MUSA

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MUSA

Cuando mi pensamiento es un sueño que visualizo y en mis ojos se refleja. Adoro mi incómoda postura que mi cuerpo muestra para su creación.

Mutua veneración existe entre nosotros, musa y creador, almas unidas por el mismo querer, el arte.

Te espero paciente, cúbreme de tus colores que excitan mi piel, apoderándose de cualquier matiz de su natural color.

Sufro de la fastidiosa hechura que mi atuendo nipón adopta frente a ti, mi autor, el fundador de mi variada estampa.

Fusiona tu amor en mí, soy pincel de un solo artista, musa de un único progenitor.

“Nota de amor expresada en un lenguaje de palabras que sumisas se esparcían en aquel papel dócil.

La joven modelo aterrada por llegar a ser una más entre otras muchas, prefiere la entrega sin nada a cambio, ofreciendo su cuerpo para ser copiado.

Y con aquella infinita desesperación sigue escribiendo su nota suicida, que hará surgir en el pintor la admiración.

No se había dado cuenta, él, que en repetidas ocasiones la escogió para ser su musa, la muchacha se mostraba enamoradiza. Pero sin duda la adolescencia en ella estaba a flor de piel.

Breitner su autor la encasilló en los exóticos retratos de coloridos kimonos, haciendo que frente al espejo la modelo mostrase su lozanía escondida en los trapos que pudiera ser, como costurera, ella misma hubiese creado también.

Aquellos grabados japoneses la inmortalizaron, apartaba del pintor, cuando con anterioridad, había partido a otra ciudad, Geesje Kwak, moría, arrebatándole la vida a los 22 años, la entonces terrible tuberculosis”

Me vestiste de colores pulcros con el kimono blanco, el que mi inocencia exhibía en tus orientales pinturas.

Y de rojo pasión en aquel otro en el que el retrato perpetuó mi imagen.

No entendí nunca tu amor por mí, intentando siempre que fuese ansioso, desembocó mi trémulo corazón en un agitado volcán.

Huyendo de ti calmé aquel fogoso pálpito que me decía que solo tu pasión por el arte, desfogaba tu virilidad y hombría sobre mí.

Por eso escribí, dejé dicho mi testimonio, que mi delicado atuendo tan solo sirvió para vanagloriarse el arte.

Tú no fuiste mi dueño, ni hurgaste en mi lienzo desnudo.

Qué jamás te tachen de lo que no fue, de lo que no hiciste…

Qué fui yo, no lo dude nadie, mi inocencia murió al dejar de pintarme.

Adelina GN

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