LOS QUE NO SE VEN

lagr

Sus ojos se humedecían cuando recordaba en aquel preciso momento aquello ocurrido no hacia muchos años y que ahora tenía que exponer delante de un juez…

No era su señoría aquel de toga y birrete, que sentado detrás de su mesa y mazo en mano dan las ordenes pertinentes a aquellos que son juzgados…

Este estaba muy dentro de ella, dolido al máximo por un cruel maltrato, un orgullo destrozado por injurias y calumnias, todas ellas acompañadas por injustos insultos que la mataban día a día y poco a poco.

Irene quería pensar que y poner al hombre en el mismo rasero que tenían las mujeres, pero no podía, las noticias sobre ellas sobrepasaban a la de los hombres. Ellas eran mayoría lamentablemente, así que de aquel modo también ella gritando su dolor ayudaría a quien por miedo no lo había hecho ya. Se uniría al colectivo de mujeres maltratadas para que su orgullo como juez dictaminase sentencia sobre esos golpes, esos golpes… Los que no se ven…

Como cualquier adolescente deseaba un compañero a su lado, un amigo que le diese la llave para esa libertad que le negaban. Irene lo encontró, las simbólicas puertas se abrían para ella, volaría joven al matrimonio, el que traería en el justo tiempo un vástago.

Su andadura se frenó, todo lo que le hubiese gustado moverse por la vida fue deteniéndose en cada uno de los nacimientos que hubo. Pero sin importarle aquellos hijos que Dios le había enviado Irene consiguió con esfuerzo mucho más que lo que aquellos golpes sordos y sin huella aparente dejaban en su cuerpo, o mejor dicho en su interior, en su propio orgullo, matando su autoestima, que agonizaba sin remedio.

El menosprecio la encogía haciéndola pequeña, minúscula y herida, veía crecer a sus hijos en un hogar sin calor ni ternura. Vinieron de una pareja enamorada, pero los que no se ven, los golpes que se estampaban en su cara, y que salían de la boca de él como certeros puñetazos, la acondicionaban a dejar aquel infierno y no castigar sin necesidad a los que estaban a su alrededor. Pero ahora no solo era él quien vertía aquellas mentiras, que siendo verdad hubiera tenido que disculparlas, no, los demás le creyeron, convirtiéndose ella en la mala.

Pero la vida nos da oportunidades y sin ánimo de ofender a nadie, dijo NUNCA MÁS e Irene dejó un día, pues apareció el príncipe azul, ese hombre que le regalaba palabras llenas de delicados vocablos que cerraban como apósitos, aquellas heridas haciendo que cicatrizasen.

En la actualidad Irene, continua siendo feliz desde aquel buen día, pero sus heridas se resienten cada vez que escucha el nombre de una de ellas, enfadándose, pero quiere ayudarlas diciéndoles, que sean valientes que denuncien, que enseñen sus heridas, son su mejor testigo.

Y a las que que sufren esos golpes que no se ven, que cuenten su historia, será el único modo de que las crean. Porque aunque no se ven, duelen y dejan cicatrices de por vida.

©Adelina GN

DOCTRINA PROPIA

15241755_819180941557230_5778752122288601608_n

Este es uno de los relatos incluido en la novela DIEZ RELATOS SIN IDENTIDAD, la cual podéis encontrar en este enlacehttp://www.obrapropia.com/Obras/…/DIEZ-RELATOS-SIN-IDENTIDAD. Espero que os guste

DOCTRINA PROPIA

Aplicando a ella misma su propia doctrina, la seguía divulgando junto con sus conocimientos en la vida, aprendiendo en cada momento que uno mismo puede construir su propia religión partiendo de las creencias que en su infancia le enseñaron.
Fe, Esperanza y Caridad eran sus tres leyes, las que había seguido al pie de la letra durante aquellos años.
Fe la que mueve montañas, le dio la entereza para aferrarse a su creencia, a manifestar su esperanza al mundo, intentando no perder ni una pizca de ella, para continuar creyendo en la caridad, en la de los demás y en la suya propia.
Sus mandamientos eran aquellos que siempre practico con mayor o menor frecuencia según su edad iba avanzando, algunos de ellos puestos en tela de juicio por ella misma a causa de las adversidades que tiene la vida. Cuanto más tiempo pasaba más creía en aquel que le pedía encerrarlos todos en uno solo… “Lo amaras a Él sobre todas las cosas y al prójimo como en ti mismo”.
No dejó en el olvido nada de lo que alguien muy querido para ella le predicó siempre, recordó desde el día de su partida aquellas predicaciones poniéndolas en práctica siempre que podía.

