EN EL CALOR DE LA NOCHE/Erótico

EN EL CALOR DE LA NOCHE/Erótico

EN EL CALOR DE LA NOCHE

Después de aquel día tan agotador en el que el sol había calentado a su antojo, sin dar tregua, era ahora en el presente amanecer cuando el sofoco seguía en su cuerpo. Mandi se asomaba a la ventana, apenas veía desde allí a cuatro jóvenes que perdidos en el tiempo quedaban descarriados por la piscina. Aquellos personajes festivos eran los últimos de aquella fiesta a la que había asistido y que ya hacía dos horas que había terminado. Ella ya llevaba cuatro descansando de su cómoda cena con Luis, vacía de toda clase de excesos, descansada de alteraciones nerviosas y desierta de cualquier estímulo. No era que no lo necesitase, pero el conservador de su acompañante en aquella noche, aún siendo ella quien corrió con todos los gastos de aquella velada, no pronunció la palabra lujuria en toda la noche ni para a hacer un gracioso chiste. Estaba claro que pudiera ser que ni él mismo tuviese necesidad de llegar hasta aquel punto, por edad o situación, pero ella, la señora, como la habían llamado en la mañana, cuando puso su cuerpo a broncear, le apetecía amortizar el gasto económico que resultaba de aquella escapada a la playa en un fin de semana en el que nadie la iba a notar a faltar. Su abanico se esforzaba en darle el aire que le comenzaba a faltar, cuando de pronto, descubrió saliendo del restaurante hacia la orilla de la piscina a un galán que con su copa en la mano miraba hacia arriba, fijándose y no por casualidad en el balcón de su departamento. No podía creérselo Sergio se había acordado y ella lo había olvidado, aquel chico que la había titulado como señora por la mañana, mientras embadurnaba su espalda con la crema solar, no olvido la cita burlona que ella misma había montado para no violarlo en aquel preciso momento. Cuando devolvió la vista a sus ojos librando de la fantasía a su mente, descubría que el adonis perfectamente dotado de cuerpo y mente, había desaparecido. Escuchando como golpeaban la puerta acto seguido a darse la vuelta para volver del mirador a la habitación. Posponía la voz de “Adelante” mientras su cuerpo se estremecía al evocar a sus sentidos aquellas manos resbalando sobre su cuerpo, pensando como abarcaba su cuerpo, cuando estando mostrando su espalda, las manos de aquel hombre joven se anclaban en su cintura. Un largo soplido se escapó de su interior, siendo esa la causa de que Sergio entrase en la habitación, contribuyendo a que los sentidos de Mandi fuesen activados al completo. Sentía un estímulo en cada punto estratégico de su femenino y adulto cuerpo. Mientras él, se acercaba a ella posando su mano fuerte y joven en su sudorosa nuca, acercando su cabeza de aquel modo tan sensual tan cerca de la suya, que Sergio notaba su agitado aliento. Y ella algo que no quedaba en tan alta posición. Pero ahí no terminaría todo, su otra mano, la izquierda, recorría toda la espalda de Mandi usando la acción que utilizó en la mañana, pero esta vez con su receptora vestida con aquel camisón de seda que sustituía a la crema contribuyendo a que el masaje fuese completo y placentero para los dos. Sin duda todo no quedaría en aquel acto, sin dudarlo no sería así, pero la duda queda para la imaginación, para que lo erótico de la escena pueda quedar sutil y mágico. Encontrando en la magia nuestra mejor arma de seducción. Hacer volar ese don de pensar y seguir dando vida a los sentidos, que aunque parezcan dormidos, siempre que los evocas se presentan en tu cuerpo, como un olvidado acto de recibir la crema para que el ardiente sol no nos queme.

©Adelina GN

CON EL MIEDO DENTRO

CON EL MIEDO DENTRO

El miedo a lo desconocido siempre había sido un motivo en la vida de Irene para querer investigar aquello que creaba enigma.

