CON SENSUALIDAD TE DIGO

CON SENSUALIDAD TE DIGO

CON SENSUALIDAD TE DIGO

Eres tan sensible que al ver acercar mi mano, te escondes. Eres igual que un diminuto ser que se cubre por miedo.
Deja que te acaricie, viendo cuando estoy contigo y con el simple roce de mi piel te excitas, deduzco que quedas impresionado, y no dudo en pensar cuando te besan con lujuria.
Déjame que te diga, pero atiende, eres mi mejor amigo y yo te entiendo, sé dónde poner mis dedos para darte placer, con ese arte se nace. No tienes rivales, ni comparaciones perfectas superan lo que siento contigo.
Te digo que es de vértigo al llegar al orgasmo contigo. Sensaciones mil emanan de mi cuerpo, y erguido, vanaglorias el instante, ese minuto, que en ocasiones quisiéramos que fuese interminable.
Con sensualidad te digo, mi amigo incansable, compañero de mi impaciencia morbosa, de momentos de clímax desbordantes, no tienes edad.
Nos conocemos desde siempre, siempre hemos coincidido es esos períodos en los que la soledad íntima nos llena de gemidos sordos.
A ti a mi pequeño apéndice de deleite y complacencia, a ti te digo que me hagas vibrar de ardor, explotando mi satisfacción siempre al máximo.

Adelina GN

EN EL CALOR DE LA NOCHE/Erótico

EN EL CALOR DE LA NOCHE/Erótico

EN EL CALOR DE LA NOCHE

Después de aquel día tan agotador en el que el sol había calentado a su antojo, sin dar tregua, era ahora en el presente amanecer cuando el sofoco seguía en su cuerpo. Mandi se asomaba a la ventana, apenas veía desde allí a cuatro jóvenes que perdidos en el tiempo quedaban descarriados por la piscina. Aquellos personajes festivos eran los últimos de aquella fiesta a la que había asistido y que ya hacía dos horas que había terminado. Ella ya llevaba cuatro descansando de su cómoda cena con Luis, vacía de toda clase de excesos, descansada de alteraciones nerviosas y desierta de cualquier estímulo. No era que no lo necesitase, pero el conservador de su acompañante en aquella noche, aún siendo ella quien corrió con todos los gastos de aquella velada, no pronunció la palabra lujuria en toda la noche ni para a hacer un gracioso chiste. Estaba claro que pudiera ser que ni él mismo tuviese necesidad de llegar hasta aquel punto, por edad o situación, pero ella, la señora, como la habían llamado en la mañana, cuando puso su cuerpo a broncear, le apetecía amortizar el gasto económico que resultaba de aquella escapada a la playa en un fin de semana en el que nadie la iba a notar a faltar. Su abanico se esforzaba en darle el aire que le comenzaba a faltar, cuando de pronto, descubrió saliendo del restaurante hacia la orilla de la piscina a un galán que con su copa en la mano miraba hacia arriba, fijándose y no por casualidad en el balcón de su departamento. No podía creérselo Sergio se había acordado y ella lo había olvidado, aquel chico que la había titulado como señora por la mañana, mientras embadurnaba su espalda con la crema solar, no olvido la cita burlona que ella misma había montado para no violarlo en aquel preciso momento. Cuando devolvió la vista a sus ojos librando de la fantasía a su mente, descubría que el adonis perfectamente dotado de cuerpo y mente, había desaparecido. Escuchando como golpeaban la puerta acto seguido a darse la vuelta para volver del mirador a la habitación. Posponía la voz de “Adelante” mientras su cuerpo se estremecía al evocar a sus sentidos aquellas manos resbalando sobre su cuerpo, pensando como abarcaba su cuerpo, cuando estando mostrando su espalda, las manos de aquel hombre joven se anclaban en su cintura. Un largo soplido se escapó de su interior, siendo esa la causa de que Sergio entrase en la habitación, contribuyendo a que los sentidos de Mandi fuesen activados al completo. Sentía un estímulo en cada punto estratégico de su femenino y adulto cuerpo. Mientras él, se acercaba a ella posando su mano fuerte y joven en su sudorosa nuca, acercando su cabeza de aquel modo tan sensual tan cerca de la suya, que Sergio notaba su agitado aliento. Y ella algo que no quedaba en tan alta posición. Pero ahí no terminaría todo, su otra mano, la izquierda, recorría toda la espalda de Mandi usando la acción que utilizó en la mañana, pero esta vez con su receptora vestida con aquel camisón de seda que sustituía a la crema contribuyendo a que el masaje fuese completo y placentero para los dos. Sin duda todo no quedaría en aquel acto, sin dudarlo no sería así, pero la duda queda para la imaginación, para que lo erótico de la escena pueda quedar sutil y mágico. Encontrando en la magia nuestra mejor arma de seducción. Hacer volar ese don de pensar y seguir dando vida a los sentidos, que aunque parezcan dormidos, siempre que los evocas se presentan en tu cuerpo, como un olvidado acto de recibir la crema para que el ardiente sol no nos queme.

