SABOREANDO EL INSTANTE

Habían pasado varias horas… Caty descansaba sentada en aquella monumental silla del siglo pasado, mientras contemplaba aquella alcoba del hotel decorada con artesanía y donde había sido comensal del majestuoso manjar que Eric le había ofrecido…

Mordió certeramente y con ansia la fresa que junto el cava subió el botones momentos antes. Tan solo envuelta con la sabana, la diosa de ébano recibió al joven, que imaginando demasiado, por el aspecto que presentaba su boca abierta, vio como prescindía de él sin dejarlo entrar.

Caty enterraba sus dientes sobre el sabroso fruto y su dulce jugo resbalaba sin remedio sobre su piel, mientras veía a un Eric desvalido y esposado aún al cabezal ornamentado de aquella cama… Con su postura, aquella mujer parecía que pretendía mostrar sus intimidades al suso dicho, una de sus piernas descansaba sobre el reposabrazos de la silla y la otra se abría sin decoro. Saboreando aquel instante, Caty recordó una infinidad de citas en las que fue ella la que terminaba rogando que le soltasen las ataduras de las que no había podido huir aunque hubiese querido, sin importarle la flacidez que mostraba aquel hombre, incorporándose sobre sí misma dejando caer sus brazos entre sus piernas. De aquel modo se acercaba a Eric, fijando su mirada en su torso, relamiendo el sabor excitante de la mezcla afrodisíaca, de igual modo como en el momento en que saboreó a su musculoso amigo. En aquella ocasión las sustancias no la eclipsaron, se negó a tomar, quería estar por una vez consciente de lo que iba a hacer, por lo que fue él mismo quien consumió toda la droga que traía para la noche de lujuria que había pasado.

Caty esbozó una gran sonrisa, por una vez en aquel tiempo que llevaba trabajando de señorita de compañía, había disfrutado, ya que Eric la dejó que llevase ella las riendas del juego, pasó de ser sumisa a ser el ama implacable que dominaría toda la situación.

Veía entonces los arañazos que sobre su cuerpo quedaron, le escuchaba lamentarse, cuando apretaba con sus labios el pene erecto de Eric. De aquel modo y como ella mandaba, prefirió verle gozar y sufrir, mientras ella satisfacía una fantasía que siempre había querido experimentar.

Los gritos de Eric la excitaban, cada vez que ella intentaba buscar su punto de placer. Sus pezones se endurecían a cada uno de los gemidos de él, pasándolos por sus piernas. Se levantó de la silla dándose cuenta de que había mojado aquel tapizado, se acercó a Eric, volvió a observar y le entró miedo… Recordando que en un momento de respiro él le pidió una de aquellas pastillas, ingiriendola con un gran trago de alcohol, pidiendo que repitiera aquel favor en dos ocasiones más…

Caty se preguntaba, como contaría aquel momento en el que los dos disfrutaron llegando a excitarse tanto que después de tomarse aquello, Eric volvió a tener una exagerada erección, la que ella tuvo que calmar moviéndose sobre él hasta que llegó al orgasmo. Explicándose ahora, el gemido estrangulado por aquel suspiro, que terminó con aquella extraña inercia, inexplicablemente durante tanto tiempo, saboreando el instante.

©Adelina GN

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