Había llegado al oscurecer, la noche era tétrica se movían por el viento todas aquellas ramas que estaban cerca de las ventanas. Aquel sonido característico la ponía nerviosa, decidiendo darse un baño para relajarse.
Entró despacio en la bañera, el agua iba empapando su piel mientras se sumergía. Rodilla, muslo, poco a poco hasta que se sentó en ella.
Sus pechos tersos se quedaron fuera por lo que sus pezones se pusieron duros. El sonido crispante la volvió a estresar. Pero ahora no iba a salir de allí toda mojada, así que atemorizada como estaba tomó la manopla y la pasó despacio por sus pechos húmedos. Todo aquel conjunto de sensaciones la terminaron excitando, llegando rápido a comenzar a masturbarse.
Estaba sobrecogida había escuchado como la puerta de la habitación se había abierto y cerrado muy despacio, chirriando como en la más terrorífica película de miedo. Aún presa del pánico Irene llegó al clímax, gozo de aquellas caricias a las que estaba acostumbrada. Por eso aunque llena de pavor y desconfianza soñaba con que alguna vez sus sueños se cumplieran. Y que alguien, quién fuese la tomase y la hiciese disfrutar.
Su cobardía le impedía salir de allí, el agua se había enfriado y además de por el miedo, su desnudez provocaba que su piel se erizase. Alcanzó la toalla se levantó, de su cuerpo en aquel momento escurrió toda clase de fluidos no solamente el agua que dentro de ella había quedado. Despacio camino cubriéndose con la tela de rizo, descubriendo que la ventana estaba abierta.
Estaba cansada, no quería que el miedo fuese el motivo por el cual ella se excitase. No era la primera vez que alquilaba aquella habitación por noches para pasar una velada asustada y aliviarse ella sola.
Sabía que con un poco más de dinero podía tener un acompañante, pero nunca se había atrevido. Qué tontería, se decía, será por miedo, eso es lo que realmente me excita… Descolgó el auricular del teléfono, pidiendo su amigo de compañía por horas.
Estaba amaneciendo e Irene no dejaba de gemir, su respiración era agitada, gritaba y sollozaba. Su piel escaldada se veía rojiza, por sus poros casi sudaba sangre.
A pesar de todo aquello y aún con el miedo dentro, le pedía a su compañero de amor, que no parase.

©Adelina GN

Extraño despertar/ Desafíos Literarios/ Erótico

Aquella escena que se avecinaba por los acontecimientos que estaban cercanos a suceder, era muy conocida en el mundo de las infidelidades. Uno de aquellos dos qué se encontraban disfrutando de los placeres del sexo, se sobresaltaba al escuchar entrar la llave en la cerradura o al escuchar un simple “Estoy aquí”.

El cuerpo del delito casi siempre resultaba estar desnudo, y el escondite preferido era aquel armario que dejaba de esconder a la otra parte cuando se salía de él o cuando la ocasión requería una excusa poco ortodoxa e incrédula para el engañado o engañada.

La historia que leeremos ahora no es una historia convencional al uso o por lo menos a mí no me lo parece, no tendremos el típico armario, pero es posible que salgan de él. Igual la infidelidad es sufrida por dos motivos y no por el mero hecho de acostarse o liarse con el mejor amigo del marido o la mejor amiga de la mujer.

Será cuestión de comenzar a escribir y dejar para otro momento los convencionalismos y las normalizadas relaciones que existen en los relatos eróticos. Nos sumergiremos en un total control del orgasmo controlado, del éxtasis producido por el morbo, por explicar cómo puede ser la infidelidad a dos bandas.

Nos situamos: Marga ha ido a visitar a su madre que está delicada, Sergio aprovecha para ver una de esas películas que no da tiempo a verlas terminar. En cualquier caso las retomas después de unos juegos manuales que aprendiste hace años y que sustituyen al sexo cuando alguien o algo, te calentó.

La causalidad se aproxima, sí, no me equivoqué, no hay casualidad sin causa, de ahí mi juego de palabras.

Llaman a la puerta y Sergio vuelve a quedarse a las “puertas” de un goce que no termina de llegar.

Es la vecina del ático, esa joven que lo mismo tiene pareja, cómo qué por la noche se pasea a tirar la basura provocando a quien la contempla con sus transparencias veraniegas, ésas que dejan ver sus pechos duros y bien formados.

Viene pidiendo guerra, se nota a la legua, pero te pide sal, sabe que Marga no está, vi cómo la saludó al salir de casa esta tarde.

No es la primera vez que se me insinúa, pero en otras ocasiones iba con mi mujer y no había tanto peligro, hoy estoy solo y qué hago, la dejo entrar, será mejor, los vecinos nos pueden oír y sería peor.

Estuvimos conversando, al final saqué dulce de membrillo traído del pueblo, imaginé que terminaría comiendo salado al final de la noche. Y así fue, efectivamente, Marí quería plan, no se cortaba, a los pocos minutos de sentarse en el sofá sus piernas se cruzaban insinuantes mostrándome la falta de ropa interior. Me puso cardíaco, no atinaba a poner la copa que me había pedido, mi pulso se aceleraba y ya se me notaba bastante, temía que en aquel momento fuese a llegar Marga, pero no, menos mal que mi suegra la pobre empeoró y dijo que tardaría.

Al sentirme un poco más confiado me relajé y entonces comenzaron las risas, los roces, los besos y al final terminamos en la cama. Marí era tan distinta a Marga que preferí que no me contase nada y descubrirlo por mí mismo.

