EL DÍA DE LAS MADRES

Cuando decidimos aquello que rondaba por nuestra cabeza desde hacía bastantes reuniones, ninguna de nosotras pensó que en la actualidad continuase vigente y vivo el latido de la llamada del amor de una madre…

Aquella decisión de salir de la tediosa espera para encontrar un camino con contundencia, nos llevó a decidir gritar más fuerte y cerca de los que nos tenían que escuchar. Presentándonos en la Plaza delante de aquel monumento a la libertad para reivindicar la desaparición y secuestro de nuestros hijos. Quedamos paradas delante de la fachada de aquella casa, quietas inmóviles, esperando respuestas a nuestras preguntas sobre ellos, pero al contrario de ello nos invitaron a abandonar el lugar, argumentando que las normas y las leyes eran tales, que dictaban a los ciudadanos a no permanecer quietos y a no formar grupos superiores a dos o tres personas. Cumplimos aquel dictamen, pero solo por unos días y volvimos a acudir a la cita. Comenzando con catorce madres, progresivamente iban uniéndose a nosotras más que buscaban igualmente saber de sus hijos y en muchos casos de sobrinos o hermanos.
Así cada Jueves a una hora punta paseábamos en pareja y cogidas del brazo por la Plaza de Mayo y frente a la policía que nos veía cumplir el reglamento vigente de aquella dictadura. El amor de una madre no tiene fronteras ni obstáculos que cerquen un ánimo de búsqueda y respuestas, y cuando se trata de los hijos no existen leyes que te permitan callar, pese a multitud de rechazos que intentaban ocultar nuestros gritos y nuestras ganas de saber que había ocurrido con ellos. Nuestro movimiento al día de hoy continua vivo, nuestro símbolo, el pañuelo en la cabeza, en un principio y confeccionado con tela de pañal, muestra a la humanidad que lo que reivindicamos son los hijos y que solo permitimos y no siempre nos conformamos que sea Él quien nos los arrebate…

Relato corto inspirado en datos reales, sobre las Madres de la Plaza de Mayo.

©Adelina GN

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