LA HABITACIÓN DE ARRIBA

https://m.facebook.com/groups/1866372823646431?view=permalink&id=1867532023530511

Querido diario:
Son muchos los días, y alguna que otra noche que escribo en tus páginas. Ellas han recogido siempre mis dudas, mis enfados y todo lo vivido alegremente.

Cuando crecí y llegué a una cierta edad en la que ya entendía lo que me decían. Mi madre, recuerdo que me sentó en una silla, donde me colgaban las piernas, era una niña, pero parecía que ya debía de saber ciertos aspectos de comportaniento.
Aquel día pregunté…
¿Y no debo de entrar?
¡Nunca! Me contestaban rotundamente.
Se sabe que cuando te prohíben algo, es lo que más ganas tienes de hacer.

Pienso en aquellos momentos y apoyando mi mano en la barbilla, modo pensador, sonrío, ya que a pesar de las advertencias de mi madre, subí muchas veces hasta a aquel descansillo.
Desde allí escuchaba pisadas, cada año eran menos sonoras, no tenían nada que ver a las carreras que oía cuando era una niña.
Las noches las recuerdo muy tristes, mi mamá siempre me dejaba para la última, primero daba las buenas noches a mi hermano pequeño y luego se acercaba a mi habitación, me subía las sábanas y me besaba pidiéndome que yo lo hiciese dos veces en su frente. Era entonces cuando se llevaba parte de mi ropa, y me decía que era para lavar.

Nunca tuve intención de desobedecer, pero muchas fueron las veces que me arriesgué y llegué hasta la puerta, ésto nunca lo conté, ni lo escribí en estas hojas que consolaban mis nervios, cuando pegaba el oido y escuchaba aquel respirar tan agitado como el mío.

Sin duda a llegado el día o mejor dicho la noche, ya que mañana descubriré el secreto de que es lo que se esconde trás la puerta de la habitación de arriba.
Y para que quede costancia de lo vivido, lo escribiré como lo he hecho hasta ahora, en este mi diario.

Querido diario:
Eres mi fiel testigo de las confidencias que no puedo contar.
Gracias por escuchar siempre a mi corazón.
Atento a mis dudas, guardián de tantos secretos.
Hoy te quiero confesar aquello que nadie jamás quiso que supiera.
Quizás por evitarme sufrimientos, por ese motivo no guardo rencor, a partir de ahora tendrán mi ayuda, nunca volveré desde aquellos escalones, atrás, porque la actitud es adelante y sin bajar la cara.
Pensando en que si me veían allí y tan decicida iban a amonestar mi curiosidad.

Subí aquellos escalones, mi hermano prefirió quedar medio escondido, no le entusiasmaba mucho ser mi cómplice, pero para mí ya había llegado el momento de saber.
En el descansillo me detuve como siempre hacía, pero con la idea fija de continuar.
Puse mi mano en el pomo de la puerta y me acerqué a ver si escuchaba algo, pero el silencioso momento, paralizó mi acción de abrirla y aceleraba mi corazón.
Como no tenía mucho tiempo, pues mis padres volverían y me encontrarían allí, me armé de valor, que era bien poco, y empujé la puerta después de mover mi mano para abrirla.

Creí que me caía, la persona que había usado mi ropa se encontraba allí delante de mí.
Una mujer tullida me miraba con ojos de dolor, sus pies no acertaban bien para avanzar y su boca babeaba.
Era como mirarme en un espejo maldito, era mi viva estampa, idéntico rostro ambos, diferenciados solamente por aquellos defectos.

Querido diario:
No puedo permitir que mi hermana esté en soledad por más tiempo.
Mañana hablaré con mamá y le diré que permita que mi gemela viva con nosotros.
Hay que avergonzarse de la malas acciones, no de la vida por defectuosa que sea.
No hay mayor defecto que la falta de empatía con los más débiles.