©Adelina GN

CON EL MIEDO DENTRO

CON EL MIEDO DENTRO

El miedo a lo desconocido siempre había sido un motivo en la vida de Irene para querer investigar aquello que creaba enigma.

Había llegado al oscurecer, la noche era tétrica se movían por el viento todas aquellas ramas que estaban cerca de las ventanas. Aquel sonido característico la ponía nerviosa, decidiendo darse un baño para relajarse.
Entró despacio en la bañera, el agua iba empapando su piel mientras se sumergía. Rodilla, muslo, poco a poco hasta que se sentó en ella.
Sus pechos tersos se quedaron fuera por lo que sus pezones se pusieron duros. El sonido crispante la volvió a estresar. Pero ahora no iba a salir de allí toda mojada, así que atemorizada como estaba tomó la manopla y la pasó despacio por sus pechos húmedos. Todo aquel conjunto de sensaciones la terminaron excitando, llegando rápido a comenzar a masturbarse.
Estaba sobrecogida había escuchado como la puerta de la habitación se había abierto y cerrado muy despacio, chirriando como en la más terrorífica película de miedo. Aún presa del pánico Irene llegó al clímax, gozo de aquellas caricias a las que estaba acostumbrada. Por eso aunque llena de pavor y desconfianza soñaba con que alguna vez sus sueños se cumplieran. Y que alguien, quién fuese la tomase y la hiciese disfrutar.
Su cobardía le impedía salir de allí, el agua se había enfriado y además de por el miedo, su desnudez provocaba que su piel se erizase. Alcanzó la toalla se levantó, de su cuerpo en aquel momento escurrió toda clase de fluidos no solamente el agua que dentro de ella había quedado. Despacio camino cubriéndose con la tela de rizo, descubriendo que la ventana estaba abierta.
Estaba cansada, no quería que el miedo fuese el motivo por el cual ella se excitase. No era la primera vez que alquilaba aquella habitación por noches para pasar una velada asustada y aliviarse ella sola.
Sabía que con un poco más de dinero podía tener un acompañante, pero nunca se había atrevido. Qué tontería, se decía, será por miedo, eso es lo que realmente me excita… Descolgó el auricular del teléfono, pidiendo su amigo de compañía por horas.
Estaba amaneciendo e Irene no dejaba de gemir, su respiración era agitada, gritaba y sollozaba. Su piel escaldada se veía rojiza, por sus poros casi sudaba sangre.
A pesar de todo aquello y aún con el miedo dentro, le pedía a su compañero de amor, que no parase.

©Adelina GN

LE PEDÍ QUE ME ABRAZASE/Erótico

Ejercito mis dedos entumecidos por el frío. Estoy a un instante de recordar aquel momento en Venecia. Aquel lugar que puso cimientos a mi amor. Aquella experiencia que jamás olvidaré.
Por tal motivo lo escribo, no quiero olvidar, quisiera siempre recordar. Pero será difícil, mi enfermedad avanza y llegará ese fatídico día en el que mi masa gris enferma no me lo permita. Ahora que aún siento lo quiero volver a vivir, dicen, que quedan esos momentos en los que te has recreado y has sido feliz.
Y quiero que sea aquel en el que le pedí que me abrazase…

El panorama era magistral, no la vista, desde el motel al que me llevó Piero después de la fiesta. Un joven italiano que no podía ser más alto. Toda aquella agua misteriosa que bebimos nos perjudicó y mucho. Despertamos sin saber ni quienes éramos, pero, eso sí, satisfechos y con amplias sonrisas. No había duda de que la cosa fue bien, pero sin recuerdos.
Decidiendo así volver a iniciar aquella tertulia amorosa que había concluido unas horas antes y al parecer con éxito. Comprobaríamos si tal y cómo iban reaccionando nuestros cuerpos a las caricias había concluido bien.

