ESCRITO AL AMANECER/El paso del tiempo…

ESCRITO AL AMANECER/El paso del tiempo…

 

El curso del tiempo quería preguntar, qué pasa si camino torcido…
El caminante desvalido contestó: Hazlo, pero sigue guiando mis pasos…
Caminamos en la misma dirección…
Sí, contestó la vereda, juntos llegaremos al final…
Yo me quedaré en él, objetó el polvo…

©Adelina GN

MI VIEJO

https://lidiacastronavas.wordpress.com/2019/05/01/escribir-jugando-mayo/

Es tiempo ya de que os cuente este secreto que pronto tendré que experimentar.
Lo vi abrazando aquel viejo cofre que a su vez era un reloj y que nunca sacaba de la vitrina. Llevaba tiempo diciendo qué… “Un día de estos dormiré profundamente, no intentéis despertarme, habrá llegado el momento en el que soñaré mi último sueño”
Acomodó entre sus barbas de casi cien años, como su tesoro, el tiempo que le quedaba para soñar y fue, poco a poco cerrando los ojos.
Mi viejo quedaría dormido, sería otra estrella en el firmamento. Y allí plácidamente soñaría por siempre.

Adelina GN

reto-mayo

EL TIEMPO APREMIA

EL TIEMPO APREMIA

#damelahistoriatu

La historia se repetía, Irene volvía a encontrarse en aquel punto de partida. Pero esta vez su gran afición la llevaría muy lejos o al menos aquello era lo que ya todo el mundo le decía.
Adoptó la misma posición que la instantánea de aquellos años, tomada desde la parte alta de la estación. Alguien se la había hecho llegar anónimamente aquel día. Ahora la miraba con alegría, la acunaba entre sus manos, mientras esperaba el momento que la llevaría a presentar sus letras, su trabajo.
Igual que aquella vez su ilusión no se escondía, la inspiración seguía activa, ni un ápice disminuyó en todos aquellos años. Por lo que la expectación ahora le brindaba la posibilidad y era más fácil de convertirla en éxito.
Mientras miraba la imagen observó que todo lo que estaba a su alrededor se iba desenfocado, tenía que darse prisa o llegaría hasta ella aquella difuminación del momento.
El tiempo apremiaba, Irene se apagaba, pronto sería un escrito más entre los de sus compañeros, un ejemplar situado en las antiguas y viejas estanterías de las bibliotecas.
Formaría ahora parte de ese colectivo escogido por sus méritos literarios, en una comunidad de alienígenas. No sabía dónde, ni cómo, pero acertaba al pensar que ahora era posible. Nunca más a la decadencia de la escritura, jamás la literatura moriría a pesar de que de la faz de la tierra los escritores desaparezcan.

©Adelina GN