JUSTICIA ES MUJER

Relato presentado y rechazado. Comentario sobre el mismo al final de la entrada.

JUSTICIA ES MUJER

Era temprano, la poca claridad que veía por la ventana de aquella habitación lo predecía.

Irene se había citado allí en aquel hotel tan céntrico por miedo, no tenía ninguna confianza en él, pero su inestable situación, con un niño a su cargo la hizo acudir a la peligrosa cita con Luis.

Esperaba que cuando él saliese del baño le aclarase todo lo que habían hablado esa noche y que como siempre desembocó una pelea.

-Buenos días -le decía Irene, mientras seguía sentada en el sillón donde parecía había pasado toda la noche.

Al saludo de la mujer, él hizo oídos sordos o era que su educación no estaba ayudando demasiado a la armonía entre ambos.

Luis se había duchado y se empezaba a vestir sin mirar tan siquiera a Irene.

Encendió el televisor, prestando mucha atención a las noticias que daban en aquel momento.

Enfadada Irene, se puso delante y alzó la voz preguntando el motivo de su conducta. Viendo asustada que se levantaba e iba hacia ella, cuando en el mismo instante sonaba en el altavoz de la estación de tren la llegada del expreso.

Luis pasó por delante de ella ignorando su presencia, cerró la ventana y se sentó en la cama mientras subía el volumen.

Con más motivo Irene, lo recriminaba, preguntándole qué le pasaba y el motivo que tenía para hacer caso a la televisión y nada a ella.

En aquel momento daban una noticia, la locutora del noticiero comenzó a decir…

-Ha sido encontrado el cadáver de una mujer, en el complejo hotelero “La Estación” Mostrando signos de violencia, por lo que la policía deduce que se defendió en la pelea…

Ya no quiso escuchar más, se asomó al baño y vio la ropa ensangrentada dentro de una bolsa.

Luis seguía escuchando la televisión y fumando un cigarrillo que consumía en cada calada.

-Qué has hecho Luis, la has matado tú -él seguía sin mirarla…

En ese momento Irene, alargó el brazo y le puso la mano sobre el hombro. Lanzando un grito aterrador al ver que le faltaba una uña. Y Luis continuaba con su ignorancia hacia ella.

En la pantalla del receptor se mostraba en aquel momento la imagen de la mujer asesinada, en un faldón se leían las iniciales IGN y una fotografía del lugar donde se había encontrado el cuerpo sin vida.

Ella misma se daba cuenta de que no estaba allí, que la muerta era ella, pero…

Aquellos hoteles eran iguales, entre ellos no habría muchos sospechosos. Era un complejo en el que había cuatro edificios de pocas habitaciones, por lo que pensar algo para que Luis, no saliese victorioso de aquel asesinato, sería fácil.

Pero qué podría hacer, había visto que no podía tocar nada, ni tenía fuerza para abrir una puerta. Al darse cuenta de que estaba muerta, intentó sacudirle y fue imposible.

Luis se quedó dormido, Irene se recostó a su lado, intentaba pensar, ahora se daba cuenta de que lo único que quería era matarla y así lo hizo. Pero viéndolo ahora de espaldas veía que ella también le había dado su merecido.

Mientras tanto la forense que practicaba la autopsia a Irene, anotaba que al finado le faltaba una uña. Y también que entre las que aún tenía, había rastros de piel humana.

La piel fue analizada y contrastada con los datos informáticos de la policía, dando pistas para descubrir al asesino de la mujer del hotel.

Horas después Luis, se disponía a abandonar la habitación, de nuevo encendía la televisión que volvía a coincidir con el típico sonido de la estación de trenes que quedaba cerca.

Las noticias entonces hablaban del tiempo, llovía y hacía un temporal atípico de aquella estación del año.

Cerró la puerta dando un último vistazo a su entorno, no podía permitirse el lujo de dejar pistas, a pesar de que allí no cometió el crimen.

Bajó las escaleras que le separaban de recepción y acercándose despacio hasta el mostrador tocó el timbre. Alertando así a la joven que atendía allí como recepcionista.

Irene se encontraba allí sentada en el sofá negro que adornaba la estancia, nadie la veía, pero aquellos cojines blancos volvieron a su forma habitual cuando se levantó al ver entrar a la policía secreta.

Luis estaba todavía esperando e hizo el ademán de salir corriendo, pero no lo haría, esperó a que el agente le hiciese unas preguntas, las que negó radicalmente.

-Lo voy a detener por la muerte de la mujer encontrada ayer en los aledaños del hotel.

-Yo no he hecho nada, quiero un abogado, no pueden detenerme sin pruebas.

Aquella corta conversación entre los dos hombres sería breve, ya que la recepcionista salió de allí dentro y preguntó, mirando el libro de registro…

-¿Señor, la señorita se queda?

En ningún momento la joven había visto que su cliente iba a ser detenido, ni tampoco que estaba solo, pero por alguna extraña circunstancia, formuló la indiscreta pregunta.

Luis vio truncada su escapatoria del asesinato por celos que había cometido e hizo el intento de salir huyendo.

