LA ETERNIDAD DEL AMOR

LA ETERNIDAD DEL AMOR

La vida como el amor si nos lo planteamos de un modo positivo, podemos llegar a creer que en los dos casos pueda ser eterno…

Aquel lugar era hermoso, lo cuento desde la perspectiva que siento al escribir sobre el amor, el respeto en la pareja y la comunicación entre ambos.

Os voy a contar una historia de ficción, un relato romántico, un caso que ocurrió puede que en realidad en la imaginación de algún escritor romántico y que aun siendo imaginario es fácil creer que pueda suceder en la vida real…

Se decía en la ciudad que aquella extensión de naturaleza, llena de vida era lo que sus habitantes necesitaban. Sus flores, sus jardines, siendo la luz del brillante sol de la primavera el que ocultaba sus sombras. Unas sombras debidas a la edad, la madurez que es un grado y la única sabiduría que adquirimos con el paso del tiempo, y aquello les servía entonces de poco…

Hablo de ellos de esas personas que en un momento de sus vidas, quizás cuando lo han alcanzado todo, no entienden nada, no se conocen ni así mismos, y no reconocen que su existencia se cierne ahora tan solo a contemplar el bello escenario donde sus días son siempre el mismo acto a representar… El ocaso de sus experiencias había llegado, un cierto día, sus familiares decidieron llevarlos de visita a un lugar hermoso, y donde sin lugar a dudas estarían mejor cuidados y atendidos…

Hoy es sábado, pero daba igual el nombre de aquella jornada, el medio centenar de enfermos, por llamarlos de este modo, comenzaba como cualquier otro…

Sentados en amplias mesas, alguno desayunaba con la ayuda de su cuidadora, otros hacían lo propio, moviéndose el uno al otro el café, ayudándose juntos a sobrellevar aquel cómodo existir…

La magia del amor les había unido, me estoy refiriendo a Irene y Paco, dos residentes de aquel lugar que ya lo habitaban hacía dos años. Entre ellos había surgido el amor, sin saber el uno del otro, sus corazones sintieron emociones que les delató como enamorados. Aquellos encuentros en la sala de estar viendo la televisión, acariciando él, sus manos y ella arreglando el cuello de su camisa, les daría el regalo de ocupar la misma estancia doble que otros habitaban, y designada por la institución. Tenían una cierta edad sí, pero su amor se había aferrado a ellos, solo sabían que se querían, en ningún momento hubo celos en aquel año que duraba ya la relación, sus paseos por los jardines en los atardeceres de aquellas estaciones ignoradas por ellos, eran la envidia del personal del centro, pues sus compañeros desconocían que era aquello que les estaba pasando…

Por cierto os aviso de que habrá boda, será una celebración a petición de Raquel la joven que de ellos se ocupaba, ya que un buen día Irene, dado su estado mental y sin importarle que su novio estuviese delante le confesó que lo quería y que estaba avergonzada de compartir cama con el hombre que amaba, argumentando a su modo a la enfermera, lo que sus padres iban a pensar al respecto. Deduciendo Raquel que a los padres a los que hacía referencia Irene, eran sus hijos que mensualmente acudían a verla. Así pues la asistenta se reunió con la dirección y prepararon la celebración para complacer a la enamorada Irene. El estado de salud de Paco se deterioraba con facilidad, su demencia avanzaba rápidamente, pero aquellos cuidados de Irene salvaron aquella grave recaída, acelerando los preparativos y cambiando la fecha del casamiento de aquella pareja ejemplar en todos los aspectos…

Aquel último paseo como novios formaría parte de la historia del geriátrico, pues después de verlos salir de la mano hacia su banco favorito, los miembros de él, se situaron en la puerta para admirar aquellas muestras de amor que ambos se proporcionaban…

Ver como Paco pasaba suavemente su mano por el cabello encanecido de Irene y que ella agradeció aquella delicada caricia con un tierno beso lleno de amor, no tenía precio, la entrada principal se llenaba y alguna lágrima asomaba sin remedio a los ojos del público que asistía a la escena romántica…

Había llegado el día señalado, escogido por los familiares, fue el primer domingo del mes de Mayo, el mes por excelencia para aquellos actos. Se habían cumplido todos los ritos, Irene había tenido su despedida de soltera al igual que Paco, por eso aquella noche no dormirían juntos intercambiarán la habitación con dos de sus mejores amigos, a los que les picaría la curiosidad por la diferencia a otros días y seguro seguirían sus pasos. Su amiga la ayudó a vestirse, Irene llevaba un traje negro de ceremonia, el mismo que llevó en la boda de su hijo de la que había sido madrina, a Paco, su amigo, le terminaba de arreglar el nudo de la corbata y se miraba al espejo no reconociendo al padrino de boda que fue un día de su hija con aquel atuendo…

Salieron a la vez de aquellas distintas habitaciones que ocupaban, sus miradas se cruzaron, se dedicaron unas sonrisas y sus guiños graciosos de complicidad, hicieron reír a los presentes que con una gran ovación les recibieron…

Ya solo faltaban a su lado los padrinos que les acompañarán hasta el salón de actos donde todo estaba dispuesto. Entre todos se propusieron que para Irene y Paco fuese aquel el día más feliz de sus vidas y se encargaron cada uno de una tarea, uno oficiará la ceremonia, la música a cargo de los más jóvenes, y tres preciosas jovencitas hacían las veces de damas de honor. Todos aquellos personajes eran interpretados por sus nietos, y sus hijos cumplirían con placer la de ser testigos del amor eterno que sus padres después de los años volvían a declararse, uniéndose para el resto de sus vidas por un amor que era, había sido y sería eterno.

©Adelina GN

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