JUSTICIA ES MUJER

Relato presentado y rechazado. Comentario sobre el mismo al final de la entrada.

JUSTICIA ES MUJER

Era temprano, la poca claridad que veía por la ventana de aquella habitación lo predecía.

Irene se había citado allí en aquel hotel tan céntrico por miedo, no tenía ninguna confianza en él, pero su inestable situación, con un niño a su cargo la hizo acudir a la peligrosa cita con Luis.

Esperaba que cuando él saliese del baño le aclarase todo lo que habían hablado esa noche y que como siempre desembocó una pelea.

-Buenos días -le decía Irene, mientras seguía sentada en el sillón donde parecía había pasado toda la noche.

Al saludo de la mujer, él hizo oídos sordos o era que su educación no estaba ayudando demasiado a la armonía entre ambos.

Luis se había duchado y se empezaba a vestir sin mirar tan siquiera a Irene.

Encendió el televisor, prestando mucha atención a las noticias que daban en aquel momento.

Enfadada Irene, se puso delante y alzó la voz preguntando el motivo de su conducta. Viendo asustada que se levantaba e iba hacia ella, cuando en el mismo instante sonaba en el altavoz de la estación de tren la llegada del expreso.

Luis pasó por delante de ella ignorando su presencia, cerró la ventana y se sentó en la cama mientras subía el volumen.

Con más motivo Irene, lo recriminaba, preguntándole qué le pasaba y el motivo que tenía para hacer caso a la televisión y nada a ella.

En aquel momento daban una noticia, la locutora del noticiero comenzó a decir…

-Ha sido encontrado el cadáver de una mujer, en el complejo hotelero “La Estación” Mostrando signos de violencia, por lo que la policía deduce que se defendió en la pelea…

Ya no quiso escuchar más, se asomó al baño y vio la ropa ensangrentada dentro de una bolsa.

Luis seguía escuchando la televisión y fumando un cigarrillo que consumía en cada calada.

-Qué has hecho Luis, la has matado tú -él seguía sin mirarla…

En ese momento Irene, alargó el brazo y le puso la mano sobre el hombro. Lanzando un grito aterrador al ver que le faltaba una uña. Y Luis continuaba con su ignorancia hacia ella.

En la pantalla del receptor se mostraba en aquel momento la imagen de la mujer asesinada, en un faldón se leían las iniciales IGN y una fotografía del lugar donde se había encontrado el cuerpo sin vida.

Ella misma se daba cuenta de que no estaba allí, que la muerta era ella, pero…

Aquellos hoteles eran iguales, entre ellos no habría muchos sospechosos. Era un complejo en el que había cuatro edificios de pocas habitaciones, por lo que pensar algo para que Luis, no saliese victorioso de aquel asesinato, sería fácil.

Pero qué podría hacer, había visto que no podía tocar nada, ni tenía fuerza para abrir una puerta. Al darse cuenta de que estaba muerta, intentó sacudirle y fue imposible.

Luis se quedó dormido, Irene se recostó a su lado, intentaba pensar, ahora se daba cuenta de que lo único que quería era matarla y así lo hizo. Pero viéndolo ahora de espaldas veía que ella también le había dado su merecido.

Mientras tanto la forense que practicaba la autopsia a Irene, anotaba que al finado le faltaba una uña. Y también que entre las que aún tenía, había rastros de piel humana.

La piel fue analizada y contrastada con los datos informáticos de la policía, dando pistas para descubrir al asesino de la mujer del hotel.

Horas después Luis, se disponía a abandonar la habitación, de nuevo encendía la televisión que volvía a coincidir con el típico sonido de la estación de trenes que quedaba cerca.

Las noticias entonces hablaban del tiempo, llovía y hacía un temporal atípico de aquella estación del año.

Cerró la puerta dando un último vistazo a su entorno, no podía permitirse el lujo de dejar pistas, a pesar de que allí no cometió el crimen.

Bajó las escaleras que le separaban de recepción y acercándose despacio hasta el mostrador tocó el timbre. Alertando así a la joven que atendía allí como recepcionista.

Irene se encontraba allí sentada en el sofá negro que adornaba la estancia, nadie la veía, pero aquellos cojines blancos volvieron a su forma habitual cuando se levantó al ver entrar a la policía secreta.

Luis estaba todavía esperando e hizo el ademán de salir corriendo, pero no lo haría, esperó a que el agente le hiciese unas preguntas, las que negó radicalmente.

-Lo voy a detener por la muerte de la mujer encontrada ayer en los aledaños del hotel.

-Yo no he hecho nada, quiero un abogado, no pueden detenerme sin pruebas.

Aquella corta conversación entre los dos hombres sería breve, ya que la recepcionista salió de allí dentro y preguntó, mirando el libro de registro…

-¿Señor, la señorita se queda?

En ningún momento la joven había visto que su cliente iba a ser detenido, ni tampoco que estaba solo, pero por alguna extraña circunstancia, formuló la indiscreta pregunta.

Luis vio truncada su escapatoria del asesinato por celos que había cometido e hizo el intento de salir huyendo.

Otra vez estratégicamente la energía fantasmagórica de quien venía haciendo inútil, desde hacía un buen rato, la inocencia de Luis, obró una singular magia.

Dejando a Luis, tambaleando cuando el jarrón dio de lleno en su cabeza, cayendo de forma emblemática sobre su pecho las flores de color violeta que lo adornaban.