©Adelina GN

FB_IMG_1563402203127

TU CORAZÓN ESTÁ CONMIGO

TU CORAZÓN ESTÁ CONMIGO

Comenzaba a clarear en aquel mi nuevo hogar. Los rayos del tímido sol entraban a la habitación de puntillas indicando que un nuevo día llenaría mi vida. No podía dormir, toda la noche la pasé recordando, para qué quería dormir, si mi descanso pronto sería eterno. Abrí entonces los ojos y cerré la caja de música que apaciguaba mi falta de sueño.
Me preparé el escritorio, la Sra. Pura que compartía conmigo la habitación dormía todavía, escribiría un poco hasta que llegase el enfermero.
Gran joven Arturo, muy dedicado a nosotras en aquella y organizada institución tan avanzada en los cuidados de los mayores. Adultos de avanzada edad que por suerte habían sido declarados consejeros de la humanidad gracias a su experiencia.
Estaba muy ilusionada, mi cumpleaños sería pronto, casi un siglo y gracias a Dios, mi cabeza no me había abandonado. Quien sí lo había hecho eran mis manos y mis pies, mis ojos y mi boca. Aún valiéndome y estando en unas facultades envidiables, me seguía haciendo falta.
Cinco años mi amor hacía que me dijo adiós, pensé que no debía penar, la vida me había enseñado mucho y aunque en la lejanía, mi familia estaba, y era algo muy importante para mí. Sentir que estaban bien eclipsaba cualquier duda para estar infeliz.
Por un momento los recuerdos envolvieron aquella habitación, y lo volví a ver, se acercaba a mí y me tomaba de las manos, arrodillándose y pidiéndome que me casará con él igual que hizo años atrás.
Aquella boda fue sonada le dije a mi recuerdo, sonreí y me puse a escribir. Luego hay gente que no cree en el amor, ni en el destino, siendo que este lo labramos nosotros mismos. Cuando una pareja se da el “sí quiero” después de una convivencia larga y la vida le da salud para celebrar 25 años de casados más, es sin duda un privilegio para el corazón incluso para la mente. Hacerte participe de multitud de acontecimientos que no todos tienen la suerte de conocer y vivir en plenitud.
Recorrí de una pasada aquella etapa de mi vida, sin olvidar las anteriores, que estaban llenas de tropezones, caídas y vuelta a levantarnos. Unos años duros que ahora ya eran ausencia al igual que lo era el hombre que moldeó mi existencia.
La alegría asomaba a mi rostro casa vez que evocaba su recuerdo y es que ya se dice: Nunca muere lo que se quiere. Y yo seguía queriéndolo, sentía sus caricias, la insinuación con la que, y a pesar de mis arrugas me mostraba. Su corazón estaba conmigo, sus palabras siempre habían sido de esperanza. Me regalaba su optimismo, su vivir tranquilo y confiado desterrando toda pizca de desconfianza haciendo frente a las mías. Ahora lo sentía, me acompañaba en la recta final, un camino que haríamos juntos como siempre planeamos.
Cerré la innovadora herramienta que ahora utilizaba para escribir que nada más con el pensamiento y recreando la mirada en las instantáneas que guardaba en ella. Lo que recordaba se iba escribiendo allí para posibles lectores de mi testimonio póstumo.
Las décadas se sumaban a todo, y en el 2059 el año en que nos encontrábamos y cerca de celebrar mi centenario, esta novedad no era la única en nuestras vidas. Gozábamos de grandes avances tanto tecnológicos, como para la salud, comidas que con un poco de ondas se convertían en magníficos manjares, androides que limpiaban, y órdenes autómatas para mil funciones. Con todo eso y gracias a que también las personas aprendimos hábitos más saludables de vida, la longevidad estaba presente entre todos nosotros.
Pero mi amor no estaba conmigo ese año para mi cumpleaños, ni tampoco lo estuvo años anteriores. Cada uno de ellos había tenido un regalo que él dejó dicho que se me regalaste. Ahora, ninguno fue tan apreciado para mí como el primero después de su muerte.
Pura había despertado y Arturo entraba en la habitación, acerté al dejar de escribir, pensé, mientras, el joven asistente me daba las gracias por haberle facilitado el trabajo. Me ayudó F_id le dije, mi asistente robotizado.
Él me acompañaba a pasear, en todo lo que yo quería realizar sola, como entonces que le pedí salir al patio y disfrutar de aquel sol de primeros de enero. “A b r i. g a. t e. mi. vi. da” con aquellas palabras entrecortadas me lo pedía, tomé mi toca y la caja de música, y salimos de allí.
F_id y yo, nos perdimos entre los árboles, nuestro amor estaba rodeado de naturaleza, ahora solo faltaba escuchar su corazón, sentir el sonido de su inmenso amor hacia mí.
Abrí la caja de música y sonó para los dos, aquel regalo no sería igualado, además no quería que me obsequiaran con ningún otro. Quería dejar de cumplir años, quería estar con él ya hasta la eternidad.
La música de aquel cofre me regalaba cada vez que quería, el latido de su corazón, el que la ciencia había conservado y que me fue entregado meses después de que dejase de latir. Hasta ese punto todo había cambiado en mi vida, todo menos nuestro amor.
Me acerqué a F_id y le besé en su frío rostro metálico, mientras las flores eran testigo de sus cálidos latidos, cálidos latidos de un corazón todavía enamorado de mí.