-No, por ahí no, le dije. No sé si anoche pudiste, le pregunté. Me levantó por la cintura y muy caballeroso me dio la vuelta y me dijo; que él tampoco se acordaba, dejando aquel intento de sexo anal nulo.
Acto seguido sus dedos se enredaban en mi pelo, en la postura más tradicional me amaba. Su dorso aplastaba mis pechos, obligándome a respirar con fatiga, pues su peso me impedía hacerlo. Mis manos recorrían su espalda, anclándose en sus nalgas, sin desear que me dejase de amar, clavaba mis uñas en sus glúteos.
No era mi intención, pero le hice daño, apartándose algo molesto. Pero lo que creí yo, pasó a un segundo plano…
¿Quieres guerra? Me decía sonriendo, e indicándome que optásemos por adoptar la postura del sesenta y nueve. Aquella me gustaba más y de hecho me gusta. Esa tampoco me gustaría que se me olvidase, la recordamos a menudo.
Fue una noche inolvidable, quiero que quede siempre en mi mente y que jamás se me olvide el momento aquel en el que por primera vez deje de ser virgen por detrás.
Después de aquellos juegos que por su parte ya estaban premeditados, estaba completamente lubricada. Excitada al máximo, volvió a ponerme de rodillas, abarcando con sus manos, él entonces mis nalgas y despacio, muy despacio me penetró. Notando cómo para él la experiencia estaba siendo también grata, ya que su miembro cada vez estaba más duro.
Podía escuchar mis propios gemidos de dolor, convertidos por su delicadeza al moverse en suspiros placenteros. Mi piel sudaba y se estremecía a cada sacudida de su cuerpo sobre el mío…
La verdad que no lo olvidaré, han pasado ya varios años y quiero que quede grabado en mi cerebro aquel instante, sobre todo cuando al terminar quedamos tendidos en la cama y le pedí que me abrazase.

Así terminaba aquel relato que Piero leía a Irene. Cada día después de amarla en aquella postura que entonces ella permitió por amor. Él acataba ordenes y ahora después de su olvido, ella quería recordar y pedirle cada vez al terminar, que la abrazase.

©Adelina GN

PENSAMIENTO ERÓTICO

Ya que mis sentimientos no se escuchan, que mi esencia me delata.
Dejaré partir mis gemidos, que no escuchas, que no calmas.
Tomaré aquel camino que de niña decían; hería.
Haré que mis manos temblorosas conozcan de nuevo mi cuerpo.
Cambiado sin duda por el paso del tiempo.
Añorando ahora tus besos, tu cuerpo.
Tu belleza masculina que saca de mí la fiera, el ama.
Tiemblen pilares del mundo que caerán desplomados ante el orgasmo.
Qué quieres, qué pides, dime, que sierva de tu amor te daré.
No importa el tiempo, ni la hora, ni el momento.
Desearás que te ignore, perderás el aliento, respirando de mis besos.
Créeme es cierto, te extraño, te espero.
No te demores, ya siento, suspirando te nombro.
Me delato ante ti, ya escuchas mis sentimientos…

Ahora, ámame o muero.

©Adelina GN

Extraño despertar/ Desafíos Literarios/ Erótico

Aquella escena que se avecinaba por los acontecimientos que estaban cercanos a suceder, era muy conocida en el mundo de las infidelidades. Uno de aquellos dos qué se encontraban disfrutando de los placeres del sexo, se sobresaltaba al escuchar entrar la llave en la cerradura o al escuchar un simple “Estoy aquí”.

El cuerpo del delito casi siempre resultaba estar desnudo, y el escondite preferido era aquel armario que dejaba de esconder a la otra parte cuando se salía de él o cuando la ocasión requería una excusa poco ortodoxa e incrédula para el engañado o engañada.