Todos los presentes se quedaron atónitos, era increíble lo que había pasado, nadie llegaba a entender como el adorno floral voló hasta la cabeza de Luis, impidiendo su huida.

“Una semana después”

Desde aquella mañana Luis, había permanecido preso, las investigaciones seguían, necesitaban esclarecer la causa de la muerte de Irene. Tratando de hacer lo propio, el inspector de policía pedía una nueva autopsia al cadáver, algo se les había pasado la primera vez. Consiguiendo aquello se sabría la verdad. Era algo que desde un principio pidió y ahora lo conseguía.

-Gracias por concederme la oportunidad -esa era la respuesta al interlocutor que estaba al otro lado del teléfono por parte del inspector.

Mientras Irene, sentada en la esquina de la mesa, de una forma infantil, le daba las gracias y le decía…

-Lo conseguiste, ahora se sabrá toda la verdad y yo me podré marchar.

La volvían a ignorar, pero ahora ya le daba lo mismo, pronto juzgarían a su asesino, lo iban a encerrar y no le haría daño a ninguna otra mujer.

Faltaba una única prueba que lo condenaría, era la cruz que en el momento de la pelea y antes de que Luis, le pusiera la almohada en la cara para asfixiarla, ella se metió en la boca.

Una cruz esmaltada con la inicial de su nombre y que para hacer justicia ella tragó deliberadamente.

Adelina GN

Estos son los comentarios que dan fuerza para seguir aprendiendo.

Gracias Gracias Gracias

Te animamos a que sigas escribiendo porque tienes ideas muy interesantes, pero, lamentablemente, no vamos a poder incluir tu relato en nuestro proyecto.

Quizá en otra ocasión. Muchas gracias de nuevo por tu interés.

Un abrazo

¡Oh, oh , oh, oh… Sorpresa!

Os voy a contar una historia que sucedió hace muchos años por Navidad…
Aquella noche… Comenzó diciendo Christi, varios de aquellos chicos ya la habían calificado de soltera excéntrica. Por lo que entre ellos cruzaron miradas y sonrisas burlonas.
Sin que nadie supiese ni sospechase que en realidad, la única protagonista de aquella historia fue ella misma.
Pronunciando aquella frase de introducción a lo que les iba a contar, se dio la vuelta, los miró a los ojos y comenzó a relatar.

Aquella era una noche fría, Denis convencía a su madre para que se acostase, pues su novia quería pasarla junto a él.
-Mamá, va a ser su primera noche conmigo, no seas cabezota y para cuando yo venga con ella, que estés ya en la cama.

Convencido de que lo haría de aquel modo, tomó su gabán, calzó bien su gorro de lana y salió de la casa, cerrando la puerta con llave.
Estaba nevando por lo que prefirió ir dando un paseo, con su madre enferma era raro el día que podía salir y mucho menos de noche. No sabía cómo había podido conocer a esa chica, con la que ya llevaba tres meses de relación. Hoy por fin en una velada tan tradicional le presentaría a su madre. Juntos los tres abrirían los regalos que probablemente les dejaría Santa Claus mientras cenaban. Sacó las manos de los bolsillos y se las llevó a la cabeza…
-¡Los regalos! Exclamó y volviendo sobre sus pasos, regreso a casa, abrió la puerta y muy enojado le gritó a su madre…
-¡Todavía estás ahí! Te lo dije, mamá, acuéstate.
-Aunque bien pensado a ella le gustará conocerte.
Denis siguió hablando con su madre, mientras le arreglaba la mantita que llevaba en las piernas. Dejando los regalos de las dos mujeres de su vida debajo del árbol. Ya estaba nervioso y fue a cerrar la puerta de atrás…
-Así mamá, no te muevas, luego yo te daré las pastillas, vuelvo enseguida.

Esta segunda vez cuando salió de casa la nevada era más copiosa y cogió el coche, mientras lo abría miró hacia la ventana viendo a su madre tras el cristal que como siempre y obedeciendo a su hijo de allí no se movía.
Al llegar a casa de su prometida Denis se llevó una gran sorpresa. La joven estaba indispuesta, le dijo que tenía fiebre y que no podría ir con él. Que iría en la mañana y que entonces le daría su regalo. Un poco desmoralizado regresó al vehículo, lo puso en marcha y salió, mientras esta vez la que lo observaba desde la ventana era ella, pero sin él darse cuenta.
Ahí comenzaron las preguntas a Christi por parte de los que escuchaban.
-¿Era mentira que estaba enferma, se había cansado de él?
-¿Estaba con otro, verdad Christi?
Cada uno daba su versión de los hechos, esperando que la respuesta que diese fuese la de ellos. Todos querían tener razón en lo que alegaban, pero ahora saldrían de dudas, Christi, cruzó su rebeca sobre sí misma y un escalofrío recorrió su cuerpo. Hasta tal punto que tembló y lo apreciaron algunos de sus alumnos.
-¿Qué ocurre profe?
-Nada chicos, me dio frío.
Pero la verdad era que Christi, no había hecho bien en recordar como cada año hacía el desenlace de aquella historia…
Nada de lo que os imagináis es, chicos, ninguno lleváis razón, ni estaba con otro ni se había cansado de él. Al contrarío la joven muchacha en el momento que vio que arrancaba el coche, fue derecha a su armario ropero a sacar el disfraz.
-Ya lo entiendo, dijeron.
-No entendéis nada, dejarme y no me interrumpáis o vais a quedaros sin conocer el final.
Los jóvenes se miraron entre ellos y encogiéndose de hombros o levantando las cejas, quedaron mudos hasta el final del cuento. Aquel que ninguno sabía que era verídico.
Denis entró en casa con una gran seriedad, apenas echó cuenta de su madre, puso la cena en la mesa, cenó y sin recoger nada, se sentó en el sofá. Le daba vueltas a lo que había pasado y le reflexionaba a su madre de esta forma: Mamá no te preocupes, ella no es como las demás, verás, le vas a gustar, ha dicho que vendrá por la mañana…
Poco a poco Denis iba hablando más pausadamente hasta quedarse dormido, en aquel momento se escuchó la puerta de detrás…
-¿Cómo puede ser si él la había cerrado? Preguntaron
-No fue así, estaba tan nervioso que la abrió en lugar de cerrarla, dijo Christi.
Y por ahí fue por donde entró ella vestida de Santa Claus. Portando un saco con los regalos de Denis y de su madre.
Entró en el salón con tanta cautela que no despertó a ninguno de los dos, y gritó: ¡Oh, oh, oh, oh… Sorpresa!
Siendo ella la más sorprendida, cuando Denis despertó de golpe, se levantó dándole la vuelta al balancín de su madre cadavérica y diciéndole feliz y contento…
-Ves mamá ha venido
-Mira que guapa es
-Ella no es como las demás.