Otra vez estratégicamente la energía fantasmagórica de quien venía haciendo inútil, desde hacía un buen rato, la inocencia de Luis, obró una singular magia.

Dejando a Luis, tambaleando cuando el jarrón dio de lleno en su cabeza, cayendo de forma emblemática sobre su pecho las flores de color violeta que lo adornaban.

Todos los presentes se quedaron atónitos, era increíble lo que había pasado, nadie llegaba a entender como el adorno floral voló hasta la cabeza de Luis, impidiendo su huida.

“Una semana después”

Desde aquella mañana Luis, había permanecido preso, las investigaciones seguían, necesitaban esclarecer la causa de la muerte de Irene. Tratando de hacer lo propio, el inspector de policía pedía una nueva autopsia al cadáver, algo se les había pasado la primera vez. Consiguiendo aquello se sabría la verdad. Era algo que desde un principio pidió y ahora lo conseguía.

-Gracias por concederme la oportunidad -esa era la respuesta al interlocutor que estaba al otro lado del teléfono por parte del inspector.

Mientras Irene, sentada en la esquina de la mesa, de una forma infantil, le daba las gracias y le decía…

-Lo conseguiste, ahora se sabrá toda la verdad y yo me podré marchar.

La volvían a ignorar, pero ahora ya le daba lo mismo, pronto juzgarían a su asesino, lo iban a encerrar y no le haría daño a ninguna otra mujer.

Faltaba una única prueba que lo condenaría, era la cruz que en el momento de la pelea y antes de que Luis, le pusiera la almohada en la cara para asfixiarla, ella se metió en la boca.

Una cruz esmaltada con la inicial de su nombre y que para hacer justicia ella tragó deliberadamente.

Adelina GN

Estos son los comentarios que dan fuerza para seguir aprendiendo.

Gracias Gracias Gracias

Te animamos a que sigas escribiendo porque tienes ideas muy interesantes, pero, lamentablemente, no vamos a poder incluir tu relato en nuestro proyecto.

Quizá en otra ocasión. Muchas gracias de nuevo por tu interés.

Un abrazo

LA ALIADA

LA ALIADA

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LA ALIADA

Creía en aquel premio, cuando la noche llegaba era para él, el momento más preciado.

Las oscuras calles alumbradas con sus candilejas, compartían la diferencia y quitaban su miedo.

Provocándose a sus victimas la muerte o una secuela psicológica de por vida.

Ocultaba su rostro bajo el sombrero, una gabardina usada que lavaba a diario sin dejar rastro ni huella alguna de lo acontecido la noche anterior.

La silueta camina despacio, a su paso encuentra el burdel adecuado, en él entrará, buscando su presa, pero antes pasea su mirada por la barra del antro y allí estaba. Era joven y apuesto, estaba bebiendo, aquello facilitaría su intención de llevarlo hasta un lugar más tranquilo y allí…

Pero no quería adelantar acontecimientos, se acercó y entabló una corta conversación.

-¿Hola, estás sólo?

La contestación de aquel joven no se hizo esperar.

-¿Claro, salimos?

Fue fácil, el muchacho le acompañó hasta la calle, una vez allí víctima y verdugo se confundían en las sombras de aquel callejón.

Ninguno pronunciaba palabra, a no ser que el joven entendiese, moriría.

Aquéllo era lo que ocurría cada noche, el misterio estaba en la victima.

Ahora él, le invitará a volverse de espaldas, se abrirá la vestimenta e intentará aprovecharse del joven.

En un nivel poco ortodoxo todo aquél que caía en su juego era sometido a la penetración forzada.

De acceder a sus impulsos no había mayor delito, de no ser así y oponiéndose a su vicio, el asesinato era evidente.

Nadie que sobrevivio a sus acosos llegó nunca a denunciarlo. Seguía actuando y en el peor de los casos matando.

La oscuridad era su aliada y la vergüenza de sus víctimas, si no entendían también.

©Adelina GN

EXTRAÑA TELEPATÍA

Secuelas de la pandemia: Relato escrito antes del estado de alarma y que iba a formar parte de un libro de relatos en una editorial.