La historia que leeremos ahora no es una historia convencional al uso o por lo menos a mí no me lo parece, no tendremos el típico armario, pero es posible que salgan de él. Igual la infidelidad es sufrida por dos motivos y no por el mero hecho de acostarse o liarse con el mejor amigo del marido o la mejor amiga de la mujer.

Será cuestión de comenzar a escribir y dejar para otro momento los convencionalismos y las normalizadas relaciones que existen en los relatos eróticos. Nos sumergiremos en un total control del orgasmo controlado, del éxtasis producido por el morbo, por explicar cómo puede ser la infidelidad a dos bandas.

Nos situamos: Marga ha ido a visitar a su madre que está delicada, Sergio aprovecha para ver una de esas películas que no da tiempo a verlas terminar. En cualquier caso las retomas después de unos juegos manuales que aprendiste hace años y que sustituyen al sexo cuando alguien o algo, te calentó.

La causalidad se aproxima, sí, no me equivoqué, no hay casualidad sin causa, de ahí mi juego de palabras.

Llaman a la puerta y Sergio vuelve a quedarse a las “puertas” de un goce que no termina de llegar.

Es la vecina del ático, esa joven que lo mismo tiene pareja, cómo qué por la noche se pasea a tirar la basura provocando a quien la contempla con sus transparencias veraniegas, ésas que dejan ver sus pechos duros y bien formados.

Viene pidiendo guerra, se nota a la legua, pero te pide sal, sabe que Marga no está, vi cómo la saludó al salir de casa esta tarde.

No es la primera vez que se me insinúa, pero en otras ocasiones iba con mi mujer y no había tanto peligro, hoy estoy solo y qué hago, la dejo entrar, será mejor, los vecinos nos pueden oír y sería peor.

Estuvimos conversando, al final saqué dulce de membrillo traído del pueblo, imaginé que terminaría comiendo salado al final de la noche. Y así fue, efectivamente, Marí quería plan, no se cortaba, a los pocos minutos de sentarse en el sofá sus piernas se cruzaban insinuantes mostrándome la falta de ropa interior. Me puso cardíaco, no atinaba a poner la copa que me había pedido, mi pulso se aceleraba y ya se me notaba bastante, temía que en aquel momento fuese a llegar Marga, pero no, menos mal que mi suegra la pobre empeoró y dijo que tardaría.

Al sentirme un poco más confiado me relajé y entonces comenzaron las risas, los roces, los besos y al final terminamos en la cama. Marí era tan distinta a Marga que preferí que no me contase nada y descubrirlo por mí mismo.

La desnudé, la cubrí de caricias, investigué cada centímetro de su cuerpo no sabía si aquella ocasión podría volver a suceder, quise disfrutar y disfruté de ella al máximo, pero, éso sí, antes terminamos con la botella de “Chivas” recién empezada, ósea que el colocón fue de primera y se supone que la dormida monumental, ya que al despertar…

Fue un despertar bastante extraño el que tuve amigos, estaba solo, desnudo, pero sin apariencia de haber consumado. Cómo Marí me había dejado allí tirado y aún borracho, qué no le gustaron mis quehaceres sexuales, no sabía que pensar y me levanté. Todo me daba vueltas, y me senté al borde de la cama. El espejo me estaba delatando, mi cara estaba verde y por segundos palidecía, la sensación era de fatiga y de decepción, cómo no me habita dado cuenta, no escuché la cerradura, ni su voz había resonado en mis oídos, pero Marga había vuelto.

Y allí estaban las dos, las vi por el espejo, sus cuerpos se unían de un modo espectacular, sus movimientos eran armoniosos y su silencio… Su pasional mudez en aquel momento provocó la mayor de las erecciones que había tenido y creo que tendré, haciendo en aquellos instantes, que mi problema de eyaculación precoz volviese para siempre.