La desnudé, la cubrí de caricias, investigué cada centímetro de su cuerpo no sabía si aquella ocasión podría volver a suceder, quise disfrutar y disfruté de ella al máximo, pero, éso sí, antes terminamos con la botella de “Chivas” recién empezada, ósea que el colocón fue de primera y se supone que la dormida monumental, ya que al despertar…

Fue un despertar bastante extraño el que tuve amigos, estaba solo, desnudo, pero sin apariencia de haber consumado. Cómo Marí me había dejado allí tirado y aún borracho, qué no le gustaron mis quehaceres sexuales, no sabía que pensar y me levanté. Todo me daba vueltas, y me senté al borde de la cama. El espejo me estaba delatando, mi cara estaba verde y por segundos palidecía, la sensación era de fatiga y de decepción, cómo no me habita dado cuenta, no escuché la cerradura, ni su voz había resonado en mis oídos, pero Marga había vuelto.

Y allí estaban las dos, las vi por el espejo, sus cuerpos se unían de un modo espectacular, sus movimientos eran armoniosos y su silencio… Su pasional mudez en aquel momento provocó la mayor de las erecciones que había tenido y creo que tendré, haciendo en aquellos instantes, que mi problema de eyaculación precoz volviese para siempre.

Deli

Colaboración de Adelina GN https://desafiosliterarios.com/secciones-tematicas/erotica/extrano-despertar/#

LAS VACACIONES

Lee otras colaboraciones en Desafíos Literarios https://desafiosliterarios.com/category/secciones-tematicas/erotica/

Escrito por : Adelina Gimeno Navarro el 20/09/2018

LAS VACACIONES

Nada más poner un pie en casa, comenzó en mí la desesperación. No podía creer que todo había terminado ya, y hasta el año que viene no tendría la oportunidad de volver a disfrutar de aquel joven. Nadie sabe mi vicio o mi entretenimiento, o tal vez desde ahora lo llame terapia, quién sabe lo que haré. Procurar que no se me note será un gran reto, termino siempre igual, con las manos pegadas a mi cuerpo, acariciando allá donde sé que me gusta. Pero Carlo ha dejado una huella enorme en mí. Tanto me ha marcado ese chico, que no dejo de pensar en él y en esos días de ensueño en Ibiza. Sus ojos, su boca, su piel me dejaron prendida del éxtasis, haciendo el calor lo propio y provocando que subiese en mí la temperatura.

Rosa no dejaba de recordar, desde que aterrizó en Madrid y nada más pudo encender el móvil, el primer contacto que buscó fue el suyo, aquella dependencia no era normal, pensando en cada momento, en el bello y experto amante que le resultaba el galán.
Allí estaba sentada en el sofá, tirada como un trapo, con el calor típico de aquellos días de tormenta de verano. Pensando en él y en las vacaciones, en sus caricias, en sus besos…

Ella pensaba que no iba a poder apartarlo de su mente, que ya nada ni nadie podría calmar sus ansias. Debía de pensar, se dijo, qué únicamente fue un afer sin importancia, que no debía de obsesionarse. En ese instante su mano derecha palpaba su seno izquierdo y su otra mano se abría paso entre sus muslos, acariciando con una delicadeza máxima aquella parte de su cuerpo falta de amparo amoroso en aquel momento.

Sintió pasos y sobresaltada intentó darse la vuelta para ver, pero en segundos la agarraron del pelo e hicieron que su nuca quedase reposada en el cabezal del sillón…

-¡¿Así, te gusta?!
-Sí, pero más fuerte

Pregunta y respuesta fueron silenciadas por sus besos, sus caricias no tenían fin y el roce de sus cuerpos les llevaba a sentir un placer sin límites. Aquellos juegos eróticos habían ocurrido muchas veces, Carlo entraba a sabiendas de Rosa en casa, violando su intimidad, mientras ella jugaba con su cuerpo. Él le robaba el protagonismo a sus manos, cargado de envidia irrumpía en casa y con el consentimiento de ella la violaba o mejor dicho, Rosa se dejaba amar de manera violenta.
Ya habían tenido sus vacaciones, ahora tocaba volver a la rutina y para ello los dos necesitaban esa complicidad que hacía que su amor no se estancase en la monotonía.

Así pues y sin mediar palabra, sus cuerpos fingieron no conocerse y a la par iban descubriendo nuevas sensaciones y nuevos placeres que les ofrecía aquel juego erótico.
Su piel lucía desnuda, aún rojiza por aquellas caricias en ocasiones dolorosas, y ahora a pesar del calor Carlo, colocó un cojín tapando su miembro, echando la tela protectora del sillón sobre Rosa, que no dejaba de acariciarse.
Debería de estarse quieta, pensaba él, mientras ella cuando vio su acción le preguntó, obteniendo una inminente respuesta…

-¿Qué no quieres jugar ya?
-¿Qué quieres el desempate?

Y volviendo el acero a su vaina y nunca mejor dicho, volverían a comenzar su particular terapia de pareja.

Deli

maxresdefault