EXTRAÑA TELEPATÍA
Cómo poder enfrentarse a aquella decisión que cambiaría sin duda alguna su monótona e insostenible forma de vivir…
La perplejidad que causaba aquel rostro desencajado a la vez que triste, y que Irene observaba desde hacía unos minutos, la obligó, a acercarse poco a poco.
Disimuló, sí, solo lo que ella estaba viviendo y sintiendo, le parecía que cualquiera, sin conocer nada, iba a compararlas.
Está bien, fue la expresión mental que Irene se hacía al leer en la ficha informativa del cuadro, que la mujer retratada ya había fallecido.
En muchas ocasiones mujeres con problemas y muchas necesidades, se prestan para esos servicios de modelos, por un módico precio. Y siempre para esos pintores a los que otra esfera de artistas no los consideraba como tal.
Determinar aquellos datos que identificaban a la dama triste, le aseguraban poder luego buscar sobre su pasado, sabía por la expresión de sus ojos, sobre todo, que la tristeza envolvía su historia, de igual modo resultaría de ella misma, si quisieran plasmar en aquellos instantes la agonía de su mal herido corazón.
Seguía mirando y fijándose, aquel rostro le hablaba: Celos, desconfianza, qué sería, quería averiguarlo, era notorio que Irene se veía en ella…
Toda vestida de blanco, un ejemplo calcado al de ella en la noche Ibicenca en la que conocer a Gus trastocó sus sentimientos.
Su motivación por la vida ya no era la misma. Creció como las olas en un mar revuelto, llegó hasta un universo desconocido.
Y después… después de enseñarme que era la vida y el amor, me enterró en un hoyo lleno del lodo de la indiferencia.
Del que ahora no puedo salir… Se decía Irene sin apartar los ojos de los de la dama de blanco del cuadro.
La mañana había sido interesante, Irene salió de su casa sin desayunar, en su rostro la añoranza de aquellas veladas en las que la princesa sonriente y feliz fue ella. No había ninguna duda, su idéntico semblante encontró en aquel lienzo, una tela pintada, absorbida de melancolía.
Parpadeó un par de veces antes de, con los ojos cerrados, darse la vuelta.
No te alejes, es necesario que sepas…
La misma acción y aún con los párpados ocultando la luz de la sala, Irene retrocedió…
Intentaba descifrar aquel mensaje que su mente le mostraba, era ilógico, no podía decir que el cuadro le hablase, pero la triste pintura le expresaba con una extraña telepatía su ya longeva soledad.
Miró fijamente, volvió a acercarse… ¡La tela sudaba!
Registrando la habitación, Irene comprobó que se encontraba sola en aquel preciso instante…
Fui sometida a una libertad limitada. Una cárcel que vi abrirse un día por casualidad.
En la cabeza de Irene, seguían resonando aquellas lamentaciones, ahora sabía que no las estaba imaginando, que eran una realidad predispuesta.
¿Me escuchas?
¡Sí! Gritó Irene, mirando a los ojos de aquella que un día posó para quien la estaba pintando.
¿Pero, no sé, qué estoy haciendo? Sin abandonar la idea de qué estaba perdiendo la cabeza, le contestaba.
¿Qué es necesario que sepa? Siempre que se dirigía al retrato lo hacía en silencio, visualizando el rostro triste y escuchando atentamente sus pensamientos.
Fui una niña feliz, una buena hija y una hermana comprensiva. Con pocos menos años que aquí donde me ves retratada. Mi novio, el hombre que me robó parte de mi juventud e ilusiones, tuvo que dejarme para unirse a mi hermana mayor. Ella cumplía con el rol de mujer más madura para casarse con él…
Me cuentas esto por algo ¿verdad? Preguntaba Irene, sin verbalizar palabra.
Claro, las conversaciones no tienen sentido si no responden a un motivo.
¿Estás triste? Te diré que es lo que puedes hacer para encontrar la felicidad.
¿De verdad? Es contradictorio que tú me digas eso, cuando no eres el vivo retrato de la alegría.
Delante de mí el apuesto pintor plasmaba la tristeza de mi desamor, con aquellos pinceles sin colorido alguno. Después de las primeras sesiones cada uno se iba por su parte, pero el destino quiso que una de aquellas tardes, nos conociéramos de forma muy interesante.
Nada de lo que piensas te pone en lo cierto de cuál era mi tristeza.
A partir de aquel instante quedé envuelta en una eterna soledad, había perdido a un hombre y ahora perdería el amor, sería feliz hasta que la enfermedad que él sufría me lo arrebatará.
Señorita, tiene que abandonar el recinto, vamos a cerrar.
Escuchaba Irene, que estaba embelesada con lo que su pensamiento le estaba diciendo.
Me tengo que ir, ya has visto que me echan, pero mañana volveré, por lo que estoy escuchando, tenemos mucho en común.
Tu tristeza no tendrá nada que ver con la mía, pero podré ayudarte.
El celador se entretenía mirándola extrañado e impaciente por cerrar el museo.
Fue muy interesante, salía diciendo Irene, era una lástima, se seguía diciendo, no haber aprovechado más tiempo escuchando a aquel retrato titulado “Dama triste”
¡No estaba triste, estaba feliz, solo que ya sabía que pronto me quedaría sola!
Sus pasos se detuvieron, cómo podía ser, ya no estaba en el recinto, ni tenía el cuadro delante. Qué insólito diálogo había mantenido…
Estaba cerca de su casa, pero sus pensamientos no la dejaban llegar, con quién habló en todo aquel tiempo…
Y volvió a escuchar dentro de su cabeza, para qué nadie escuchase o tal vez para no perder ninguna de aquellas frases, que le ayudarían para llegar a ser feliz…
“Todo en la vía hay que vivirlo, lo bueno, lo menos agradable, estás con vida, para que perderte nada. Todo enseña, todo hace feliz”
Irene se sentó en un banco del parque, desde allí veía a lo lejos el museo a su derecha, y enfrente de ella su casa. Recapacitó y se levantó de allí diciendo en voz alta: Tengo que rehacer mi vida, estás en lo cierto, se puede ser feliz y estar triste, pero nunca la tristeza podrá destronar una felicidad plena.
Así es, se feliz cada momento, cada instante, cada minuto vale la pena vivirlo, aférrate a él…
Imposible apartar aquella dulce voz que de sus pensamientos salía, evocando frases de ánimo y reflexiones de esperanza.
¿Quién eres preguntaba ahora Irene? su corazón se aceleraba, tenía que ver a Gustavo, no podía permitir que otro día se fuese al trabajo sin verlo.
¿Soy, qué quién soy, preguntas? La mujer del cuadro, a la que tú has querido parecerte. Una joven con problemas, pero que en uno de aquellos momentos de felicidad supieron transmitir la tristeza que sentía. Mi pintor al contrario estaba triste sintiéndose en ese momento feliz por su obra bien hecha.
Es cierto, se dijo Irene, he querido ser una copia tuya, alguien a quien creía infeliz, porque yo misma me sentía de ese modo…
No quiero, no volveré a pretender que la tristeza se apodere de mí. Eres una buena recomendación volveré a visitarte…
Subió hasta su puerta, sacó la llave, pero no la utilizó, llamó y Gustavo le abrió. Antes de que él al ver que era ella, volviese a adentrarse, lo cogió del hombro y se colgó de su cuello.
Te quiero, le decía…
Sus ojos mostraban la emoción y la alegría de poder volver a pronunciar esas palabras.
Los meses siguientes y con aquella filosofía de vida que Irene había adoptado, su relación iba sobre ruedas. Nada se podía comparar con la agonía anterior de unos días de sufrimiento debido a que su vida no encontraba acople con sus enfermizos celos.
Solo le valió una visita al museo de pintura de su barrio, para recapacitar de que la vida es para vivirla.
Estar pendiente de otra historia, condicionaba la suya propia. Sus días tenían luz, afrodisíacos momentos que no dejaría jamás que pasarán sin sentirlos.
Aquella mañana el sol no podía estar más radiante, los dos paseaban por aquellas calles llenas de historia. Irene con un gesto cariñoso jaló de Gustavo y lo introducía en el recinto del arte casi de un empujón.
Le gustaba aquella galería, muchas tardes se acercaba y reflexionaba delante del lienzo de la dama triste…
Gracias por venir hoy con él
Irene después de mucho tiempo volvía a atender lo que sus pensamientos le decían.
Vuelve ese diálogo, qué puede ocasionar que me hables…
No te preocupes pronto terminará.
Esta y no otra, es la forma de qué Gustavo, conozca a su madre.