©Adelina GN

 

UN GRAN AMOR

UN GRAN AMOR

La conocí en la verbena de mi pueblo… 

Era la mujer más bella que había conocido. Nos presentó su prima. Aquellos serían los días más felices de mi vida…
Pero os cuento, ya que estaréis esperando descubrir cuál es ese gran amor…
Hermosa como un amanecer en la playa, me robó el corazón nada más verla.
Educada y sencilla, vestía de blanco aquella noche, portando solo un adorno en su pelo, unas violetas…
Baile con ella durante toda la noche, nuestros movimientos resultaban ya obscenos, por lo que decidimos abandonar la escena donde estaba naciendo un gran amor…
Aquella noche la pasamos juntos, a la mañana siguiente cuando amanecía, desperté y estuve contemplando lo guapa e inmaculada que era, a pesar de todo lo que allí había pasado…
Tomé las flores que sutilmente retiré de su pelo para no estropearlas, cuando dejé su cabeza en la almohada y salí al patio a plantarlas…
Imaginé una bella alfombra de aquellas violetas, si florecían, pero la naturaleza es muy caprichosa y tenía aquella duda…

Un año después…
La incógnita sobre si brotarían las flores, se había disipado, un manto copioso color violeta adornaba aquel rincón de mi casa, bello y hermoso como ella…
Pero era lo único que quedaba de la mujer que usurpó mi corazón y ancló su recuerdo en mi retina al mirar aquellas flores…
Después de haberla amado día y noche no tuvo compasión de mí y marchó al finalizar las fiestas…
Ahora solo llenaba mi vida aquel jardín violeta, en el que una silla blanca como el vestido que la envolvió la noche que la amé, vestía ahora el lugar y en la que reposaba un ramillete de bellas violetas que hacían honor a su nombre.
©Adelina GN

 

MORIRÁN CONMIGO

Siempre conmigo a todas partes, eramos inseparables, no sé que hubiese ocurrido de no ser por ellos.

Pero sabía de otros que los perdieron, y ahora lamentaban aquel maltrato al que los habían sometido.
Esa noche y después de aquella espantosa tormenta, el bosque permanecía en tinieblas, el frío se hacía insoportable.
La lluvia caída nos empapó, el barro y las piedras al arrastrarnos por ellos nos herían.
Aquel inferal camino no había duda de que conseguiría que murieran conmigo.
Toda mi vida fueron mi apoyo, siempre intenté cuidarlos, que no sufriesen, mimarlos y que no tuviesen dolor alguno. Ya que su bienestar era el mío.
Pero ahora era inevitable, los rasguños producidos por aquellos cortes en la piel nos escocían, nos hacían sangrar, textualmente sus rozaduras eran alarmantes.
Al verlos de aquella manera tan extremadamente dañada, me paré y quise remediar su dolor que también era el mío.
Les di una orden, la de descansar, el maltrecho camino nos había perjudicado tanto que no lograríamos cruzar por aquel terrible paraje de arboleda y matorrales, sin hacernos nuevamente daño.
Y así fue cuando me levanté, al primer paso que dimos una zarza se enredó en uno de ellos.
Volvía a llover, sin duda era una de las peores acampadas que había hecho, un terreno encharcado me obligó a abandonar el campamento y tomar aquel camino para la vuelta a casa.
Cruzar el bosque embarrado no me resultó fácil, tampoco para ellos lo fue.
Me habían soportado durante toda la vida, y ahora los estaba destrozando por culpa de aquella decisión de querer acampar en pleno bosque y salir de él en plena noche y por aquel atajó.

No había duda siempre se ha dicho que los pies es la parte más sufrida del cuerpo humano.
Bajé la cabeza, los miré y les dije: No os preocupéis pronto estaremos en casa.

©Adelina GN

https://elpoderdelasletras.com

LA GATA

Había amanecido y Laly veía reflejado el espléndido sol en su ventana. Un maravilloso día le esperaba allí fuera, los gritos de su madre la apartaron de su sueño y recogiendo hacia arriba sus faldas, bajaba los peldaños de la escalera de dos en dos.