Deli

Colaboración de Adelina GN https://desafiosliterarios.com/secciones-tematicas/erotica/extrano-despertar/#

LAS VACACIONES

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Escrito por : Adelina Gimeno Navarro el 20/09/2018

LAS VACACIONES

Nada más poner un pie en casa, comenzó en mí la desesperación. No podía creer que todo había terminado ya, y hasta el año que viene no tendría la oportunidad de volver a disfrutar de aquel joven. Nadie sabe mi vicio o mi entretenimiento, o tal vez desde ahora lo llame terapia, quién sabe lo que haré. Procurar que no se me note será un gran reto, termino siempre igual, con las manos pegadas a mi cuerpo, acariciando allá donde sé que me gusta. Pero Carlo ha dejado una huella enorme en mí. Tanto me ha marcado ese chico, que no dejo de pensar en él y en esos días de ensueño en Ibiza. Sus ojos, su boca, su piel me dejaron prendida del éxtasis, haciendo el calor lo propio y provocando que subiese en mí la temperatura.

Rosa no dejaba de recordar, desde que aterrizó en Madrid y nada más pudo encender el móvil, el primer contacto que buscó fue el suyo, aquella dependencia no era normal, pensando en cada momento, en el bello y experto amante que le resultaba el galán.
Allí estaba sentada en el sofá, tirada como un trapo, con el calor típico de aquellos días de tormenta de verano. Pensando en él y en las vacaciones, en sus caricias, en sus besos…

Ella pensaba que no iba a poder apartarlo de su mente, que ya nada ni nadie podría calmar sus ansias. Debía de pensar, se dijo, qué únicamente fue un afer sin importancia, que no debía de obsesionarse. En ese instante su mano derecha palpaba su seno izquierdo y su otra mano se abría paso entre sus muslos, acariciando con una delicadeza máxima aquella parte de su cuerpo falta de amparo amoroso en aquel momento.

Sintió pasos y sobresaltada intentó darse la vuelta para ver, pero en segundos la agarraron del pelo e hicieron que su nuca quedase reposada en el cabezal del sillón…

-¡¿Así, te gusta?!
-Sí, pero más fuerte

Pregunta y respuesta fueron silenciadas por sus besos, sus caricias no tenían fin y el roce de sus cuerpos les llevaba a sentir un placer sin límites. Aquellos juegos eróticos habían ocurrido muchas veces, Carlo entraba a sabiendas de Rosa en casa, violando su intimidad, mientras ella jugaba con su cuerpo. Él le robaba el protagonismo a sus manos, cargado de envidia irrumpía en casa y con el consentimiento de ella la violaba o mejor dicho, Rosa se dejaba amar de manera violenta.
Ya habían tenido sus vacaciones, ahora tocaba volver a la rutina y para ello los dos necesitaban esa complicidad que hacía que su amor no se estancase en la monotonía.

Así pues y sin mediar palabra, sus cuerpos fingieron no conocerse y a la par iban descubriendo nuevas sensaciones y nuevos placeres que les ofrecía aquel juego erótico.
Su piel lucía desnuda, aún rojiza por aquellas caricias en ocasiones dolorosas, y ahora a pesar del calor Carlo, colocó un cojín tapando su miembro, echando la tela protectora del sillón sobre Rosa, que no dejaba de acariciarse.
Debería de estarse quieta, pensaba él, mientras ella cuando vio su acción le preguntó, obteniendo una inminente respuesta…

-¿Qué no quieres jugar ya?
-¿Qué quieres el desempate?

Y volviendo el acero a su vaina y nunca mejor dicho, volverían a comenzar su particular terapia de pareja.

Deli

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FANTASÍAS IMAGINADAS Obrapropia.com