Adelina GN

DESOLACIÓN

DESOLACIÓN

DESOLACIÓN

Nadie me iba a creer por tanto escribí un relato, algo que contrastase la verdad con la irrealidad vivida por mí.
No quiero que nadie me crea, por eso cuento los hechos, igual que se cuenta una historia ficticia, un relato que aún faltando a la verdad llega a ser tan creíble como la propia realidad…
Todo estaba preparado de la noche anterior, seguro sería un hermoso día, uno de aquellos días que se guardan en el recuerdo.
El sol brillaba en lo alto de la colina y una primaveral brisa nos llenaba de sensaciones.
Tiré de la sábana, dejando al descubierto el cuerpo dormido de Pol. Me quedé observándolo, su piel blanca y suave me estaban excitando. Pero no era el momento, teníamos que ir a la playa, estaba todo preparado.
En ese momento me levanté dejando caer la parte de la tela que a mí me cubría, así que mi cuerpo quedó desnudo frente a sus ojos, que se abrían en ese instante.
Me pidió que me acercase, le dije que no, que al regreso, entonces era cuando íbamos a disfrutar de aquel momento, que sin querer, yo, alimente al apartar la ropa de cama del cuerpo de Pol.
Poco después estábamos en carretera, haciendo rugir el motor del automóvil que hacía muy poco nos habíamos comprado. Para ello sirvieron los ahorros de la boda ya que no nos llegamos a casar, las circunstancias lo habían querido así, eso y sus padres, claro. Diciéndome que borrarse aquellos recuerdos de mi mente y disfrutase del día de playa.
Con el brazo sintiendo el viento y la velocidad, Pol se arriesgaba emocionado apretando el acelerador. Cien, ciento veinte… y no quise mirar más…
De pronto aquel pájaro se estampó en la luna y el volantazo fue terrible, hasta el punto en el que el automóvil quedó con el techo en el suelo.
Miré hacia Pol y me sonreía, no sabía que ocurría, solo que cerré los ojos un instante y desperté en la cama con él…
Dios mío todo había sido un mal sueño, Pol aún dormía, tiré entonces de la sábana y lo dejé al descubierto. Me levanté y de igual modo que en el sueño dejé mi cuerpo al desnudo. Él me miró y me pidió que fuese a su lado, recordando el sueño y el accidente, no me lo pensé, me acosté…
Sus manos recorrieron mi cuerpo, las mías lo median palmo a palmo, gozamos como nunca lo habíamos hecho. Sin dejar nada para luego, sin posponer nada para otro momento. Nos amamos sin precedentes…
Quedando tendidos en la cama exhaustos, escuché un sonido, unos pitidos me hicieron volver la cabeza y abrir los ojos…
Viendo que estaba un gran número de médicos quise preguntar, pero no pude, frente a mí estaban mis padres y los suyos, aquello ya no era normal, ya que no se hablaban entre ellos, ni con nosotros.
Por momentos mi mente voló hasta los días del conflicto, mi vida pasó como si fuese una película por delante de mis ojos. La crueldad que tuvimos que vivir se apoderaba de mí angustiándome, hasta el punto en que quise saltar de la cama y buscar a Pol.
Volví a la posición horizontal que estaba, me ayudarían a calmarme inyectando en una de aquellas vías que llevaba en el brazo algún calmante, ya que comencé a relajarme, preguntando por Pol en cada uno de mis parpadeos.
Mis ojos se cerraron del todo, pero…
No me había dormido, cuando escuché hablar… Cuando despierte, habrá que decirle que su chico murió…
Abrí los ojos como platos y pese a la entubación, en mi mente grité su nombre.
Frente a mi desolación, alguien me tomó de la mano y soltando una penosa lamentación, dijo, pobre chico, a ver cómo le decimos que su chico ya no está.