©Adelina GN

LAS ENSOMBRECIDAS MANOS DEL PASILLO

Las sienes encanecidas le hacían parecer más mayor, sostenía un libro que apenas podía ojear. Pasaba las hojas y sus temblorosas manos iban autómatas acercando sus dedos para humedecerlos. Había sido una devoradora de lectura, una apasionada del tema de misterio. Su género literario favorito, tanto para escribir como para ser leído.

Pronto estará aquí, se decía, ella me leerá. Refiriéndose con aquel pensamiento, a su sobrina Irene. Hija de la hija de su prima Angelines, recientemente fallecida.

Era obvio que la joven llevaba su sangre, pues había heredado su amor por las letras. Varios premios en su corta carrera le habían sido concedidos, ahora se acercaba a su tía, grande también entre las escritoras famosas de antaño, para formarse en el tema que la llamada como ella tenía: el misterio, la intriga, el suspense. Una experiencia de años que la consagró como la diosa y erudita del género a lo misterioso y difícil de resolver.

Irene con casi noventa años ya hacía una década que no escribía y apenas podía leer, su movilidad era casi nula, pero se había negado a ir a una residencia. Ni por asomo se le podía mencionar el que abandonase su casa, aquel que fue su hogar, decía ella siempre, quería custodiarlo hasta su final. Demasiados recuerdos la ataban a la casa, y no todos habían sido buenos. Los primeros años, su incomprendida afición a las letras fue causa de disgustos familiares, que comenzó a subsanar pasados varios años. Provocando tal inestabilidad familiar, que después de la muerte repentina de sus padres, su hermano abandonó el lugar. A partir de entonces comenzó a publicar, sus éxitos se sucedían, eran periódicos, casi tan asiduos como sus maridos. Un total de siete fueron contabilizados en el registro civil de aquel pueblo, un escondido lugar donde las preguntas no formaban parte de sus vidas. Parecía que no importaba, si alguien llegaba o se marchaba, para sus vecinos, era la escritora y nadie se atrevía a poner en tela de juicio nada de lo que ocurría allí. Irene daba prestigio al pueblo, ahora sus éxitos formaban parte de su pasado e Irene, su sobrina, quería aumentar el suyo haciendo que su tía la dejase continuar su última y exitosa novela de misterio, diez años atrás editada con un exitoso triunfo. Titulada con mucho fundamento “ Las ensombrecidas manos del pasillo”

Pudiese ser que la afamada escritora, no lograse que su tía le revelase la fuente de inspiración que la llevó a escribir con tanta fiabilidad su última obra. Aquella basada en un misterioso asesino que escondía sus crímenes, tapiando a sus victimas en el ensombrecido pasillo.

Adelina GN

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ESPECTRO

Eran muchas las ocasiones en las que Enora, había tenido en sus manos aquellas entradas, pero siempre por prescripción facultativa las tuvo que regalar.

Voy a explicar con ese ápice de brevedad que me caracteriza (no es cierto) qué ocurría y el motivo por el cual, nuestra enfermiza amiga no podía o más bien no debía ir al Parque de Atracciones y mucho menos entrar en el Pasaje del Terror.

Ella entendía que su salud era quebradiza como la de un cristal, que las emociones estaban vetadas. Desde la intervención quirúrgica a corazón abierto a la que fue sometida, Enora sufría de pequeños infartos debidos a las situaciones de penas y alegrías. Por lo que debería llevar una vida tranquila y sin alteraciones, ni físicas, ni emocionales. Pautas que fueron dadas por el doctor en su última revisión.

Enojada con ella misma salió de la consulta, pensando: qué era lo que hacía ahora, si vivía o esperaba a que su órgano vital se encaprichase un día en emocionarse y terminase así con la tontería.