Siempre que podía se alimentaba de ellas para no desfallecer, obligándose a creer en ella misma para no dar nunca un paso atrás en su vida, viendo su camino despejado de maleza para caminar por el con paso firme.
Si se desviaba lo retomaba con la misma ilusión mirando adelante para no tropezar.

Creía en quien la esperanzaba, en quien se apoyaba para caminar… lo tenía cerca otros más lejanos a ella a los que añoraba notablemente le daban en la distancia fuerza con su amor fraternal aunque ausentes a su lado le trasmitían aquel sentimiento de amor familiar que tanta falta le hacían en aquellos momentos.

Se veía construida como un rompecabezas, cada pieza de su ya formada manera de ser, correspondía a diversas mujeres de su entorno familiar, aquella pequeña pero grande en carácter como había sido una de ellas, la independencia, valor que alcanzo de otra de las mujeres pasados los años y de una vez por todas la humildad concepto que aunque tardío le llegaba en ese medio siglo de vida que ya llevaba trascurrido, aquel que la salpico desde niña desprendido de una de las mujeres muy cercanas a ella y que era la más bella por dentro y por fuera.

Ella quería predicar toda la sabiduría que le habían enseñado, pero predicar se predica con el ejemplo y por mucho que se comportase ejemplarmente ahora… el aula para enseñarlo se había convertido en un desierto, nadie a quien podía trasmitir sus experiencias se encontraba junto a ella… solo la naturaleza era testigo de su comportamiento, predicaba en desierto y era sermón perdido… o no, porque ella misma se alimentaria de su propia doctrina.
Teniendo en cuenta que aun se consideraba una mujer joven a pesar de su edad ella envolvió los perjuicios en un manto de autoestima y los lanzo por los aires, intentando que cayesen lejos, pero no fue así durante mucho tiempo tubo que seguir sufriendo humillaciones por parte de los demás unas más dolientes que otras hasta el punto de encontrarse como una extraña en según que sitio visitaba.
Abriendo fronteras a su propia vida continuó caminado junto a él, la quería la admiraba y le daba aquel placentero bienestar sin ningún tipo de lujos y en el que llegaron acomodarse sin notar las carencias que su entorno diario les brindaba recordando una frase que juntos leyeron una vez en aquel aparato que hablaba y que compartieron durante mucho tiempo… la frase decía así… “No es más feliz quien más tiene… si no quien menos necesita”.
Aquello mismo de lo que carecía la hizo crear su propia doctrina, fueron fluyendo en ella conceptos que tenía guardados en su interior, conformándose tan solo con lo que contaba aprendió a vivir de nuevo sin lo que antes creía que le sobraba, nunca hay que pensar que tenemos algo en demasía es mucho mejor pensar que tenemos lo suficiente por si en el peor de los casos algún certero día… que puede haberlo, nos falta.
Escondidos… sus valores veían la luz poco a poco, en pequeñas dosis los sudaba, resbalando por su envejecida piel los sentía, recibiendo tempestades que no la dejaban ver el cielo azul aunque escampara de vez en cuando. No llegaba asimilar porque aquello ocurría de aquella manera, intentaba mantener su cabeza alta ante tales circunstancias que a los demás les hubiese hecho bajarla de vergüenza, pero no había otra forma de seguir viviendo o sí. Valiéndose del instinto de superación se negó a que todo aquello que había conseguido hasta entonces terminase allí mismo, en aquel lugar en el que un día no muy lejano alguien que allí había vivido feliz y aunque ahora ya no estaba, se lo prestó a ella para que lo fuese…
Rotundamente se negaba a ello, era un regalo demasiado valioso para venirse abajo, sin desmoralizarse ni un ápice saco fuerzas de donde no las tenía ayudada por él y todos los que en la distancia seguían protegiéndola a su manera, así caminando hacia delante dejando atrás sus derrumbados proyectos, comenzó uno nuevo que la haría sobrevivir con mucho esfuerzo pero con más gratificaciones.
©Adelina GN