Adelina GN

UN CIRUJANO OBEDIENTE

UN CIRUJANO OBEDIENTE

Era la última revisión después de la complicada operación. Mi primera visita fue al centro, aquellos grandes almacenes me estaban esperando. Era libre, ahora ya no tendría que esconder mi malformación facial que afeaba mi rostro. Voy entrando en él y es escalofriante, al poner el pie en la escalera mecánica, recuerdo el día que Pol tuvo el accidente. Fue lastimosamente una fatalidad aquel percance que le costó la vida.
Me llevo la mano a la cara, noto algo extraño, pero no noto nada, algo sensible tengo la piel, aunque es pronto, es la primera luz que roza mi rostro, en fin, intentaré no obsesionarme.
Miro enfrente y otra vez los recuerdos, la joyería, dónde si no podría haberme comprado el diamante, allí, el más caro el que le pedí…
Dios, Pol era un rico asqueroso, tremendamente baboso adinerado, lástima que mi paraguas se cruzase con sus piernas aquel fatídico día.
Todo fue un accidente, nadie me pidió cuentas, cómo iban a hacerlo. A la esposa? Una jovencita con la cara marcada? Pues no señores, fui la viuda apenada…
¿Pero qué es esto? Lo que pensaba que era sudor está resultando ser un líquido viscoso que sale de mi piel.
El médico me dijo que estaba todo bien, no lo entiendo, Artur era el mejor cirujano de la ciudad y amigo de Pol…
Después de heredar su imperio, me reí yo, él ya no podía burlarse de mi cara rasgada como decía con ironía, negando su dinero para arreglarla…
Mientras yo viva no te operas, solo de éste modo me serás fiel en vida y puede que después de muerto.
Aquello solo se lo creía él, teniendo su dinero haría aquello que yo quisiera…
Estaba incómoda, no dejaba de tocarme y ensuciaba mi piel, entré en el lavabo, para ver qué ocurría…
¡Socorro! ¡Qué era aquello!
Tenía toda la piel enrojecida, y agrietada por donde rezumaba aquel líquido viscoso…
Seguidamente por donde me había retocado, la carne comenzaba a transformarse en una masa gelatinosa…
En aquel instante por los altavoces del centro comercial avisaban del cierre…
Y mi teléfono móvil sonaba, no acertaba a contestar, ya parte de mi pómulo había caído y se encontraba en la grifería…
¡No me digas eso!
Ten compasión, no puede ser cierto lo que me estás diciendo…
Era Artur quien me hablaba…
Perdóname Julia, tan solo cumplí órdenes de Pol, me dijo que si le ocurría algo y me pedías que te operase que hiciese lo posible para que nunca pudieses serle infiel…
¡Nooo!
Adelina GN