Así que si queréis, podéis preguntaros, qué pensáis al respecto o simplemente os invito a que sigáis leyendo:

Se reflejaban las 07:32 a.m en el radio reloj digital de su mesilla de noche y Enora cantaba feliz…

Vale la pena una vez más…

Pintarse la cara color esperanza… Mirar el futuro con el corazón…

No debo retrasarme, hoy es el día, que ilusión, por fin voy a cumplir mi deseo. Todo aquello se decía camino al trabajo como cualquier otro viernes, pero ella sabía que no era así. Todo dependía de los resultados que surgiesen del pase de atracciones, y para ello quedaban aún unas cuantas horas.

Ya el nombre del pasaje causaba escalofrió ESPECTRO sumado todo al tiempo lluvioso que tuvo la noche caprichosa en mostrar para y con aquella diversión.

Enora enseñó las entradas a la muerte, que la esperaba con la guadaña para que allí las pinchase. Cuándo, un impresionante Igor la miraba fijamente con su ojo deforme. Le pidió que se agachase y en ella colocó un micrófono para que fuese narrando su odisea terrorífica a los que fuera esperaban. El itinerario se hacía individualmente, por lo que su amigo esperó fuera, desde allí escucharía todo lo que aconteciese en aquel lugar de terror psicológico.

Apartando la cortina que la separaba del interior Enora, sintió una ráfaga de viento helado que la dejó tiritando, tapándose la cara avanzaba por aquel laberinto, donde, las manos mugrientas y cadavéricas la jalaban a su paso. Para entonces todo iba bien, sintiendo solamente una pequeña opresión en el pecho que se agudizó cuando el payaso de IT apareció de sopetón delante de su cara. Tuvo que contener la respiración o de lo contrario lanzaría un grito que alarmaría y no quería que aquello pasase, quería que fuese algo más sencillo, más normal tratándose del lugar donde se encontraba. Y siguió paso a paso recorriendo aquellos oscuros pasillos. Su corazón se estaba acelerando demasiado después de entrar en la sala blanca y acolchada, en la que se encontró con una loca que le acariciaba el pelo y le cantaba una canción de cuna. Sus nervios iban cada vez en aumento, su pulso se aceleró por completo. Estaba siendo atacada por unos murciélagos que revoloteaban sobre su cabeza y por mucho que a zarpazos quería quitarlos, por momentos le hacían daño. Pero aquello no debía de importarle, pues era para lo que había ido allí. Comenzaron a empujarla a tirarle sangre por encima, le gritaban, y de nuevo una ráfaga de viento frío dejaba otra vez su rostro petrificado. Ahora allí no se escuchaba nada, todo había quedado en silencio, delante de ella otra sala oscura en la que tenía que entrar. ¿Sería aquel el final? Ella quería que fuese, así que no dudó en apartar el cortinaje que cubría aquella entrada. Ya comenzaba a respirar con dificultad, su boca se secó, y se estaba mareando, sentía que no podía avanzar y se agarró a la tela, cayendo sobre ella la arrancó. Apareciendo delante de sus ojos aquella calavera, un rostro que hizo que su corazón se parase de golpe. Enora dejó de respirar, aquel su último deseo se había cumplido, terminó con la agonía de no poder tener sensaciones. No hubo ningún responsable, la atracción siguió en activo, porque ya se sabe…

Quien por su culpa muere que nadie le llore”

Adelina GN

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Extraño despertar/ Desafíos Literarios/ Erótico

Aquella escena que se avecinaba por los acontecimientos que estaban cercanos a suceder, era muy conocida en el mundo de las infidelidades. Uno de aquellos dos qué se encontraban disfrutando de los placeres del sexo, se sobresaltaba al escuchar entrar la llave en la cerradura o al escuchar un simple “Estoy aquí”.

El cuerpo del delito casi siempre resultaba estar desnudo, y el escondite preferido era aquel armario que dejaba de esconder a la otra parte cuando se salía de él o cuando la ocasión requería una excusa poco ortodoxa e incrédula para el engañado o engañada.

La historia que leeremos ahora no es una historia convencional al uso o por lo menos a mí no me lo parece, no tendremos el típico armario, pero es posible que salgan de él. Igual la infidelidad es sufrida por dos motivos y no por el mero hecho de acostarse o liarse con el mejor amigo del marido o la mejor amiga de la mujer.

Será cuestión de comenzar a escribir y dejar para otro momento los convencionalismos y las normalizadas relaciones que existen en los relatos eróticos. Nos sumergiremos en un total control del orgasmo controlado, del éxtasis producido por el morbo, por explicar cómo puede ser la infidelidad a dos bandas.

Nos situamos: Marga ha ido a visitar a su madre que está delicada, Sergio aprovecha para ver una de esas películas que no da tiempo a verlas terminar. En cualquier caso las retomas después de unos juegos manuales que aprendiste hace años y que sustituyen al sexo cuando alguien o algo, te calentó.

La causalidad se aproxima, sí, no me equivoqué, no hay casualidad sin causa, de ahí mi juego de palabras.

Llaman a la puerta y Sergio vuelve a quedarse a las “puertas” de un goce que no termina de llegar.

Es la vecina del ático, esa joven que lo mismo tiene pareja, cómo qué por la noche se pasea a tirar la basura provocando a quien la contempla con sus transparencias veraniegas, ésas que dejan ver sus pechos duros y bien formados.

Viene pidiendo guerra, se nota a la legua, pero te pide sal, sabe que Marga no está, vi cómo la saludó al salir de casa esta tarde.