SINOPSIS
Partiendo de la base de que todo en la vida puede llegar a imaginarse, estas cuatro fantasías que tendrán las actuales protagonistas de mi nueva narración con matices eróticos, vendrá a dar la frescura que quiero que en sus líneas leáis, ahora que el día se abre y se hace más duradero. Teniendo en cuenta que el tiempo lo podemos dosificar, dejar unos minutos para el relax y tomar un café en la plaza de la literatura, en la que espero disfrutéis de estas historias. Solo intento que os agraden y como digo encontréis en ellas aquellas fantasías que siempre alguna de nosotras hemos querido tener. Atreveos, intentar descifrarlas, llegar a saber si son ficticias o reales, y cuando lo hagáis, ya me lo contaréis, como si fuesen críticas las espero, ya que toda obra leída, sea cual sea su formato, merece ser analizada por el lector, pues una crítica siempre es constructiva.
2ª Fantasía imaginada en la novela corta FANTASÍAS IMAGINADAS
Aquel nuevo día tenía que acudir al club de golf, allí me esperaría mi marido, un alto ejecutivo demasiado obeso para la actividad que pretendía aprender y practicar, pese a mis insistentes consejos de los que hizo caso omiso, y me citó allí en el campo. Su idea era aprender a jugar, igual casi que la mía, cuando vi llegar a quién sería su profesor.
¡¡Vaya pedazo de maromo!! me dije para mis adentros, cómo tendría una competición con él sin saber nada de aquel deporte, me continué mortificando, pues resultaba difícil creer que con mi edad alguien tan joven quisiera ni por asomo jugar conmigo ni una partida al parchís, sin embargo si bien pensamos en las reglas de tan emblemático entretenimiento, hablan de meter y también de comer, verbos que si en el primero nombrado, no era capaz de llevar a cabo, en el segundo en cuestión hubiese disfrutado como una cerdita por hacer la expresión más agradable a la vista de lo que estáis leyendo.
Nos presentaron y un juvenil beso dejó en mí arrugada, pero muy cuidada piel, su nombre no podía ser otro, o al menos a mí así me lo parecía.
-Esta es mi esposa, él es Riki, mi profesor de golf decía mi marido mientras él como digo se acercaba a mí y dejaba su aroma varonil impregnado en mi rostro.
– Encantada de conocerte…
¡Qué cursilada dije! estaréis pensando, no? Pues no, solo estaba encantada, si no que estaba encantadísima y aunque mis hormonas se iban ya debilitando, en aquel instante toda mi fogosidad afloraba de una sola vez.
Tomamos un cochecito de esos que te transportan hasta el campo y llegamos a el, su manera de manejar aquellos palos frotando de arriba a bajo, para comprobar que eran los adecuados, me estaban poniendo a mil, al igual que hacía con aquella especie de prepucio gordo al que él acariciaba no se con que finalidad.
Me senté en una silla plegable que él mismo me había ofrecido para que no me cansase mientras esperaba a que la clase terminase, y comenzó situándose detrás de mi marido pegando su pecho hombruno a su espalda chepuda, extendiendo sus brazos sobre los suyos y moviendo su cuerpo como en un armonioso baile sensual.
Mis ojos se estaban deleitando con aquella escena, pero no por que el alumno fuese mi esposo, era por imaginarme yo misma entre los brazos de aquel profesor calificado por la fantasía erótica que estaba teniendo, como a un auténtico semental.
Descubrí con aquella práctica de imaginación al aire libre, que se pueden tener inmensos placeres internos, sin la necesidad de que nadie te roce ni un pelo de la cabeza, ni de ningún otro sitio, que en el mejor de los casos ya suelen escasear.
Mi marido sudaba como el calificativo por mi usado con anterioridad para expresarme, como un cerdo vamos, él al contrario su sudor lo hacía más masculino si se podía, su frente brillaba y empapaba con el aquella cinta de toalla, material del que yo hubiese querido estar hecha entonces para absorberlo a él entero.
Descansaron un poco mientras charlaban de las técnicas del golf que a mi marido no le quedaban muy claras, cuando mi atrevimiento fue expresado de este modo…
– Si lo deseas Riki, mientras mi esposo descansa un poco, puedes tomarme a mí y seguir tus explicaciones practicas, me dejo ser tu conejillo de indias y que hagas conmigo lo que quieras.
Aquellas fueron mis palabras, primero para insinuarme y después para que su cuerpo se uniese al mío, así no había excusa para que no lo hiciese, pero miró a mi marido que estaba extenuado por el esfuerzo realizado, el que no era tanto, sentado en el cochecito, apartándose la grasa que le sobraba expulsada en sudor con un pañuelo, pero en fin no hay mal que por bien no venga, y no se dio ni cuenta de que yo iba a tener un desliz casual con aquella masa musculosa, teniendo así la posibilidad de palpar y frotar mi cuerpo en él.
Pero en vez de actuar como lo hizo con mi marido, al ver que su cabeza caía sobre su propio hombro y que se quedaba dormido, procedió conmigo de una manera especial haciéndome sentir toda una mujer. Poniendo vida a mis años en vez de tener que quitarme yo años para poder estar con él y volver a retozar en las mieles del sexo como hacía tiempo que no acostumbraba a hacer.
Deslizó sus manos sobre mis brazos recorriendo con ellas mi piel, dejando unas cosquillas en ella que me hicieron estremecer, buscando mis pechos los encontró, y allí las colocó, apretando de tal modo que un quejido casi sonoro salió por mi boca.
En aquellos momentos el baile antes realizado con su otro discípulo, resultaba completamente diferente, su miembro también en mi espalda pero donde esta pierde su nombre, sacudía mis glúteos insistentemente, mientras besana ardientemente mi cuello.
Me di la vuelta y lo abracé, no quería que dejase de hacer lo que estaba haciendo, pero mi fuego volcánico estaba apunto de hacerme estallar y sin pensarlo dos veces, pues en aquellos momentos no acertaba a pensar, actué y desde su cuello baje mi brazo para terminar agarrando su paquete que se encontraba seguro en plena erección.
Le dejé descubrir que por muchos hilos de plata que adornaban mi pelo y esa grasa abdominal que siempre pretendía esconder detrás de la lencería que llevaba para ello, mi experiencia era más que mi juventud y que seguía dejando huella en aquello que estaba haciendo, para que notase que entonces yo era su dueña, su maestra, y que podía enseñarle perfectamente lo que era el arte de amar.
Al final aquella fantasía que tuve por unos minutos me hacían ver que no hay que quitarse años en la vida para realizar algo, al contrario, hay que ponerle vida a los años para poder disfrutar.
©Adelina GN