ESPECIAL SAN VALENTÍN/Musas literarias

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AUTORA: Adelina Gimeno Navarro
TITULO: TE QUIERO
Aún no ha amanecido, el día de los enamorados no ha despertado todavía, pero siempre lo hemos dicho. Aunque estuviésemos separados nos íbamos a escribir siempre.
Y aquí me tienes amor mío, un día más, otro año comprometiéndonos con nuestro querer. Para qué, para que no muera, para que viva en nosotros, en nuestras letras.
Puedes creer que ya estoy deseando leerte, pero para ti aún es pronto, sigues dormido cariño. Lo sé, mi necesidad por escribir siempre te ha obligado a replicar mis letras.
Deberíamos de patentar este modo de comunicar los sentimientos, es fiel y no se puede rectificar. Así lo hacemos y siempre lo hemos hecho amor, también sé que la distancia no es el olvido, la prueba, nosotros.
Esta separación forzosa nos obliga a querer que nos digamos te quiero, que nos esperemos el uno al otro. No queda otra, cariño, el amor de verdad es así, sufrido, cómplice de dos.
Un día el destino se sinceró con nosotros, el sino de nuestro amor habló y así lo hizo, con letras, con nuestras cartas, con las mías las que no lees y con las tuyas, las que escribes con el corazón.
Hoy voy a ir un poco más allá, al escribirte, de cualquier modo, me sirve de terapia. Terminaré y la guardaré en el cajón de mi escritorio, iré a tu habitación y con cariño te despertaré, diez años a tu cuidado, sintiendo el paso del tiempo en mi piel y viendo la tuya envejecer sin que tú lo aprecies.
Es una crueldad, pero nuestro deseo era este, vivir siempre juntos, que ninguno se fuese antes, que ni tú ni yo fuésemos el primero y así está siendo.
Hay que ir con tacto a la hora de pedir, ya que los deseos suelen cumplirse de un modo u otro, para bien y también para mal.
Aunque para ti no tiene nada de malo, pues puedes catalogar cualquier momento en otro espacio tiempo. Sentir frío cuando el día es caluroso y sudar en ese instante en el que los cristales se empañan por el contraste de la temperatura de fuera a dentro.
Pero lo que me gusta, lo que me hace enloquecer de amor, es el momento en el que una vez aseado, sales directo al salón, te calzas tus lentes, y abriendo con elegancia tu cuaderno comienzas a escribir. Incluso antes que desayunar, la musa que sigue viva en ti, te inspira como antaño y dedicado a mí como siempre, me escribes.
Ella no olvidó, te ha sido fiel, bendita la mente que con misterio aún te pertenece, por cuánto tiempo, hasta cuándo…
P. D:
Me miras, sonríes, tendiendo la mano, me lo muestras…
Hoy como cada día leo, te miro, dos lágrimas se deslizan por mi rostro…
Creo que nuestro deseo se cumple, está cerca, muy cerca…
Comienzo a imitar tu patrón, pronto será posible estar juntos, espérame, te quiero.
Tu amor

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SERENA

SERENA

SERENA
Todo comenzaba igual que muchas historias de misterio…
Serena se levantaba del descanso nocturno, un día gris había amanecido y la ya no tan joven mujer, quería dar luz a sus momentos, que no todo fuese oscuridad en su historia ¿lo conseguiría? No dejéis de leer que ahora empieza el suspense.
Madrugada lluviosa, aún el sonido de las campanadas resonaba en sus oídos, las risas no cesaban, la ingesta de alcohol en ellos sobrepasaba los limites y la mala conducción de una pareja descontrolada hacía que sus instintos sexuales se desbordasen.
Pol metió su brazo entre las piernas de Serena quien al mismo tiempo intentaba besarlo. Sucediendo lo que nunca debió suceder, ella mareada perdió la distancia de la carretera y acercándose demasiado al precipicio, el automóvil se precipitó al vacío de aquella montaña.
El silencio era aterrador todos la miraban hasta que Pol, él aún no había dicho su nombre, la besó apasionadamente cubriendo su cuerpo.
¡Ya es tuya! Gritó uno de los asistentes a la fiesta.
¡Déjame respirar! Le intentó advertir ella, pero él cargando con su cuerpo la subió a su habitación.
Aquella curva peligrosa y su mala actuación en la carretera los escondían entre los matorrales, una zona solitaria los escondía de la realidad en aquel hotelito de montaña, donde los dos fueron por libre a festejar el fin y comienzo de año.
La tragedia muda como sus víctimas presagiaba no tener salvación, nadie los veía ni nadie podía escuchar su silencio. La causa fue un instante feliz por lo que el accidente no causó estruendo, ni fuego, ni dolor, poco a poco resbalaban sus restos al punto más bajo de aquel barranco.
Pero la vida no había sucumbido a la catástrofe, uno de ellos abrió los ojos, viendo las nubes tan cerca que hasta veía salir de ellas las gotas de lluvia…
Arrastró su cuerpo entre la maleza, zarzas hirientes destrozaron sus ropas haciendo sangrar sus extremidades. Haciéndole pensar que allí sí que encontraría la muerte…
La vida de un superviviente en aquellas condiciones no debe de ser fácil y de hecho no lo fue.
Dejando a la otra víctima en el lugar de los hechos, volvió a la fiesta, se dejó ver, no comentó nada del accidente, culpando a sus heridas de la bebida y a un mal tropezón dado en los aledaños del jardín del recinto.
Los años habían pasado, nunca la persona superviviente escuchó noticia alguna respecto del accidente y es de suponer que no intentó preguntar cuáles fueron las causas, dejando caer un tupido velo al que podía haber sido también el motivo de su muerte.
Serena había tomado fuerzas con el desayuno, no conducía desde hacía mucho tiempo, así que comenzó a andar, le esperaba un largo paseo hasta llegar a la urbanización, el hogar predestinado para médicos, arquitectos y algún que otro artista del mundo musical.
Aún era una incógnita que la dejasen acceder, pero sabía bien el nombre y apellidos del cirujano al que iba a visitar… Doctor Goguet.
Tenía qué… Nada había sido igual desde entonces, dejó de quererse, quiso haber muerto, pero fue muy cobarde. Arropada por su familia, Serena pasó varias veces por el quirófano, pero, como ella misma sabía, nada fue igual, nada sería nunca igual…
Un coche de jardín la paseó por la urbe privada, acercándose despacio a la terraza donde el médico tomaba una taza de café.
Asomado al mirador la llamó…
¡Serena, qué gusto verte! ¿Cómo estás? ¡Cuánto tiempo!
Mientras Serena, articulaba su mano ortopédica para aflojar la prótesis en sus piernas y ponerse, sin ayuda del doctor, de pie…
¡Déjame que te ayude! Le dijo ya estando a su lado.
Fue entonces cuando Serena le miró a los ojos y le dijo: No hace falta, ya han pasado muchos años, y estoy acostumbrada a ellas…
Pero después de todo lo que has hecho por mí no tengo mas remedio que agradecerte tu interés…
A pesar de qué… Podrías haber actuado de ese modo y no haberme dejado abandonada… Pol.

