Destino: SETNATUM

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Soy la voz en off de esta historia…
Desde aquí contaré cada escena que leas en estas líneas.
Cada hora la puerta de aquel almacén se abría y con mucho cuidado trataban a los que aquellos hombres traían maniatados.
Hasta un total de diez llegaron a ser, hombres y mujeres, acostados en las camillas de aquel diáfano lugar, que a pesar de todo, era lo menos parecido a un hospital. Por muchos departamentos equipados con el mejor material de investigación.
Les manipularon, eso era una realidad…
¿No los veis? Andan desorientados, es algo extraño, pero…
Pasaron unos días, y ahora nos vemos volando sobre aquella isla, sorteamos las palmeras, alguien nos espera allí.
Aterrizan, pero los pilotos no abandonan la avioneta, uno de los soldados deja a los viajeros en tierra y sin pensarlo suben a la orden de “Nos vamos” que gritó el superior.
Ahora se escucha a una de las mujeres decir: Alguien sabe dónde estamos…
Nadie le contesta, al contrario, su mirada perdida la advierten de que a los demás el tratamiento los ha dejado en otro momento y por ese motivo no reaccionan…
Alguien sale a su encuentro, el cortejo de bienvenida no alarma a nadie, únicamente a la joven que les habla. Y la que les grita ¡Quiénes sois!
Pero ellos tampoco le responden, se acercan con sigilo, y soy yo, la voz quien les dice que los sigan…
Mientras la joven no afectada por las drogas, mira como los miembros y los cuerpos de sus compañeros, van mutando de manera invertida, al revés…
Y es ella misma quien les coloca una de aquellas máscaras blancas, qué no sabe cómo han llegado a sus manos.

Adelina GN

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EL TIEMPO APREMIA

EL TIEMPO APREMIA

#damelahistoriatu

La historia se repetía, Irene volvía a encontrarse en aquel punto de partida. Pero esta vez su gran afición la llevaría muy lejos o al menos aquello era lo que ya todo el mundo le decía.
Adoptó la misma posición que la instantánea de aquellos años, tomada desde la parte alta de la estación. Alguien se la había hecho llegar anónimamente aquel día. Ahora la miraba con alegría, la acunaba entre sus manos, mientras esperaba el momento que la llevaría a presentar sus letras, su trabajo.
Igual que aquella vez su ilusión no se escondía, la inspiración seguía activa, ni un ápice disminuyó en todos aquellos años. Por lo que la expectación ahora le brindaba la posibilidad y era más fácil de convertirla en éxito.
Mientras miraba la imagen observó que todo lo que estaba a su alrededor se iba desenfocado, tenía que darse prisa o llegaría hasta ella aquella difuminación del momento.
El tiempo apremiaba, Irene se apagaba, pronto sería un escrito más entre los de sus compañeros, un ejemplar situado en las antiguas y viejas estanterías de las bibliotecas.
Formaría ahora parte de ese colectivo escogido por sus méritos literarios, en una comunidad de alienígenas. No sabía dónde, ni cómo, pero acertaba al pensar que ahora era posible. Nunca más a la decadencia de la escritura, jamás la literatura moriría a pesar de que de la faz de la tierra los escritores desaparezcan.

©Adelina GN