LAS ENSOMBRECIDAS MANOS DEL PASILLO

Las sienes encanecidas le hacían parecer más mayor, sostenía un libro que apenas podía ojear. Pasaba las hojas y sus temblorosas manos iban autómatas acercando sus dedos para humedecerlos. Había sido una devoradora de lectura, una apasionada del tema de misterio. Su género literario favorito, tanto para escribir como para ser leído.

Pronto estará aquí, se decía, ella me leerá. Refiriéndose con aquel pensamiento, a su sobrina Irene. Hija de la hija de su prima Angelines, recientemente fallecida.

Era obvio que la joven llevaba su sangre, pues había heredado su amor por las letras. Varios premios en su corta carrera le habían sido concedidos, ahora se acercaba a su tía, grande también entre las escritoras famosas de antaño, para formarse en el tema que la llamada como ella tenía: el misterio, la intriga, el suspense. Una experiencia de años que la consagró como la diosa y erudita del género a lo misterioso y difícil de resolver.

Irene con casi noventa años ya hacía una década que no escribía y apenas podía leer, su movilidad era casi nula, pero se había negado a ir a una residencia. Ni por asomo se le podía mencionar el que abandonase su casa, aquel que fue su hogar, decía ella siempre, quería custodiarlo hasta su final. Demasiados recuerdos la ataban a la casa, y no todos habían sido buenos. Los primeros años, su incomprendida afición a las letras fue causa de disgustos familiares, que comenzó a subsanar pasados varios años. Provocando tal inestabilidad familiar, que después de la muerte repentina de sus padres, su hermano abandonó el lugar. A partir de entonces comenzó a publicar, sus éxitos se sucedían, eran periódicos, casi tan asiduos como sus maridos. Un total de siete fueron contabilizados en el registro civil de aquel pueblo, un escondido lugar donde las preguntas no formaban parte de sus vidas. Parecía que no importaba, si alguien llegaba o se marchaba, para sus vecinos, era la escritora y nadie se atrevía a poner en tela de juicio nada de lo que ocurría allí. Irene daba prestigio al pueblo, ahora sus éxitos formaban parte de su pasado e Irene, su sobrina, quería aumentar el suyo haciendo que su tía la dejase continuar su última y exitosa novela de misterio, diez años atrás editada con un exitoso triunfo. Titulada con mucho fundamento “ Las ensombrecidas manos del pasillo”

Pudiese ser que la afamada escritora, no lograse que su tía le revelase la fuente de inspiración que la llevó a escribir con tanta fiabilidad su última obra. Aquella basada en un misterioso asesino que escondía sus crímenes, tapiando a sus victimas en el ensombrecido pasillo.

Adelina GN

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ESPECTRO

Eran muchas las ocasiones en las que Enora, había tenido en sus manos aquellas entradas, pero siempre por prescripción facultativa las tuvo que regalar.

Voy a explicar con ese ápice de brevedad que me caracteriza (no es cierto) qué ocurría y el motivo por el cual, nuestra enfermiza amiga no podía o más bien no debía ir al Parque de Atracciones y mucho menos entrar en el Pasaje del Terror.

Ella entendía que su salud era quebradiza como la de un cristal, que las emociones estaban vetadas. Desde la intervención quirúrgica a corazón abierto a la que fue sometida, Enora sufría de pequeños infartos debidos a las situaciones de penas y alegrías. Por lo que debería llevar una vida tranquila y sin alteraciones, ni físicas, ni emocionales. Pautas que fueron dadas por el doctor en su última revisión.

Enojada con ella misma salió de la consulta, pensando: qué era lo que hacía ahora, si vivía o esperaba a que su órgano vital se encaprichase un día en emocionarse y terminase así con la tontería.

Así que si queréis, podéis preguntaros, qué pensáis al respecto o simplemente os invito a que sigáis leyendo:

Se reflejaban las 07:32 a.m en el radio reloj digital de su mesilla de noche y Enora cantaba feliz…

Vale la pena una vez más…

Pintarse la cara color esperanza… Mirar el futuro con el corazón…

No debo retrasarme, hoy es el día, que ilusión, por fin voy a cumplir mi deseo. Todo aquello se decía camino al trabajo como cualquier otro viernes, pero ella sabía que no era así. Todo dependía de los resultados que surgiesen del pase de atracciones, y para ello quedaban aún unas cuantas horas.

Ya el nombre del pasaje causaba escalofrió ESPECTRO sumado todo al tiempo lluvioso que tuvo la noche caprichosa en mostrar para y con aquella diversión.

Enora enseñó las entradas a la muerte, que la esperaba con la guadaña para que allí las pinchase. Cuándo, un impresionante Igor la miraba fijamente con su ojo deforme. Le pidió que se agachase y en ella colocó un micrófono para que fuese narrando su odisea terrorífica a los que fuera esperaban. El itinerario se hacía individualmente, por lo que su amigo esperó fuera, desde allí escucharía todo lo que aconteciese en aquel lugar de terror psicológico.