No es la primera vez que se me insinúa, pero en otras ocasiones iba con mi mujer y no había tanto peligro, hoy estoy solo y qué hago, la dejo entrar, será mejor, los vecinos nos pueden oír y sería peor.

Estuvimos conversando, al final saqué dulce de membrillo traído del pueblo, imaginé que terminaría comiendo salado al final de la noche. Y así fue, efectivamente, Marí quería plan, no se cortaba, a los pocos minutos de sentarse en el sofá sus piernas se cruzaban insinuantes mostrándome la falta de ropa interior. Me puso cardíaco, no atinaba a poner la copa que me había pedido, mi pulso se aceleraba y ya se me notaba bastante, temía que en aquel momento fuese a llegar Marga, pero no, menos mal que mi suegra la pobre empeoró y dijo que tardaría.

Al sentirme un poco más confiado me relajé y entonces comenzaron las risas, los roces, los besos y al final terminamos en la cama. Marí era tan distinta a Marga que preferí que no me contase nada y descubrirlo por mí mismo.

La desnudé, la cubrí de caricias, investigué cada centímetro de su cuerpo no sabía si aquella ocasión podría volver a suceder, quise disfrutar y disfruté de ella al máximo, pero, éso sí, antes terminamos con la botella de “Chivas” recién empezada, ósea que el colocón fue de primera y se supone que la dormida monumental, ya que al despertar…

Fue un despertar bastante extraño el que tuve amigos, estaba solo, desnudo, pero sin apariencia de haber consumado. Cómo Marí me había dejado allí tirado y aún borracho, qué no le gustaron mis quehaceres sexuales, no sabía que pensar y me levanté. Todo me daba vueltas, y me senté al borde de la cama. El espejo me estaba delatando, mi cara estaba verde y por segundos palidecía, la sensación era de fatiga y de decepción, cómo no me habita dado cuenta, no escuché la cerradura, ni su voz había resonado en mis oídos, pero Marga había vuelto.

Y allí estaban las dos, las vi por el espejo, sus cuerpos se unían de un modo espectacular, sus movimientos eran armoniosos y su silencio… Su pasional mudez en aquel momento provocó la mayor de las erecciones que había tenido y creo que tendré, haciendo en aquellos instantes, que mi problema de eyaculación precoz volviese para siempre.

Deli

Colaboración de Adelina GN https://desafiosliterarios.com/secciones-tematicas/erotica/extrano-despertar/#

DESESPERACIÓN MÉDICA

Agosto, martes, 16 Hs.

La doctora Emily se preparaba para recibir a su primer paciente en su consulta particular oftalmológica, el éxito obtenido con su profesionalidad ya hacía tiempo que habían conseguido el suficiente dinero para su operación.
Pero una llamada aquella tarde cambiaría todo pronóstico…
Su teléfono móvil la avisaba con insistencia de que tenía que contestar, era su médico en Washington.
-Dime George, saludaba Emily cordialmente a su amigo…
No volvió a hablar, se despidió de su interlocutor pronunciando un “de acuerdo”. Mientras se miraba en el espejo y sorbía de aquel humeante café. Allí viéndose reflejada en él, Emily hacía el ademán de dar un puñetazo al ver su rostro deforme, las cicatrices y el parche tapando su ojo derecho, le recordaban aquél fatal accidente.
-Ahora todo tendrá que esperar, hablaba en voz alta…
¡Maldita mi suerte!Tenía que ser ahora cuando se volviesen atrás en la donación…
Su rostro se desencajaba por minutos, la rabia en aquel instante no la dejaba apartar su mano del ojo sano, que casi lastimando manoseaba.
La consulta estaba en la habitación contigua y Emily escuchó como la enfermera le indicaba que había suministrado la anestesia a la paciente para extraerle un cuerpo extraño alojado en el lagrimal.
Una sensación de serenidad se apoderó de ella y pasó a la consulta, allí se encontraba la joven con la que podía conversar mientras se calzaba aquellos guantes de látex. La conversación fue corta, y ya con los utensilios adecuados en las manos, Emily se dirigió a reparar aquel percance sin la mayor importancia en su paciente. Pero antes preguntó a su ayudante…
-¿Qué ojo es el enfermo?
-El derecho doctora, contestó la enfermera…
-De acuerdo, contestó Emily…
Cuando al minuto se escuchó un aterrador grito del que fueron testigos los que estaban en la sala de espera…
Y una sonriente Emily alzaba su trofeo frente a la cara de terror de su ayudante, mientras la paciente gritaba…
¡¡Mi ojo… mi ojo!!

© Adelina GN

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LAS VACACIONES

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Escrito por : Adelina Gimeno Navarro el 20/09/2018

LAS VACACIONES

Nada más poner un pie en casa, comenzó en mí la desesperación. No podía creer que todo había terminado ya, y hasta el año que viene no tendría la oportunidad de volver a disfrutar de aquel joven. Nadie sabe mi vicio o mi entretenimiento, o tal vez desde ahora lo llame terapia, quién sabe lo que haré. Procurar que no se me note será un gran reto, termino siempre igual, con las manos pegadas a mi cuerpo, acariciando allá donde sé que me gusta. Pero Carlo ha dejado una huella enorme en mí. Tanto me ha marcado ese chico, que no dejo de pensar en él y en esos días de ensueño en Ibiza. Sus ojos, su boca, su piel me dejaron prendida del éxtasis, haciendo el calor lo propio y provocando que subiese en mí la temperatura.

