TODA UNA VIDA

Todo había cambiado, menos su amor por él. Era cierto que todo parecía estar como el día en el que se marchó. Toda una vida había pasado, lo dejó por algo mejor, decían que la ciudad no era el pueblo. Esta le ofreció a Irene lo que el joven encargado del observatorio, no le hubiese podido dar nunca. Pero ahora todo había cambiado, todo menos aquel reflejo en su taza de café. La luna y las estrellas, un hermoso firmamento que le recordaba a su amor. Cogió entonces la linterna y salió en busca del hombre que nunca debió dejar.

Adelina GN

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EL PESO DEL ALMA

Era su canción preferida, la que desde su ausencia escuchaba con asiduidad. Me la llevé conmigo, ella amenizaría el momento en el cementerio. En el día de Todos los Santos, dicen de aquel lugar, que las almas juegan entre los arboles, a merced de que algún gato travieso intente alcanzarlas. Eso quise imaginar, que la suya vendría hoy a casa conmigo, al ver al felino acercarse con su ronroneo a mi lado. No dejé un instante de llorar, de recordar cuantas veces aquel tema sonó para nosotros. El peso del alma, 21 gramos que perdemos a la hora de nuestra muerte.

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PRISIONERA POR AMOR

Participación en el reto “Escribir Jugando”

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Irene seguía creyendo en el amor, a pesar de que el día que lo encontró, cruzó para siempre la puerta de plata, así poéticamente, llamaba ella al cambio que conducía al matrimonio. La joven poeta jamás volvería a ser libre. Ahora la única libertad que conocía, consistía en sentarse y mojar su pluma en el tintero, para escribir bellos poemas de amor, haciendo referencia siempre a su vida encarcelada. Siendo aquel el juego del que podía disfrutar en aquella soledad, ese día escribió: Amada libertad traza en el papel tu nombre, para que nunca olvide que un día fui libre.

Adelina GN

AL TACTO

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Se estremecía, aquella rugosidad de sus páginas y su tacto le hacía erizar la piel. Podía sentir de aquel modo, las letras eran su pasión y los libros su amor. Sin duda lo quería, pagaría aquello que le pidiesen, lo compraría, lo leería ¿Me lo envuelve por favor? Sus manos tantean, deposita con cariño el libro en el mostrador y repite… ¿Me lo envuelve por favor? Porque no me lo llevaré sin vestir, si quieren sentir su tacto, braille tendrán que aprender.

Adelina GN

LÁGRIMAS DE DOLOR

Aún con los ojos cerrados y dejando caer su cuerpo con desánimo, sentía como aquellas dos lágrimas caían, dejando mojada la trayectoria vertical que iba desde sus ojos hasta su mentón, para luego sin remedio caerse al vacío… Lo mismo que ocurría cuando la arboleda pereció al fuego controlado para su reproducción, lloraba entonces la secuoya esperando aquel necesario calor que culminaría su germinación.

©Adelina GN

TFGP.