Relato presentado y rechazado. Comentario sobre el mismo al final de la entrada.
JUSTICIA ES MUJER
Era temprano, la poca claridad que veía por la ventana de aquella habitación lo predecía.
Irene se había citado allí en aquel hotel tan céntrico por miedo, no tenía ninguna confianza en él, pero su inestable situación, con un niño a su cargo la hizo acudir a la peligrosa cita con Luis.
Esperaba que cuando él saliese del baño le aclarase todo lo que habían hablado esa noche y que como siempre desembocó una pelea.
-Buenos días -le decía Irene, mientras seguía sentada en el sillón donde parecía había pasado toda la noche.
Al saludo de la mujer, él hizo oídos sordos o era que su educación no estaba ayudando demasiado a la armonía entre ambos.
Luis se había duchado y se empezaba a vestir sin mirar tan siquiera a Irene.
Encendió el televisor, prestando mucha atención a las noticias que daban en aquel momento.
Enfadada Irene, se puso delante y alzó la voz preguntando el motivo de su conducta. Viendo asustada que se levantaba e iba hacia ella, cuando en el mismo instante sonaba en el altavoz de la estación de tren la llegada del expreso.
Luis pasó por delante de ella ignorando su presencia, cerró la ventana y se sentó en la cama mientras subía el volumen.
Con más motivo Irene, lo recriminaba, preguntándole qué le pasaba y el motivo que tenía para hacer caso a la televisión y nada a ella.
En aquel momento daban una noticia, la locutora del noticiero comenzó a decir…
-Ha sido encontrado el cadáver de una mujer, en el complejo hotelero “La Estación” Mostrando signos de violencia, por lo que la policía deduce que se defendió en la pelea…
Ya no quiso escuchar más, se asomó al baño y vio la ropa ensangrentada dentro de una bolsa.
Luis seguía escuchando la televisión y fumando un cigarrillo que consumía en cada calada.
-Qué has hecho Luis, la has matado tú -él seguía sin mirarla…
En ese momento Irene, alargó el brazo y le puso la mano sobre el hombro. Lanzando un grito aterrador al ver que le faltaba una uña. Y Luis continuaba con su ignorancia hacia ella.
En la pantalla del receptor se mostraba en aquel momento la imagen de la mujer asesinada, en un faldón se leían las iniciales IGN y una fotografía del lugar donde se había encontrado el cuerpo sin vida.
Ella misma se daba cuenta de que no estaba allí, que la muerta era ella, pero…
Aquellos hoteles eran iguales, entre ellos no habría muchos sospechosos. Era un complejo en el que había cuatro edificios de pocas habitaciones, por lo que pensar algo para que Luis, no saliese victorioso de aquel asesinato, sería fácil.
Pero qué podría hacer, había visto que no podía tocar nada, ni tenía fuerza para abrir una puerta. Al darse cuenta de que estaba muerta, intentó sacudirle y fue imposible.
Luis se quedó dormido, Irene se recostó a su lado, intentaba pensar, ahora se daba cuenta de que lo único que quería era matarla y así lo hizo. Pero viéndolo ahora de espaldas veía que ella también le había dado su merecido.
Mientras tanto la forense que practicaba la autopsia a Irene, anotaba que al finado le faltaba una uña. Y también que entre las que aún tenía, había rastros de piel humana.
La piel fue analizada y contrastada con los datos informáticos de la policía, dando pistas para descubrir al asesino de la mujer del hotel.
Horas después Luis, se disponía a abandonar la habitación, de nuevo encendía la televisión que volvía a coincidir con el típico sonido de la estación de trenes que quedaba cerca.
Las noticias entonces hablaban del tiempo, llovía y hacía un temporal atípico de aquella estación del año.
Cerró la puerta dando un último vistazo a su entorno, no podía permitirse el lujo de dejar pistas, a pesar de que allí no cometió el crimen.
Bajó las escaleras que le separaban de recepción y acercándose despacio hasta el mostrador tocó el timbre. Alertando así a la joven que atendía allí como recepcionista.
Irene se encontraba allí sentada en el sofá negro que adornaba la estancia, nadie la veía, pero aquellos cojines blancos volvieron a su forma habitual cuando se levantó al ver entrar a la policía secreta.
Luis estaba todavía esperando e hizo el ademán de salir corriendo, pero no lo haría, esperó a que el agente le hiciese unas preguntas, las que negó radicalmente.
-Lo voy a detener por la muerte de la mujer encontrada ayer en los aledaños del hotel.
-Yo no he hecho nada, quiero un abogado, no pueden detenerme sin pruebas.
Aquella corta conversación entre los dos hombres sería breve, ya que la recepcionista salió de allí dentro y preguntó, mirando el libro de registro…
-¿Señor, la señorita se queda?
En ningún momento la joven había visto que su cliente iba a ser detenido, ni tampoco que estaba solo, pero por alguna extraña circunstancia, formuló la indiscreta pregunta.
Luis vio truncada su escapatoria del asesinato por celos que había cometido e hizo el intento de salir huyendo.
Otra vez estratégicamente la energía fantasmagórica de quien venía haciendo inútil, desde hacía un buen rato, la inocencia de Luis, obró una singular magia.
Dejando a Luis, tambaleando cuando el jarrón dio de lleno en su cabeza, cayendo de forma emblemática sobre su pecho las flores de color violeta que lo adornaban.
Todos los presentes se quedaron atónitos, era increíble lo que había pasado, nadie llegaba a entender como el adorno floral voló hasta la cabeza de Luis, impidiendo su huida.
“Una semana después”
Desde aquella mañana Luis, había permanecido preso, las investigaciones seguían, necesitaban esclarecer la causa de la muerte de Irene. Tratando de hacer lo propio, el inspector de policía pedía una nueva autopsia al cadáver, algo se les había pasado la primera vez. Consiguiendo aquello se sabría la verdad. Era algo que desde un principio pidió y ahora lo conseguía.
-Gracias por concederme la oportunidad -esa era la respuesta al interlocutor que estaba al otro lado del teléfono por parte del inspector.
Mientras Irene, sentada en la esquina de la mesa, de una forma infantil, le daba las gracias y le decía…
-Lo conseguiste, ahora se sabrá toda la verdad y yo me podré marchar.
La volvían a ignorar, pero ahora ya le daba lo mismo, pronto juzgarían a su asesino, lo iban a encerrar y no le haría daño a ninguna otra mujer.
Faltaba una única prueba que lo condenaría, era la cruz que en el momento de la pelea y antes de que Luis, le pusiera la almohada en la cara para asfixiarla, ella se metió en la boca.
Una cruz esmaltada con la inicial de su nombre y que para hacer justicia ella tragó deliberadamente.
Adelina GN
Estos son los comentarios que dan fuerza para seguir aprendiendo.
Gracias Gracias Gracias
Te animamos a que sigas escribiendo porque tienes ideas muy interesantes, pero, lamentablemente, no vamos a poder incluir tu relato en nuestro proyecto.
Quizá en otra ocasión. Muchas gracias de nuevo por tu interés.
Un abrazo
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