Rosa no dejaba de recordar, desde que aterrizó en Madrid y nada más pudo encender el móvil, el primer contacto que buscó fue el suyo, aquella dependencia no era normal, pensando en cada momento, en el bello y experto amante que le resultaba el galán.
Allí estaba sentada en el sofá, tirada como un trapo, con el calor típico de aquellos días de tormenta de verano. Pensando en él y en las vacaciones, en sus caricias, en sus besos…

Ella pensaba que no iba a poder apartarlo de su mente, que ya nada ni nadie podría calmar sus ansias. Debía de pensar, se dijo, qué únicamente fue un afer sin importancia, que no debía de obsesionarse. En ese instante su mano derecha palpaba su seno izquierdo y su otra mano se abría paso entre sus muslos, acariciando con una delicadeza máxima aquella parte de su cuerpo falta de amparo amoroso en aquel momento.

Sintió pasos y sobresaltada intentó darse la vuelta para ver, pero en segundos la agarraron del pelo e hicieron que su nuca quedase reposada en el cabezal del sillón…

-¡¿Así, te gusta?!
-Sí, pero más fuerte

Pregunta y respuesta fueron silenciadas por sus besos, sus caricias no tenían fin y el roce de sus cuerpos les llevaba a sentir un placer sin límites. Aquellos juegos eróticos habían ocurrido muchas veces, Carlo entraba a sabiendas de Rosa en casa, violando su intimidad, mientras ella jugaba con su cuerpo. Él le robaba el protagonismo a sus manos, cargado de envidia irrumpía en casa y con el consentimiento de ella la violaba o mejor dicho, Rosa se dejaba amar de manera violenta.
Ya habían tenido sus vacaciones, ahora tocaba volver a la rutina y para ello los dos necesitaban esa complicidad que hacía que su amor no se estancase en la monotonía.

Así pues y sin mediar palabra, sus cuerpos fingieron no conocerse y a la par iban descubriendo nuevas sensaciones y nuevos placeres que les ofrecía aquel juego erótico.
Su piel lucía desnuda, aún rojiza por aquellas caricias en ocasiones dolorosas, y ahora a pesar del calor Carlo, colocó un cojín tapando su miembro, echando la tela protectora del sillón sobre Rosa, que no dejaba de acariciarse.
Debería de estarse quieta, pensaba él, mientras ella cuando vio su acción le preguntó, obteniendo una inminente respuesta…

-¿Qué no quieres jugar ya?
-¿Qué quieres el desempate?

Y volviendo el acero a su vaina y nunca mejor dicho, volverían a comenzar su particular terapia de pareja.

Deli

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SOBRE DOS, NO SOBRE CUATRO

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En ese instante en el que todo comienza, como es el amanecer, alguien despertaba. Un humilde lecho soportaba sus sueños, dormían, esperando cada día despertar y verlo hecho realidad.

Aquella noche estaba fría, después de cenar Carol y Sergio, se sentaron al calor de la lumbre, charlaban amigablemente con sus compañeros, cuando uno de ellos comenzó a hablar y en aquella terapia de grupo, contó lo que aquel día le había sucedido.

Había estado en el banco, al que él solía ir con anterioridad, estaba dos calles más abajo, al oír hablar a su amigo todos supieron a que cajero se refería. Sabían que Pedro era el gerente de aquella entidad y que siempre se portó muy bien con ellos. Al reconocerlo le había hecho un regalo muy especial, estaba relatando y contaba, que Pedro le había llevado con él. Consiguió que le diese un paseo en su descapotable, lo había acompañado en unas visitas que hizo referentes al banco. Claro está que él no se bajó en ningún momento del vehículo, temía que alguien le viese y pudiese pensar lo que no era.

La pareja escuchaba atenta a Jorge, no se perdían ni una palabra de las que estaba diciendo, como si quisieran aprender para conseguir ellos también el deseado regalo. Pasear sobre cuatro ruedas a pesar de que el viaje durase poco.

Quedaron ellos tres, los demás fueron yéndose cada uno a sus respectivos habitáculos, Carol seguía escuchando, agarrando con sus dos manos el vaso que humeante se llevaba a la boca. Mientras sorbía el reconfortante café, Sergio la convencía para que al día siguiente fueran a ver si ellos también eran los agraciados como lo había sido su amigo.

Bien abrazados paliaban el frío, ya no tardaría en amanecer y aún estaban despiertos, los dos aquella noche padecieron insomnio. La primera en ir al baño fue ella, se quitó el gorro y los guantes que dejaban los dedos al descubierto. Se peinó y aseo un poco, poco era lo que podía acicalar su cuerpo, la maldita situación los había llevado a la mendicidad. Cuando llegó él, la encontró llorando, verla así le rompía el corazón, intentaría por todos los medios que estuviese feliz, irían aquella mañana donde Pedro, y Sergio le pediría que contentase a su depresiva esposa con un paseo en aquel descapotable rojo que tan bien Jorge había descrito.