Apartando la cortina que la separaba del interior Enora, sintió una ráfaga de viento helado que la dejó tiritando, tapándose la cara avanzaba por aquel laberinto, donde, las manos mugrientas y cadavéricas la jalaban a su paso. Para entonces todo iba bien, sintiendo solamente una pequeña opresión en el pecho que se agudizó cuando el payaso de IT apareció de sopetón delante de su cara. Tuvo que contener la respiración o de lo contrario lanzaría un grito que alarmaría y no quería que aquello pasase, quería que fuese algo más sencillo, más normal tratándose del lugar donde se encontraba. Y siguió paso a paso recorriendo aquellos oscuros pasillos. Su corazón se estaba acelerando demasiado después de entrar en la sala blanca y acolchada, en la que se encontró con una loca que le acariciaba el pelo y le cantaba una canción de cuna. Sus nervios iban cada vez en aumento, su pulso se aceleró por completo. Estaba siendo atacada por unos murciélagos que revoloteaban sobre su cabeza y por mucho que a zarpazos quería quitarlos, por momentos le hacían daño. Pero aquello no debía de importarle, pues era para lo que había ido allí. Comenzaron a empujarla a tirarle sangre por encima, le gritaban, y de nuevo una ráfaga de viento frío dejaba otra vez su rostro petrificado. Ahora allí no se escuchaba nada, todo había quedado en silencio, delante de ella otra sala oscura en la que tenía que entrar. ¿Sería aquel el final? Ella quería que fuese, así que no dudó en apartar el cortinaje que cubría aquella entrada. Ya comenzaba a respirar con dificultad, su boca se secó, y se estaba mareando, sentía que no podía avanzar y se agarró a la tela, cayendo sobre ella la arrancó. Apareciendo delante de sus ojos aquella calavera, un rostro que hizo que su corazón se parase de golpe. Enora dejó de respirar, aquel su último deseo se había cumplido, terminó con la agonía de no poder tener sensaciones. No hubo ningún responsable, la atracción siguió en activo, porque ya se sabe…

Quien por su culpa muere que nadie le llore”

Adelina GN

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EL CUARTO OSCURO

Era una experiencia nueva, nunca antes había estado allí, parecía que estaba en la entrada de una cueva siniestra. Mi corazón entonces latía con fuerza, tenía miedo, pero no podía perder aquella oportunidad. Tras aquella puerta entornada una cortina poco estética, negra como el propio recinto que iba a habitar por unas horas, esperaba ser apartada. Y así lo hice, pasé a su interior, una luz roja color fuego custodiaba a la tenebrosa oscuridad.

Mucho era el tiempo que había esperado, para realizar aquello y comencé con el experimento hasta entonces negado a mi afición.

Me coloqué los guantes, vertí los líquidos en las cubetas e introduje en ellas todo el material que la fiesta infantil me había proporcionado. Por un momento me asusté, me parecía que alguien me observaba, me di la vuelta, pero no, el gato de mi amiga se había colado en la habitación.

Era curioso, el olor de aquel cuarto me daba alergia, estornudaba y un escalofrío recorría mi cuerpo. Por un momento pensé en salir y dejar todo a medias, pero por suerte todo volvería a ser como antes, no volvería a disparar de aquella forma, ni haría falta un cuarto oscuro para darle vida a mis vivencias. Al terminar el tiempo de espera me asomé a una de aquellas bateas donde sumergí a la niña, era asombroso como volvía a aparecer ante mis ojos y como se movía, se asemejaba un milagro. Aunque cuando fui a sacarla de allí para colgarla y que se secase, mi semblante palideció, mis ojos no daban crédito a lo que estaba viendo.

¡Aquella fotografía no era la que yo había tomado! En lugar de la niña de la fiesta, a la que fotografíe sonriente y con aquel osito de peluche en brazos. Aparecía en ella una fantasmagórica niña enlutada, sosteniendo en sus piernas un cráneo cadavérico.

Estampa aquella que tardaré mucho en olvidar, aquel suceso me marcó para siempre, dejando para otros lo de revelar en el cuarto oscuro.

¿De dónde salió aquella imagen? Fue algo inexplicable y misterioso. Pero todo tenía que ver con aquel cuarto oscuro. Lugar, del que años después averigüé que en él había muerto una niña en extrañas circunstancias.