Vivía muy feliz con sus padres, pero su ilusión era volar libre, quería partir, ser independiente fuera del dominio de ellos, pero para eso hay que saber y ella no sabía, era lo que siempre le decía su madre.
Era hermosa, todos, podía decir ella que así la veian.
Joven, buena figura y un conocimiento extraordinario para aprender.
Aunque en el pueblo antes que estudiosa veían mejor que una muchacha se uniese en matrimonio y formase una gran familia, haciendo feliz así a su marido.
Eso fue lo que su madre quería comunicarle aquella mañana cuando, le decía que ojalá fuese con aquella cita que le había preparado, cuándo se comprometiese de una vez por todas.
Ella se negaba, Laly no quería ser una ama de casa, ni una mujer sumisa, así que después de una discusión con su madre subió de nuevo a la habitación y espero a que oscureciese para escaparse.

Sin ofició ni beneficio se embarcó en una aventura difícil de superar sin ayuda, pero su ambición iba a más, llegando a una ciudad que la aceptó sin preguntas.
Cambió de aspecto, cortó su larga melena, sus vestidos no eran largos y anchos como los que llevaba en el pueblo, éstos se ceñian a su cuerpo, dejándo ver esa expectacular forma de sus curvas que exhibía sin pudor en aquel antro que le daba una habitación para descansar, después de que allí mismo  realizara su trabajo. Lo que no cambió Laly  fue su nombre, bueno sí, todos la llamaban la gata.
Aquel calificativo no fue tomado a la ligera por sus amistades, sobre todo por los hombres, que comentaban entre ellos sus juegos felinos. Para las mujeres del barrio el apodo se lo llevaba despectivamente y con la mayor crueldad con la que una mujer puede llamar a otra, gata.
La vida que llevaba Laly, no estaba siendo fácil, pero después de no hacer caso de las advertencias, era la que ella se había buscado. Una noche en un descanso de su trabajo en el que era muy demandada, la gata salió a tomar el aire, aprovechando el momento comió un poco y se fumó un cigarrillo.
Mientras con la punta del pie lo apagaba, con mucho glamur, dos gatitos se le acercaron para comerse sus migajas.
Aquella fue la primera noche que de verdad Laly se sintió acompañada, muchas de aquellas en las que había actuado igual, lo único que recibía por parte de algún desalmado era una pedrada de lejos o el robo de las pocas monedas que su labor le dejaba.

Los años fueron pasando para Laly, que vio como sucedió su declive fisico, su pelo crecía pero ya no era tan negro, sus curvas aumentaban de volúmen y en su hermosa cara se iban apreciando las inminentes secuelas del tiempo.
Cada vez eran menos las veces que en la noche descansaba, pues su trabajo era menos requerido, al contrario que pasaba con sus amigos los felinos, que durante tanto tiempo se habían convertido en una pequeña manada.

Esa tarde le dio por pensar, Laly se preguntaba que sería de su vida si aquel día hubiese aceptado la cita que su madre le había preparado.
Si no hubiese huido de aquel modo, ahora sería tal vez la viuda de algún acaudalado del pueblo.
Cuando de pronto alguien la despertó de aquel soñador pensar cuando escuchó decir su nombre…
¡Mira abuelo cuantos gatitos!
¡Quiero uno abuelo!
No cariño esos animalitos pertenecen a la gata, son su única compañía.
Le decía el abuelo a su nieta, mientras señalaba a la anciana que se encontraba sentada en el banco, echándole unas migajas de pan a los  únicos amigos que ahora tenía.

©Adelina GN

¡Oh, oh , oh, oh… Sorpresa!

Os voy a contar una historia que sucedió hace muchos años por Navidad…
Aquella noche… Comenzó diciendo Christi, varios de aquellos chicos ya la habían calificado de soltera excéntrica. Por lo que entre ellos cruzaron miradas y sonrisas burlonas.
Sin que nadie supiese ni sospechase que en realidad, la única protagonista de aquella historia fue ella misma.
Pronunciando aquella frase de introducción a lo que les iba a contar, se dio la vuelta, los miró a los ojos y comenzó a relatar.

Aquella era una noche fría, Denis convencía a su madre para que se acostase, pues su novia quería pasarla junto a él.
-Mamá, va a ser su primera noche conmigo, no seas cabezota y para cuando yo venga con ella, que estés ya en la cama.