©Adelina GN

LA HABITACIÓN DE ARRIBA

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Querido diario:
Son muchos los días, y alguna que otra noche que escribo en tus páginas. Ellas han recogido siempre mis dudas, mis enfados y todo lo vivido alegremente.

Cuando crecí y llegué a una cierta edad en la que ya entendía lo que me decían. Mi madre, recuerdo que me sentó en una silla, donde me colgaban las piernas, era una niña, pero parecía que ya debía de saber ciertos aspectos de comportaniento.
Aquel día pregunté…
¿Y no debo de entrar?
¡Nunca! Me contestaban rotundamente.
Se sabe que cuando te prohíben algo, es lo que más ganas tienes de hacer.

Pienso en aquellos momentos y apoyando mi mano en la barbilla, modo pensador, sonrío, ya que a pesar de las advertencias de mi madre, subí muchas veces hasta a aquel descansillo.
Desde allí escuchaba pisadas, cada año eran menos sonoras, no tenían nada que ver a las carreras que oía cuando era una niña.
Las noches las recuerdo muy tristes, mi mamá siempre me dejaba para la última, primero daba las buenas noches a mi hermano pequeño y luego se acercaba a mi habitación, me subía las sábanas y me besaba pidiéndome que yo lo hiciese dos veces en su frente. Era entonces cuando se llevaba parte de mi ropa, y me decía que era para lavar.

Nunca tuve intención de desobedecer, pero muchas fueron las veces que me arriesgué y llegué hasta la puerta, ésto nunca lo conté, ni lo escribí en estas hojas que consolaban mis nervios, cuando pegaba el oido y escuchaba aquel respirar tan agitado como el mío.

Sin duda a llegado el día o mejor dicho la noche, ya que mañana descubriré el secreto de que es lo que se esconde trás la puerta de la habitación de arriba.
Y para que quede costancia de lo vivido, lo escribiré como lo he hecho hasta ahora, en este mi diario.

Querido diario:
Eres mi fiel testigo de las confidencias que no puedo contar.
Gracias por escuchar siempre a mi corazón.
Atento a mis dudas, guardián de tantos secretos.
Hoy te quiero confesar aquello que nadie jamás quiso que supiera.
Quizás por evitarme sufrimientos, por ese motivo no guardo rencor, a partir de ahora tendrán mi ayuda, nunca volveré desde aquellos escalones, atrás, porque la actitud es adelante y sin bajar la cara.
Pensando en que si me veían allí y tan decicida iban a amonestar mi curiosidad.

Subí aquellos escalones, mi hermano prefirió quedar medio escondido, no le entusiasmaba mucho ser mi cómplice, pero para mí ya había llegado el momento de saber.
En el descansillo me detuve como siempre hacía, pero con la idea fija de continuar.
Puse mi mano en el pomo de la puerta y me acerqué a ver si escuchaba algo, pero el silencioso momento, paralizó mi acción de abrirla y aceleraba mi corazón.
Como no tenía mucho tiempo, pues mis padres volverían y me encontrarían allí, me armé de valor, que era bien poco, y empujé la puerta después de mover mi mano para abrirla.

Creí que me caía, la persona que había usado mi ropa se encontraba allí delante de mí.
Una mujer tullida me miraba con ojos de dolor, sus pies no acertaban bien para avanzar y su boca babeaba.
Era como mirarme en un espejo maldito, era mi viva estampa, idéntico rostro ambos, diferenciados solamente por aquellos defectos.

Querido diario:
No puedo permitir que mi hermana esté en soledad por más tiempo.
Mañana hablaré con mamá y le diré que permita que mi gemela viva con nosotros.
Hay que avergonzarse de la malas acciones, no de la vida por defectuosa que sea.
No hay mayor defecto que la falta de empatía con los más débiles.

