, recordaba Marta, que preguntaba todos los días.
Pero nadie le respondió nunca, ellos dijeron que se la habían llevado a la fuerza y la buscarían durante meses, pero jamás la tristeza se hacía presente en sus padres, cuando la policía venía con negativas respecto a su desaparición.
Qué inocente fui entonces, habló en voz alta llamando la atención de su hija, que se acercó preguntando. No es nada hija, cosas de mamá. En aquel momento la instantánea cayó al suelo siendo recogida por la niña, jugando con ella la miró y exclamó… ¡Dos niñas idénticas! ¿Quiénes son mamá?
Mi hermana y yo cariño, mejor dicho tu tía Hada, mi gemela.
La niña siguió preguntando y Marta le tuvo que contar la historia hasta ese punto en el que quedó cuando se le escaparon las palabras.
Después de aquella pequeña explicación volvía a pensar, pero esta vez apretó la boca, en lo inocente que fue cuando en todo aquel tiempo no se habló de su hermana. Y lo bien que llevaban la economía en la familia. No le faltaba un juguete, ni un vestido nuevo, pero después de los años ya supo que habían vendido a su hermana.
La tristeza iba apoderandose de Marta por momentos, tenía muy presente el movimiento de aquel columpio y que hubiese pasado si la ganadora de aquella discusión infantil hubiese sido ella.
¡Mamá! La nombró la niña.
Sentándose en sus piernas.
Háblame de la tía, nunca lo has hecho mamá.
Marta comenzó a ponerse nerviosa, todavía no era el momento, era pequeña para asimilar la historia, no debía de contarle aquello que ocurrió, pero con mucha delicadeza empezó a hablarle de su hermana Hada a la niña. Evitando descubrir ciertos puntos y dejándo el relato en el del columpio.
A partir de aquella tarde no hubo tarde que Hada no le pidiese a su madre que le hablase de su tía, la que se llamaba como ella y la que había desaparecido a la edad de siete años, los mismos que ella estaba a punto de cumplir.

Aquella mañana Marta se levantó de la cama sin descansar, le había dado tantas vueltas a una cosa que era necesario hacer que no había podido dormir.
Mientra desayunaba, la niña se despidió de ella para irse al colegio. Esperó a ver como cerraba la puerta y hasta que no confirmó mirando por la ventana que la niña estaba en la parada del autobús no descolgó el teléfono.
Marta tuvo una larga conversación con alguien al otro lado y colgó confirmando una cita en el parque.

Habían pasado ya unas semanas desde aquella llamada y esa se celebraba el cumpleaños de Hada.
Cuando la fiesta terminó, Marta estaba triste, Hada no sabía que le pasaba y le preguntó, no recibió respuesta alguna, tan solo le dijo que a pesar de estar cansada quería ir con ella al parque. La niña se sorprendió, no era costumbre de su mamá ir allí. Pero no había duda de que la acompañaría, tenía que obedecer era ya una señorita que había cumplido siete años y no podía negarse.
Fueron paseando, no estaba muy lejos de allí, al llegar Hada se soltó de la mano de su mamá y fue directa al columpio que por como se movía parecía haber sido usado.
Marta se sentó en el banco, su semblante era de pena, su corazón se aceleraba cada vez más y Hada entonces le pedía gritando que fuese a columpiarla.
Mientras su mamá se negaba con una media sonrisa, comenzaron a empujar el columpio mientras le decían ¿Quieres hasta el cielo?
Y cuando volvía éste y la recogía, terminamaba diciendo, hija.

La tristeza de Marta no era para nada infundada, una gran madre había vuelto después de siete años a recoger a su hija.
Habían pasado muchos años cuando después de mucho indagar encontró a su hermana gemela, entonces no podía volver al que fue su hogar ni tampoco al que la compró pues tenía un bebé, por lo que dejó a su hija con su hermana Marta que la crió para devolversela, cuando ésta tuviera mejor su vida.
Casualmente en el mismo lugar y en el mismo columpio donde desapareció.

©Adelina GN

 

 

EL CUARTO OSCURO

Era una experiencia nueva, nunca antes había estado allí, parecía que estaba en la entrada de una cueva siniestra. Mi corazón entonces latía con fuerza, tenía miedo, pero no podía perder aquella oportunidad. Tras aquella puerta entornada una cortina poco estética, negra como el propio recinto que iba a habitar por unas horas, esperaba ser apartada. Y así lo hice, pasé a su interior, una luz roja color fuego custodiaba a la tenebrosa oscuridad.

Mucho era el tiempo que había esperado, para realizar aquello y comencé con el experimento hasta entonces negado a mi afición.

Me coloqué los guantes, vertí los líquidos en las cubetas e introduje en ellas todo el material que la fiesta infantil me había proporcionado. Por un momento me asusté, me parecía que alguien me observaba, me di la vuelta, pero no, el gato de mi amiga se había colado en la habitación.