Convencido de que lo haría de aquel modo, tomó su gabán, calzó bien su gorro de lana y salió de la casa, cerrando la puerta con llave.
Estaba nevando por lo que prefirió ir dando un paseo, con su madre enferma era raro el día que podía salir y mucho menos de noche. No sabía cómo había podido conocer a esa chica, con la que ya llevaba tres meses de relación. Hoy por fin en una velada tan tradicional le presentaría a su madre. Juntos los tres abrirían los regalos que probablemente les dejaría Santa Claus mientras cenaban. Sacó las manos de los bolsillos y se las llevó a la cabeza…
-¡Los regalos! Exclamó y volviendo sobre sus pasos, regreso a casa, abrió la puerta y muy enojado le gritó a su madre…
-¡Todavía estás ahí! Te lo dije, mamá, acuéstate.
-Aunque bien pensado a ella le gustará conocerte.
Denis siguió hablando con su madre, mientras le arreglaba la mantita que llevaba en las piernas. Dejando los regalos de las dos mujeres de su vida debajo del árbol. Ya estaba nervioso y fue a cerrar la puerta de atrás…
-Así mamá, no te muevas, luego yo te daré las pastillas, vuelvo enseguida.

Esta segunda vez cuando salió de casa la nevada era más copiosa y cogió el coche, mientras lo abría miró hacia la ventana viendo a su madre tras el cristal que como siempre y obedeciendo a su hijo de allí no se movía.
Al llegar a casa de su prometida Denis se llevó una gran sorpresa. La joven estaba indispuesta, le dijo que tenía fiebre y que no podría ir con él. Que iría en la mañana y que entonces le daría su regalo. Un poco desmoralizado regresó al vehículo, lo puso en marcha y salió, mientras esta vez la que lo observaba desde la ventana era ella, pero sin él darse cuenta.
Ahí comenzaron las preguntas a Christi por parte de los que escuchaban.
-¿Era mentira que estaba enferma, se había cansado de él?
-¿Estaba con otro, verdad Christi?
Cada uno daba su versión de los hechos, esperando que la respuesta que diese fuese la de ellos. Todos querían tener razón en lo que alegaban, pero ahora saldrían de dudas, Christi, cruzó su rebeca sobre sí misma y un escalofrío recorrió su cuerpo. Hasta tal punto que tembló y lo apreciaron algunos de sus alumnos.
-¿Qué ocurre profe?
-Nada chicos, me dio frío.
Pero la verdad era que Christi, no había hecho bien en recordar como cada año hacía el desenlace de aquella historia…
Nada de lo que os imagináis es, chicos, ninguno lleváis razón, ni estaba con otro ni se había cansado de él. Al contrarío la joven muchacha en el momento que vio que arrancaba el coche, fue derecha a su armario ropero a sacar el disfraz.
-Ya lo entiendo, dijeron.
-No entendéis nada, dejarme y no me interrumpáis o vais a quedaros sin conocer el final.
Los jóvenes se miraron entre ellos y encogiéndose de hombros o levantando las cejas, quedaron mudos hasta el final del cuento. Aquel que ninguno sabía que era verídico.
Denis entró en casa con una gran seriedad, apenas echó cuenta de su madre, puso la cena en la mesa, cenó y sin recoger nada, se sentó en el sofá. Le daba vueltas a lo que había pasado y le reflexionaba a su madre de esta forma: Mamá no te preocupes, ella no es como las demás, verás, le vas a gustar, ha dicho que vendrá por la mañana…
Poco a poco Denis iba hablando más pausadamente hasta quedarse dormido, en aquel momento se escuchó la puerta de detrás…
-¿Cómo puede ser si él la había cerrado? Preguntaron
-No fue así, estaba tan nervioso que la abrió en lugar de cerrarla, dijo Christi.
Y por ahí fue por donde entró ella vestida de Santa Claus. Portando un saco con los regalos de Denis y de su madre.
Entró en el salón con tanta cautela que no despertó a ninguno de los dos, y gritó: ¡Oh, oh, oh, oh… Sorpresa!
Siendo ella la más sorprendida, cuando Denis despertó de golpe, se levantó dándole la vuelta al balancín de su madre cadavérica y diciéndole feliz y contento…
-Ves mamá ha venido
-Mira que guapa es
-Ella no es como las demás.

©Adelina GN