CONVERSACIÓN PENDIENTE

-¿Hola, qué tal morena?
-Tardé lo suficiente
-No es cierto, llevo esperando ya mucho tiempo, no ves cómo he quedado
-No puedo verte, pero te siento, te pido perdón yo quería partir antes, te extrañaba
-¿Ya has visto al chico?
-Claro fue él quien me ayudó a salir de allí, me dio la mano y tiró fuerte acompañándome en la partida
-Viene muchas veces y sentimos juntos, ahora también estás tú
-Ahora somos ya tres para prestar ayuda y vigilar por los que se quedan, que hasta ahora hemos estado muy protegidos por vosotros
-Pronto los verás a todos, pero no aquí, nos reunimos a su diestra y observamos recibiendo órdenes
-Hay mucho trabajo nadie de los de allí imagina lo corto que a veces es el camino hasta llegar aquí
-Tienes razón y lo complicado que resulta cuando no quieres partir (se escucha decir)
-¡Hola, hijo, ya está aquí el papá!
-Ya lo siento mamá
-Ahora estáis unidos otra vez, que contento estoy, unidos con el hilo que borda el final de la vida
-Verdad hijo, toda una vida y al final te une la muerte a todo aquello que quieres, es la única verdad que existe.
-Mirar lloran por nosotros, si es que somos tres ausencias irremplazables
-Es cierto, mamá, pero mi hermana es fuerte y con nuestra ayuda sabrá llevarlo. Verás, voy a hacerle una señal, ella ya lo sabe, somos energía y nunca nos alejamos del todo.
-Cierto hijo, hazlo como cuando aún estaba yo allí
-Está bien papá, unamos nuestra luz para todos los que sufren nuestra ausencia…

“Y mientras se escribía esta conversación pendiente, la luz del salón jugaba a su antojo, haciendo que todos los que sentían aquellas perdidas, se sintieran conformados con el bordado final que había adornado su partida”

©Adelina GN

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MELANCOLÍA

MELANCOLÍA https://elpoderdelasletras.com/melancolia/
Era su rostro el cuadro más expresivo que jamás un sentimiento de culpa pudiese mostrar. Su mirada moría de agonía viendo en ella la amargura por el desconsuelo de otra muerte.
Culpabilidad asumida que no eximida, pudría la conciencia de Irene, que sumida en la gran fatiga de cargar con aquel incumplimiento de la confianza, le destrozaba cada instante de su vida.
Difícilmente podía respirar, cada suspiro de amor la abatía, tristemente su llanto no la aliviaba. Aquello no debió suceder, la joven no tenía que haber superado nunca los límites de una supuesta infidelidad.
Compungida por el suceso miraba cada mañana por la ventana, apartaba el cortinaje que la cubría y melancólica recordaba aquella escena.
Dos caballeros se batían en duelo, uno defendiendo el honor de su amada. Otro, el que pereció al descubrirse por ofrecerle a ella un beso, ese era su amado, quién así se declaraba inocente.
En consecuencia un asesinato legal por una deslealtad infundada, que causaban ahora la aflicción desconsolada de una herida sin curar, que siempre dolería.
©Adelina GN

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EL PESO DEL ALMA

Era su canción preferida, la que desde su ausencia escuchaba con asiduidad. Me la llevé conmigo, ella amenizaría el momento en el cementerio. En el día de Todos los Santos, dicen de aquel lugar, que las almas juegan entre los arboles, a merced de que algún gato travieso intente alcanzarlas. Eso quise imaginar, que la suya vendría hoy a casa conmigo, al ver al felino acercarse con su ronroneo a mi lado. No dejé un instante de llorar, de recordar cuantas veces aquel tema sonó para nosotros. El peso del alma, 21 gramos que perdemos a la hora de nuestra muerte.

https://lidiacastronavas.wordpress.com/2018/11/01/escribir-jugando-noviembre/

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SOY CULPABLE

Querida te escribo esta nota porque me siento culpable…
Jamás pensé que pudiese hacer aquello.

Cuándo creí que nadie me veía tomé aquel cuchillo ahora ensangrentado.
Allí mismo en la cocina lo abrí en canal.

De su interior salía la sangre que ensució la herramienta carnicera.
Tendrás que perdonarme amor, pero no lo pude hacer mejor.
Después me ensañe con él, no sabía cómo hacer para no dañarla y le quité la piel.
Sé que me vas a odiar, pero no quiero que así sea.

Espero solucionar este desastre que hice con la pieza de carne que me dejaste para la cena.

Cuando venga de cervecear me pondré a limpiar la cocina.
Posdata: Está en el horno.
¡¡Qué no se queme, cariño!!

©Adelina GN

LÁGRIMAS DE DOLOR

Aún con los ojos cerrados y dejando caer su cuerpo con desánimo, sentía como aquellas dos lágrimas caían, dejando mojada la trayectoria vertical que iba desde sus ojos hasta su mentón, para luego sin remedio caerse al vacío… Lo mismo que ocurría cuando la arboleda pereció al fuego controlado para su reproducción, lloraba entonces la secuoya esperando aquel necesario calor que culminaría su germinación.

©Adelina GN

TFGP.

PARA TI

Microrelato en 50 palabras ✍️

Lo vio sentado en su despacho
¿Para qué me llamaste?
¡No quiero que te vayas!
¡Eres un hombre obsesivo!
¡Ahí te quedas!
Él continuaba gritando…
¡Vuelve te ofrezco mi corazón!
¡Quédate conmigo!
Le dio lastima, ya no gritaba y regresó,
Viendo como con su mano ensangrentada el corazón le entregaba.

©Adelina GN