©Adelina GN

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TU CORAZÓN ESTÁ CONMIGO

TU CORAZÓN ESTÁ CONMIGO

Comenzaba a clarear en aquel mi nuevo hogar. Los rayos del tímido sol entraban a la habitación de puntillas indicando que un nuevo día llenaría mi vida. No podía dormir, toda la noche la pasé recordando, para qué quería dormir, si mi descanso pronto sería eterno. Abrí entonces los ojos y cerré la caja de música que apaciguaba mi falta de sueño.
Me preparé el escritorio, la Sra. Pura que compartía conmigo la habitación dormía todavía, escribiría un poco hasta que llegase el enfermero.
Gran joven Arturo, muy dedicado a nosotras en aquella y organizada institución tan avanzada en los cuidados de los mayores. Adultos de avanzada edad que por suerte habían sido declarados consejeros de la humanidad gracias a su experiencia.
Estaba muy ilusionada, mi cumpleaños sería pronto, casi un siglo y gracias a Dios, mi cabeza no me había abandonado. Quien sí lo había hecho eran mis manos y mis pies, mis ojos y mi boca. Aún valiéndome y estando en unas facultades envidiables, me seguía haciendo falta.
Cinco años mi amor hacía que me dijo adiós, pensé que no debía penar, la vida me había enseñado mucho y aunque en la lejanía, mi familia estaba, y era algo muy importante para mí. Sentir que estaban bien eclipsaba cualquier duda para estar infeliz.
Por un momento los recuerdos envolvieron aquella habitación, y lo volví a ver, se acercaba a mí y me tomaba de las manos, arrodillándose y pidiéndome que me casará con él igual que hizo años atrás.
Aquella boda fue sonada le dije a mi recuerdo, sonreí y me puse a escribir. Luego hay gente que no cree en el amor, ni en el destino, siendo que este lo labramos nosotros mismos. Cuando una pareja se da el “sí quiero” después de una convivencia larga y la vida le da salud para celebrar 25 años de casados más, es sin duda un privilegio para el corazón incluso para la mente. Hacerte participe de multitud de acontecimientos que no todos tienen la suerte de conocer y vivir en plenitud.
Recorrí de una pasada aquella etapa de mi vida, sin olvidar las anteriores, que estaban llenas de tropezones, caídas y vuelta a levantarnos. Unos años duros que ahora ya eran ausencia al igual que lo era el hombre que moldeó mi existencia.
La alegría asomaba a mi rostro casa vez que evocaba su recuerdo y es que ya se dice: Nunca muere lo que se quiere. Y yo seguía queriéndolo, sentía sus caricias, la insinuación con la que, y a pesar de mis arrugas me mostraba. Su corazón estaba conmigo, sus palabras siempre habían sido de esperanza. Me regalaba su optimismo, su vivir tranquilo y confiado desterrando toda pizca de desconfianza haciendo frente a las mías. Ahora lo sentía, me acompañaba en la recta final, un camino que haríamos juntos como siempre planeamos.
Cerré la innovadora herramienta que ahora utilizaba para escribir que nada más con el pensamiento y recreando la mirada en las instantáneas que guardaba en ella. Lo que recordaba se iba escribiendo allí para posibles lectores de mi testimonio póstumo.
Las décadas se sumaban a todo, y en el 2059 el año en que nos encontrábamos y cerca de celebrar mi centenario, esta novedad no era la única en nuestras vidas. Gozábamos de grandes avances tanto tecnológicos, como para la salud, comidas que con un poco de ondas se convertían en magníficos manjares, androides que limpiaban, y órdenes autómatas para mil funciones. Con todo eso y gracias a que también las personas aprendimos hábitos más saludables de vida, la longevidad estaba presente entre todos nosotros.
Pero mi amor no estaba conmigo ese año para mi cumpleaños, ni tampoco lo estuvo años anteriores. Cada uno de ellos había tenido un regalo que él dejó dicho que se me regalaste. Ahora, ninguno fue tan apreciado para mí como el primero después de su muerte.
Pura había despertado y Arturo entraba en la habitación, acerté al dejar de escribir, pensé, mientras, el joven asistente me daba las gracias por haberle facilitado el trabajo. Me ayudó F_id le dije, mi asistente robotizado.
Él me acompañaba a pasear, en todo lo que yo quería realizar sola, como entonces que le pedí salir al patio y disfrutar de aquel sol de primeros de enero. “A b r i. g a. t e. mi. vi. da” con aquellas palabras entrecortadas me lo pedía, tomé mi toca y la caja de música, y salimos de allí.
F_id y yo, nos perdimos entre los árboles, nuestro amor estaba rodeado de naturaleza, ahora solo faltaba escuchar su corazón, sentir el sonido de su inmenso amor hacia mí.
Abrí la caja de música y sonó para los dos, aquel regalo no sería igualado, además no quería que me obsequiaran con ningún otro. Quería dejar de cumplir años, quería estar con él ya hasta la eternidad.
La música de aquel cofre me regalaba cada vez que quería, el latido de su corazón, el que la ciencia había conservado y que me fue entregado meses después de que dejase de latir. Hasta ese punto todo había cambiado en mi vida, todo menos nuestro amor.
Me acerqué a F_id y le besé en su frío rostro metálico, mientras las flores eran testigo de sus cálidos latidos, cálidos latidos de un corazón todavía enamorado de mí.

©Adelina GN