Era curioso, el olor de aquel cuarto me daba alergia, estornudaba y un escalofrío recorría mi cuerpo. Por un momento pensé en salir y dejar todo a medias, pero por suerte todo volvería a ser como antes, no volvería a disparar de aquella forma, ni haría falta un cuarto oscuro para darle vida a mis vivencias. Al terminar el tiempo de espera me asomé a una de aquellas bateas donde sumergí a la niña, era asombroso como volvía a aparecer ante mis ojos y como se movía, se asemejaba un milagro. Aunque cuando fui a sacarla de allí para colgarla y que se secase, mi semblante palideció, mis ojos no daban crédito a lo que estaba viendo.

¡Aquella fotografía no era la que yo había tomado! En lugar de la niña de la fiesta, a la que fotografíe sonriente y con aquel osito de peluche en brazos. Aparecía en ella una fantasmagórica niña enlutada, sosteniendo en sus piernas un cráneo cadavérico.

Estampa aquella que tardaré mucho en olvidar, aquel suceso me marcó para siempre, dejando para otros lo de revelar en el cuarto oscuro.

¿De dónde salió aquella imagen? Fue algo inexplicable y misterioso. Pero todo tenía que ver con aquel cuarto oscuro. Lugar, del que años después averigüé que en él había muerto una niña en extrañas circunstancias.

Adelina GN

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MIEMBROS

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Sobre el volante y pegada a el miraba el escenario fantasmagórico que la avería de su auto, había hecho que casualmente tuviera que parar allí y cerciorarse de lo que veía…

La luna quedaba dibujada sobre la torre más alta de aquella colina, las ramas de los árboles y las sombras cubrían de misterio aquel pantano seco por la falta de lluvias. El viejo motel de carretera, estaba aún muy lejos, era el único habitáculo cercano que en el pueblo habían informado a Enri que encontraría, y que veía ahora reflejado en el mapa de su GPS…

Lastima que aquel percance la dejase a unos cuantos kilómetros del lugar que en realidad le podía dar satisfacciones, donde pretendía pasar unas merecidas vacaciones, aunque la verdad sería otra sin duda alguna…

La muchacha venía de la Capital, y había elegido aquella parte del bosque porque en su casa siempre sus padres le hablaron muy bien de el, diciéndole que algún día tenía que visitar el maravilloso lago y la sierra de aquella parte del condado, que a pesar de mostrarse lúgubre durante la noche, por el día tenía un aspecto muy vivo…

Enri no entendía aquel interés, ya que sus padres eran de adopción y siempre le habían dicho que ellos pertenecían a un pueblo del Sur, no del Norte donde cada año le insinuaban que sería el mejor lugar de destino para sus vacaciones. En realidad toda aquella parte era preciosa, exceptuando que al llegar la noche como en todo lugar, pero allí parecía que más, todo se cubría de un manto de misterio y de historias de crímenes.

De hecho, se percató del cartel que presidía el camino que la llevaría a su destino y donde con escasa luminosidad se leía en el… “Motel”

Enri comenzó a caminar, la sequedad de la tierra árida se escuchaba bajo sus pies, el viento movía la maleza seca, el propio entorno era tétrico, como sacado de una película de miedo. La chica abrigó su pecho con sus manos y le pareció ver a lo lejos, casi a la salida de aquel sendero unos brazos que salían de aquella espesa broza…

Pensando que todo era cosa de su imaginación, apretó el paso y dejó atrás aquel tramo del sendero, pero cuando llegó a ese punto sintió como si algo le rozaba las piernas, no pudo ver nada porque sus ojos permanecían cerrados. Una vez fuera del lugar no quiso darse la vuelta, ya estaba fuera del bosque, aunque la sensación de miedo seguía envolviéndola… Viendo una casa que estaba solitaria a unos cuantos metros antes de llegar al lugar donde se hospedaría…

Al llegar a la casa aquel estropeado jardín le parecía familiar, el columpio que se balanceaba solo, la invitaba a sentarse en el, pero desistió al sentir un escalofrío que le recorrió todo el cuerpo… Llamó a la puerta, tardaron en abrir, pero la recibieron con suma galantería…

La anciana que le abrió indicó muy amable que se sentase a la mesa y que la cena estaría enseguida, en aquella vieja casa todo funcionaba como en cualquier familia, le extrañaba, pero aceptaba sin saber el porqué, la madre y el hijo, que llegó luego, hablaban como si la conocieran, acompañando sus frases con el calificativo de hija.

Aquel joven que tan solo tendría un par de años más que ella, vestía desaliñado, con un mono de trabajo, completamente lleno de grasa a pesar de que no se veía mucho movimiento de trabajo en aquel lugar.

– Pero en fin, pensó ella, total mañana estaré en mi verdadero lugar de vacaciones, y nosotros pensamos ahora al respecto, ¿será así o simplemente lo pensó ella?