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BELLEZA SEDUCTORA

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Ya las doce no darán en el reloj, estoy muy cansado pero, tengo que escribir, está sigue siendo la mayor de mis aficiones, a pesar de que hoy con la pintura he gozado plenamente, mejor dicho me han seducido. Mi querido diario, puede que hoy te cargue de sensualidad, pero que es un cuaderno de secretos, cuando no encierras en el todo aquello que no quieres que sepa el resto del mundo, son pues simples palabras escritas en un trozo de papel, pero cuando ellas se transforman en eróticos testimonios, dejan de ser una fantasía para convertirse en claras verdades.

DOS HORAS ANTES…
Llamaron a la puerta, yo estaba nervioso, no era la primera vez que Angela posaba para mí, aquella vez nos salvó la campana, hoy no permitiría que fuese así, por aquel motivo ya que mis pensamientos se adelantaban a los acontecimientos, no acertaba a dónde dejar los pinceles, por fin los arroje en la mesa, y llegué a la puerta y abrí, su belleza siempre me cautivaba, aquella mirada felina enfureció al león en celo, que podría con sus garras destrozar su indumentaria, para destapar aquellas curvas ejemplares de las que quedaba prendado cada vez que las contemplaba. Le permití que pasase, no podía ser de otro modo y a propósito la hice pasar delante, cediéndole galantemente el camino, retratando de aquella forma de arriba abajo aquel majestuoso cuerpo. No tengo la menor duda de que Angela lo sabía y consciente se contoneaba sobradamente al andar. Ya para entonces sentí como mí “pincel” se endurecía, imaginando sin más a mi modelo dentro de aquel vestido negro, al que solo le faltaba hablar para decirme lo que custodiaba en su interior. Quizás fui demasiado lejos y deje volar mi imaginación, cuando esbocé en ella el dibujo perfecto de su anatomía seductora. Al llegar a la habitación, me preguntó dónde debía sentarse, y ocupando el sillón que le indique, me provocaba haciéndome sentir envidia del contacto de su piel en el. Al otro lado del lienzo mis manos comenzaban a trazar líneas que desnudaban su belleza, solo en dos ocasiones tuve que acercarme a ella para recomponer su pose y al tocarla mi corazón se desbocaba, latía sin control, mi boca se secó de tal modo que mi lengua recorría mis labios cómo si lamiese los suyos, aquellos que carnosos y pintados de un carmín rojo fuego invitaba a ser mordidos.
Cogiéndola de sus hombros desnudos todo cobraba vida en mi cuerpo de nuevo, el tacto de su aterciopelada piel me hacía sentir una maravillosa excitación. Sensaciones que me costaba ocultar, cuando su repentino cruce de piernas me dejo ver que debajo de aquel vestido no llevaba nada. Seguí con mi ocupación, cuando ocupada estaba ya la parte musculosa de mi entrepierna, en el momento que mi trazo en el lienzo dibujaba sus manos, que se dejaron caer cóncavas en aquellos pasamanos del sillón, como si sujetaran en su interior la parte más delicada de un cuerpo varonil. Dos horas mudas relataron la sesión para la que Angela posó para mí, alejándose como llegó, andando sensualmente en su despedida…

