LÁGRIMAS DE DOLOR

Aún con los ojos cerrados y dejando caer su cuerpo con desánimo, sentía como aquellas dos lágrimas caían, dejando mojada la trayectoria vertical que iba desde sus ojos hasta su mentón, para luego sin remedio caerse al vacío… Lo mismo que ocurría cuando la arboleda pereció al fuego controlado para su reproducción, lloraba entonces la secuoya esperando aquel necesario calor que culminaría su germinación.

©Adelina GN

TFGP.

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