Adelina GN

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SIEMPRE HAY TIEMPO PARA LA VENGANZA

Aquella mañana Luisa preparaba la cena como cada domingo, aquel guisado al horno estaría sabroso, pensaba, mientras lo elaboraba con todo su cariño, a pesar de que era lo último que quedaba en la nevera. El despido de su marido causado por su mal carácter les estaba haciendo pasar una mala racha, pero el lunes ella y sus hijas adolescentes entraban a trabajar en la fábrica del pueblo y todo sería diferente. Julio y Andres correteaban por el jardín, aquel partido de fútbol tenía los minutos contados y su padre todavía no había llegado de jugar la partida dominical que le tenía entretenido hasta altas horas de la noche. La madre no quiso comer aquel manjar sin que papá estuviera presente, así que con una sonrisa, la que siempre ofrecía a sus hijos, les preparó unos bocadillos que entre risas comieron y disfrutaron. Aquella madre necesitada, les comentaba que siempre había tiempo para todo, cuando los pequeños le preguntaron cuándo comerían aquel suculento guisado, que volvía a meter al horno. Unas horas después Luisa apagaba el televisor y subía a comprobar que dormían, la primera puerta al terminar la escalera, era la de las niñas, estaban charlando y les dijo que se durmieran que ya quedaba poco para su primer día de trabajo. Acto seguido abrió la de los niños, jugaban debajo de las sábanas con una linterna, también les recrimino, pero menos, ellos solo tenían que ir al colegio, aunque de todos modos les advirtió que cuando volviera su padre tenían que estar ya dormidos, o se enfadaría. Sabía que tantas horas en el bar le traía siempre una borrachera, ella podía entenderlo, pero quería evitar que los niños lo vieran en aquel estado. Una vez ya en la habitación se recostó en la cama, cuando escuchó la puerta, cerró los ojos haciéndose la dormida, no tenía ganas de fiesta, pero la espera la hizo dar una cabezada, levantándose horrorizada al escuchar los gritos que venían de la habitación de sus hijas. Salió corriendo y… Sus ojos no daban crédito a tal escena, las niñas estaban acuchilladas, llenas de sangre y sin vida, cuando se acercó a ellas llorando y gritando de desesperación, sintió el acero clavarse en su espalda y cómo un frío de muerte le atravesaba el pulmón. Sin ver al asesino quedó allí sobre sus hijas, muerta como ellas y como ellas, con los ojos abiertos pero sin vida. Los pequeños continuaban debajo de las sábanas con la linterna encendida y presos del pánico al escuchar aquellos gritos y aquel escabroso silencio posterior, que quedó después de oír como alguien huía escaleras abajo. Tan solo unos minutos habían pasado cuando volvieron a escuchar que alguien subía rápidamente y abría la puerta de su habitación, sus caras seguían teniendo plasmado el terror y sus brillantes ojos a causa de las lágrimas miraban aterrorizados a quién entraba entonces en ella…

DIEZ AÑOS DESPUÉS

Las cajas de cartón llenas de sus enseres esperaban para ser desembaladas, cuando recibieron la agradable visita de la asistenta social que se presentaba allí en su nuevo hogar, para darles la bienvenida. La joven había tenido que indagar sobre su vida, para que la organización a la que trabajaba les pudiese conceder las ayudas correspondientes. Eran dos nuevos vecinos del pueblo, dos huérfanos adolescentes, que a la muerte de su padre, solo hacía unos meses, como leía ella, se habían mudado. Julio con su recién estrenada mayoría de edad, se ocupaba de Andres tres años menor, el cual tenía un arraigado trauma desde aquella noche en la que asesinaron a su familia. Los dos, contaba Julio, habían vivido con su padre, desde aquel horrendo día. El asesino jamás fue descubierto, justificando las muertes al encontrarse sin botín después del robo.

Ahora intentamos retomar las riendas de nuestra vida, decía Julio, estirando su brazo y mostrando a la mujer un recorte del periódico, donde se veía a las mujeres de la casa cosidas a puñaladas… Andres se llevó las manos al rostro, arrancando sus lágrimas…

No llores hermano mamá decía que, siempre hay tiempo para todo…

La trabajadora de asuntos sociales se despedía de ellos, citándolos para una nueva entrevista… cuando escuchó un ruido que provenía del sótano…

Olvidé deciros que si tenéis mascota tendréis que dar cuenta de ello…

Por supuesto que lo haremos, contestó rápidamente Julio mirando hacia atrás y despidiéndose de la joven…

Los dos miraron por la ventana cerciorándose, igual que aquella noche que la persona que había entrado en su casa se iba. Cogió a su hermano Andres por la espalda, pero a diferencia de aquella noche, no volvieron a acostarse…

Abrió la puerta del sótano y encendió la luz, sacó aquella linterna pequeña que les acompaño debajo de las sábanas hasta que su padre llegó aquella noche… bajando despacio le repetía a Andres, como mamá decía siempre hay tiempo para todo…

Enfocando con la luz al fondo de aquel habitáculo donde se veía a un hombre atado de pies y manos a una silla y amordazado a conciencia, con una mesa a su derecha llena de cuchillos de todos los tamaños… Sus ojos forzaban la mirada hacia ellos escuchando decir a Julio esta pregunta…

¿Papá cuál prefieres primero?

©Adelina GN

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