Cerca del callejón donde vivían entre los cartones, tal y como doblabas la esquina, estaba la cafetería “ByB” el bar bici, al que acudían invitados por su dueño debido a su mala situación económica. El establecimiento estaba muy concurrido siempre, los clientes la mayoría eran ciclistas que aparcaban sus bicicletas en la puerta mientras almorzaban o simplemente tomaban un refresco isotónico que les fortaleciese y montar de nuevo en sus bicis para reanudar su camino.

Aquel sería un día especial para los dos, la casualidad parece que no existe, y a esta se une la causa haciéndola causalidad. A pocos metros de ellos un Pedro ataviado con el equipo completo como para dar la Vuelta Ciclista a España, les saludaba. Los dos correspondieron a su saludo, pensando que no tendrían que ir hasta el banco para encontrarse con él y su descapotable. Y sin saber en que día se encontraban se extrañaban al verlo con aquellas pintas.

Para ellos los días no tenían nombre, no había un lunes ni un viernes ni un domingo que era por excelencia allí y en cualquier ciudad el día de las bicis.

Los primeros en acercarse y entablar conversación fueron los jóvenes, haciendo de sus palabras un interrogatorio de tercer grado. Qué dónde estaba y muchas más fueron aquellas que hicieron que Pedro descubriese las ansias que tenían por montar en su coche.

La primera en mostrar su decepción fue Carol, también era la que estaba más delicada de salud, tantos días entre cuatro cartones y con movilidad nula, no la beneficiaban en nada. Su joven marido aún recorría los supermercados en busca de ese producto estrella pasado de fecha que ya los demás con más recursos no quieren.

Las palabras de Pedro los dejaron un poco fuera de juego, qué harían ahora, nadie en el barrio era tan permisible como lo era él. Pero en fin cada uno hace y deshace a su antojo y con su capa hace un sayo. La confesión del banquero de que había vendido su coche porque gastaba mucho y le estaba dando una vida muy sedentaria, los dejó desilusionados. Argumentaba que hizo un trueque con su otro yo y decidieron moverse a la par, ejercitando cada uno de sus sentidos haciendo uso de la bicicleta y su saludable movimiento, tanto físico como mental.

La pareja no podía decir nada, nada más pensaron que se quedaban sin el paseo a cuatro ruedas que imaginaron tantas veces. Como si de un libro abierto se tratase Pedro leyó en ellos que era más que una simple decepción. Aquellos jóvenes lo habían perdido todo, en aquel momento hasta la ilusión y la esperanza.

Los vio alejarse con decepción y a la vez con enfado, sabía que cuando alguien no es feliz no se muestra tal y como es. De frases motivadoras Pedro sabía bastantes, últimamente le gustaba leer a Lance Amstrong que nos dice también que ganar tiene que ver con el corazón no solo con las piernas…

Apuró aquella bebida refrescante y se montó en su bici desapareciendo del escenario que tanto le había enseñado aquel día.

El domingo pasó, llegando la noche la pareja volvió a sus ilusiones poniéndolas en movimiento al soñar, pero esta vez fue de otra forma. Ya no paseando en un descapotable de cuatro ruedas, si no en una bicicleta, coincidiendo en lo soñado.

Y como los sueños se hacen realidad no hicieron nada más que doblar la esquina y allí estaba, un tándem, regalo de su amigo al que la vida sobre dos ruedas le había cambiado su forma de moverse por ella.

Mi participación en el concurso

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#historiasdebicis

 

LA ATALAYA

Desde su particular atalaya, apostado estaba Mario, y observaba a la bella mujer que el corazón le había robado. El apartamento daba justo enfrente del suyo, de ahí que supiese en todo momento lo que hacía la joven. Con quién convivía y las horas que podía encontrarla en casa. En varias ocasiones la vio por la ventana y a pesar de que las cortinas le impedían ver con claridad, se percataba que aquel muchacho, su novio, la abrazaba y besaba con pasión. Aquello que a duras penas podía distinguir lo enervaba, le sacaba de quicio y convertía su amor en odio hacía ellos dos. Aquella noche y después de haber cortejado a la muchacha durante unos días, ella le invitó a su casa, asegurando que no estaría solo, que invitaría a una amiga para que no se encontrara desplazado ya que ella tenía pareja. Mario al llegar a su casa olvidó lo que le había dicho, su interés era estar con ella y a poder ser, hacer aquel cambio de pareja que casi siempre puede ocurrir en las fiestas, si el alcohol y demás estimulantes hacen presencia en ellas. En unos minutos dejó lo que estaba haciendo y fue en su busca. No podía esperar más tiempo, debía de abandonar su puesto de vigía y correr a conquistar a la preciosa mujer que lo había enloquecido, hasta tal punto de no ver nada más allá de sus narices. Cuando su amiga abrió la puerta y lo dejo pasar, observo que la generosidad de la chica no tenía limites, pues no con una sola mujer lo había complacido, aunque la anfitriona comenzó las presentaciones, descubriendo que el muchacho de pelo corto que Mario veía desde su peculiar atalaya era Amanda su novia.