Esto ha sido todo mi querido diario, gracias por dejarme explayarme en tus páginas, por dejar escrito en ti esas sensaciones que Angela me provoca y que soy incapaz de expresarlas realmente delante de ella.
Sensaciones que gracias a que mis manos están ocupadas tecleando no dejan que mi imaginación se convierta en una palpable realidad.

©Adelina GN

SABOREANDO EL INSTANTE

Habían pasado varias horas… Caty descansaba sentada en aquella monumental silla del siglo pasado, mientras contemplaba aquella alcoba del hotel decorada con artesanía y donde había sido comensal del majestuoso manjar que Eric le había ofrecido…

Mordió certeramente y con ansia la fresa que junto el cava subió el botones momentos antes. Tan solo envuelta con la sabana, la diosa de ébano recibió al joven, que imaginando demasiado, por el aspecto que presentaba su boca abierta, vio como prescindía de él sin dejarlo entrar.

Caty enterraba sus dientes sobre el sabroso fruto y su dulce jugo resbalaba sin remedio sobre su piel, mientras veía a un Eric desvalido y esposado aún al cabezal ornamentado de aquella cama… Con su postura, aquella mujer parecía que pretendía mostrar sus intimidades al suso dicho, una de sus piernas descansaba sobre el reposabrazos de la silla y la otra se abría sin decoro. Saboreando aquel instante, Caty recordó una infinidad de citas en las que fue ella la que terminaba rogando que le soltasen las ataduras de las que no había podido huir aunque hubiese querido, sin importarle la flacidez que mostraba aquel hombre, incorporándose sobre sí misma dejando caer sus brazos entre sus piernas. De aquel modo se acercaba a Eric, fijando su mirada en su torso, relamiendo el sabor excitante de la mezcla afrodisíaca, de igual modo como en el momento en que saboreó a su musculoso amigo. En aquella ocasión las sustancias no la eclipsaron, se negó a tomar, quería estar por una vez consciente de lo que iba a hacer, por lo que fue él mismo quien consumió toda la droga que traía para la noche de lujuria que había pasado.

Caty esbozó una gran sonrisa, por una vez en aquel tiempo que llevaba trabajando de señorita de compañía, había disfrutado, ya que Eric la dejó que llevase ella las riendas del juego, pasó de ser sumisa a ser el ama implacable que dominaría toda la situación.

Veía entonces los arañazos que sobre su cuerpo quedaron, le escuchaba lamentarse, cuando apretaba con sus labios el pene erecto de Eric. De aquel modo y como ella mandaba, prefirió verle gozar y sufrir, mientras ella satisfacía una fantasía que siempre había querido experimentar.

Los gritos de Eric la excitaban, cada vez que ella intentaba buscar su punto de placer. Sus pezones se endurecían a cada uno de los gemidos de él, pasándolos por sus piernas. Se levantó de la silla dándose cuenta de que había mojado aquel tapizado, se acercó a Eric, volvió a observar y le entró miedo… Recordando que en un momento de respiro él le pidió una de aquellas pastillas, ingiriendola con un gran trago de alcohol, pidiendo que repitiera aquel favor en dos ocasiones más…

Caty se preguntaba, como contaría aquel momento en el que los dos disfrutaron llegando a excitarse tanto que después de tomarse aquello, Eric volvió a tener una exagerada erección, la que ella tuvo que calmar moviéndose sobre él hasta que llegó al orgasmo. Explicándose ahora, el gemido estrangulado por aquel suspiro, que terminó con aquella extraña inercia, inexplicablemente durante tanto tiempo, saboreando el instante.

©Adelina GN

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