Al terminar la cena el joven insistió en que le acompañase, se veía osado y con tremendas ganas de entablar una conversación, pero ella estaba convencida de que allí donde la llevaba, no se le había perdido nada, y se lo dijo, he pasado mucho miedo y no pienso volver allí. Sin darse cuenta que su madre le hacía una serie de advertencias a espaldas de ella. Esa noche Enri se sintió observada, le daba la sensación de que no estaba sola, cada uno de sus movimientos era como ella pensaba, espiado por alguien que se encontraba en la habitación contigua, ya que escuchaba sus pasos y si atendía bien hasta su respirar detrás de la pared, en aquel instante llamaron a la puerta…

Eran la madre y el hijo…

Enri, la llamaron, cuando en ningún momento ella dijo su nombre, no tengas miedo de lo que has visto en el sendero, eres de la familia y ellos son los miembros de la misma, a los que hemos necesitado para sobrevivir, que como a ti te ocurrió tuvieron en su día un terrible accidente, pero ahora ya estas en casa hija…

©Adelina GN

INCÓGNITA POR RESOLVER

Reto – El Maravilloso Mundo de los Libros
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La historia que aquí leeréis es una leyenda, un cuento de miedo contado por los más mayores del lugar, para que los jóvenes atrevidos, no lo fuesen tanto y tomasen precauciones a la hora de circular de noche y con las malas inclemencias del tiempo invernal. El suceso relatado no tiene el mismo efecto que traumatice a quien lo lee, según sea quién lo haga, pero era lo que había aquel día en sus manos, una pequeña novela corta, para más datos de algún que otro extraño caso sin resolver del pueblo…
Comenzó a leer… todo empezaba bien, mientras saboreaba una lata de refresco bien helada, el relato trataba de un accidente en la nieve, muy apropiado ¿no os parece? Sobre todo si miras por la ventana y observamos que la nieve no deja de caer…
Después de haber llegado al punto en que la pareja de jóvenes, se había separaron de sus amigos, y se adentraron en la noche para amarse, conduciendo temerariamente, esperas lo peor y te atreves a saltarte la parte romántica, pues la verdad no te apetece, prefieres llegar a la parte escalofriante de la historia, esa que se vuelve tórrida y espeluznante y que te hace crear la expectativa a lo que lees…
Seguía leyendo y llegaba al punto en que aquellos jóvenes circulaban con su vehiculo, bebiendo y escuchando la música a todo volumen. La lectura hace que imagines y así lo hacía… debía de haber sido horrible, salirse de aquel modo de la carretera, rodeados de nieve y heridos, pero en aquella recta sería fácil que los encontrasen…
Pasó de hoja, tomó la esquina de aquella página y la frotó, el tacto del papel en la yema de sus dedos era algo que le agradaba, comprobando que allí terminaba el relato…
Discrepar un poco del argumento, era lo que hacía ahora, la recta donde sucedió el malogrado accidente y en la que el lector deducía que por su visibilidad podrían localizarlo rápidamente, resultaba ser al contrario, ya que continuó leyendo y en la historia ocurrió todo lo contrario…
Nadie presenció aquel siniestro, heridos pasaron toda la noche a la intemperie, fue al día siguiente cuando a la ausencia de ambos los servicios de rescate en carretera los encontraron… Pero aquí llega lo misterioso… El fenómeno que quedaba escrito para que aquella historia quedase impresa como género de intriga y misterio para todo el pueblo…
Solo aquella mañana fría y nevada en la cuneta de aquella carretera, encontraron el cuerpo calcinado del conductor, del acompañante no había ni rastro, solo hubo un entierro en el pueblo, jamás hallaron a nadie más, para todos aquella sería una incógnita por resolver…

Mientras tanto nuestro ávido lector daba vueltas sobre lo que había leído, comprobaría que el lugar donde disfrutaba de aquello que le entretenía cerraba para el descanso del personal, cerrando el libro y depositando la misteriosa lectura en la mesa, lugar donde lo había encontrado y que era el adecuado para ser fácilmente leído en aquellos días de tormentosas nevadas…
Seguro que al regresar a casa tomaría un café y escucharía algo de música para no pensar en la historia, creo que es lo que solemos hacer cuando algo da vueltas en nuestra cabeza… Imaginar lo que estaba pensando… ¿tomar un atajo? Estáis en lo cierto; Pero…

No tenía otra alternativa, debía tomar aquella ruta siniestra si quería llegar a casa a tiempo. La nieve bloqueaba todos los accesos a la ciudad, y el mal tiempo no favorecía la conducción por ninguna otra carretera, todo iba bien, había puesto música antes de la recta maldita de la cual contaban la historia…
La visibilidad era casi nula por lo que conectó las luces largas de su automóvil, haciendo que los potentes faros iluminaron todo el arcén, circulaba despacio, recordando la historia que había leído, cuando de repente apareció… probablemente salió de la cuneta, la observaba mientras avanzaba… y allí de pie estaba… estática… aquella figura humana no se movía… Mientras cada vez estaba más cerca de ella…

Ahora también la incógnita estaba por resolver…

©Adelina GN

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