©Adelina GN

Varios corazones

PARTICIPACIÓN CONCURSO “CONFESIONES DE UN BASTARDO” de Paula De Grey

Aquel ansiado día había llegado, nos dormiríamos, descansaríamos y seguro soñaríamos. Marta me acompañaría, era lógico, no podía faltar a la cita del acontecimiento más importante de mi vida. ¿Qué verdad se ocultaría en aquel papel? ¿Cómo leerían aquel resultado? Demasiadas preguntas, me hacía… Y sin ninguna conversación previa con ella para que no se preocupara aún más, me recosté en la cama, era primavera y apetece como aquella tarde soñar despierto…

Tumbado sobre el heno del granero escuché como los pájaros iban y venían haciendo los nidos para cuando sus crías nacieran. Aquella y no otra era mi ilusión, formar una familia y vivir allí en la granja de mis abuelos, un hábitat en el que por muchos años había sido feliz. Pero las cosas nunca son como uno desea que sean y comenzó de nuevo la polémica discusión con la abuela cuando fui hasta la casa al ser llamado para comer.

Mi abuela me había criado a la muerte de mis padres en aquel trágico accidente, cuando regresaban del baile. En aquella catástrofe ocurrida un sábado por la noche perecieron los dos. Fui un niño feliz pero introvertido por la desgracia, no es lo mismo crecer en un ambiente joven que en uno maduro y casi extinguido de una ambiciosa vida.

En estas mis confesiones antes de saber la verdad sobre aquel secreto que podría cambiar mi vida por completo, se revelaran sin duda algunos enigmas que con sigilo se escondieron, para el bien, dijeron de nosotros mismos y que al día de hoy me traen todavía al descubrirlos la duda de que si soy o no el hijo bastardo y el mismo que lleva años cometiendo incesto.

Ensimismado en aquel recuerdo que recree en el instante en el que Marta se tumbaba a mi lado despacio para no despertarme, ignorando que mi sedación era consecuencia de mis pensamientos, viví el año en el que ella mi amiga de toda la vida, la que se había ido del pueblo con sus padres, justo cuando los míos, sus mejores amigos, morían en el accidente, regreso a pasar unas vacaciones. Nos volvíamos a encontrar, teníamos la misma edad, salimos varias tardes a la sierra, recorrimos aquellos senderos en los que ya de niños fueron testigos de nuestros besos, nos habíamos querido siempre esas vacaciones no fueron distintas a las que cada vez que Marta regresaba al pueblo. Ninguno de los dos sospechábamos nada, ni tampoco hacíamos visible nuestro amor, por lo que quien supiese algo podría frenar nuestros impulsos. Hacía ahora dos años que vivíamos juntos, volvieron a mudarse al pueblo cuando su padre enfermó mentalmente y ya no recordaba nada, su madre se ocupaba de él y jamás vi nada extraño en ella cuando Marta se vino a mi casa a vivir. Eramos muy felices, viviendo de cerca aquel amor durante tantos años alejado. Cuando aquel día despertamos mandaron llamarnos, su padre se moría y en su mejoría de la muerte pidió a su mujer que leyese una nota que escondía detrás de un cuadro. Aquel hombre no sabía que revelando aquello el daño que hacía puesto que la nota apuntaba claramente una declaración firmada de puño y letra de mi madre y jurando de que él era mi padre. El escenario en el que nos encontrábamos era un valle de lágrimas, todos llorábamos y todos coincidíamos en ese instante en el que el padre de Marta moría, pero también porque tendría que morir nuestra unión. Ramón al que aún no puedo llamar padre, era enterrado allí en el cementerio del pueblo y también moría allí su secreto… Para nosotros ya que nadie sabría nunca del desliz de mi madre con el padre de Marta…

Unos meses después justo ayer hizo dos semanas Marta había vuelto con su madre, yo estaba destrozado, no podía vivir sin ella, constantemente la llamaba al móvil diciendo cuanto la quería y que nadie lo sabía así que podíamos continuar viviendo como pareja, podría llegar a levantar más sospecha y continuamos separados. Pero ella no me escuchaba solo decía que teníamos que sufrir el pecado, que lo nuestro ya no podía ser. Yo no la entendía, le decía que jamás la ame como hermana que había sido mi chica siempre y que siempre la querría. Llegue hasta el punto de intentar suicidarme, pero fui un cobarde y no logré mis intenciones.

En uno de esos días en los que ellas habían regresado su madre me invito a comer para guardar las apariencias de que lo nuestro no era una separación en regla. Y sentados en la mesa comenzó a contar una historia en la nos daba vida y descubre que Marta era hija de mi padre, pero no el que recientemente había muerto. ¡No éramos hermanos! Ya podíamos seguir viviendo nuestro amor, ya nada impedía nuestra vida juntos… Pero para tranquilizar nuestras conciencias, nos hicimos una prueba de ADN la que en unas horas vamos a recoger y que sin duda cambiaría nuestra vida…

Entonces llamaron a la puerta, era la madre de Marta, subió y dijo: Podéis descansar he ido yo a recoger la prueba podéis estar tranquilos, no sois hermanos ya os lo dije… Dejo sobre la mesa los papeles que lo acreditaban…

No sabemos que hacer, nuestra alegría es tal que saltamos de alegría, gritamos, reímos y hasta le contagiamos nuestras lágrimas y llora con nosotros la necesaria noticia, tomándonos de las manos y dándonos un beso se despide… Nosotros seguimos celebrando, nuestra alegría no tiene fin, estamos verdaderamente enamorados…

A los dos días decidimos salir a la calle e ir a casa de la madre de Marta, no nos abre la puerta, tenemos que llamar a la policía, al entrar la encontramos tendida en la cama con un frasco de pastillas vacío a su lado… Aquella misma noche se había suicidado.

Participante 23 con 17 votos por https://adelinagn.wordpress.com/

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