Genuino

 

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Aquella tarde otoñal en la que la mujer que protagoniza este relato que escribo ya no cumpliría los cuarenta, intuía claramente que las tormentas se juntarían. Seguir leyendo “Genuino”

LA DAMA

 

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El autor del poema Jose Manuel Martinez Zatarain a denominado esta composición “Química Literaria” los dos esperamos que sea de vuestro agrado.
Adelina Gimeno Navarro
LA DAMA
Estático mirando una vez más Eric se quedaba, colgado en la pared desde hacia varias décadas lucia en el una mujer a medio vestir, una bella dama que resulto ser un antepasado de Mery la rica heredera de la finca a la que él tenia que poner precio…
Horas antes…
Eric llegaba al lugar en medio de una gran tormenta, paro su vehículo y aquel viejo mayordomo le ayudo a guarecerse de la lluvia con el paraguas, hasta llegar a la puerta. Allí se encontraba Mery que fue presentada como la Sra. Wilson por el ama de llaves, vestida a la antigua y entrada en años. Parecía que menos Mery, toda aquella servidumbre estuviese anclada en el pasado, su aspecto fantasmagórico se parecía al de una película de terror y por el aspecto de la mansión el resto seria de igual manera. Pero todo aquello a Eric no le preocupaba, solo estaría allí unas horas tomaría buena cuenta del estado de la casa y regresaría al despacho. Comento un par de datos con Mery que Eric anoto en su agenda y del resto se ocuparía el ama de llaves. Aquella tarea constaría de inspeccionar cada habitación, un total 13 en una altura de 7 pisos, ya que la ultima era un ático. Seguramente que aquello les tomaría su tiempo, se dijo él, pues la anciana ama de llaves en el tercer rellano tuvo que descansar y pedirle al corredor de inmuebles que esperase sentado en aquel diván del siglo XIII, que le ofrecía ella toda fatigosa. Eric obedeció, tanto silencio escuchaba que su cuerpo sin saber como se recostó en el. Un portazo hizo que abriese los ojos y se levanto, parpadeo y se restregó los ojos, vio que el sol entraba por la ventana y respiro tranquilo la tormenta había pasado. Le pareció escuchar pasos detrás y se dio la vuelta viendo lo que antes ni se había percatado. Un hermoso cuadro con marco de ébano envolvía la pintura de una bella mujer, cubierta con una sabana que por los matices de la pintura se intuía de seda. A los pies de aquel cuadro una cómoda repujada de la misma madera, con una tapa de mármol veteado y sobre el un solo detalle que lo adornaba, un libro lazado con la misma tela que llevaba la dama del cuadro. La curiosidad de Eric fue en aumento por lo que decidió tirar de uno de los extremos y deshacer aquella atadura producida por el lazo.
Aquella reliquia era un poemario, en la primera pagina su titulo “Poemas para una Dama” paso la hoja y comenzó a leer…
poema De que sirve?
¿de que sirve la lejanía para quién lo ha dejado todo en el camino?
¿de que sirve el tiempo para quien ha perdido la dulzura de los besos?
mejor sería que viviera en soledad perpetua ,
y buscara el consuelo de poesías,
que son como aves
o que son como riachuelos,
¿de que sirven las posesiones para quién nunca se ha entregado por completo?
¿de que sirven los amigos para quién se ha traicionado su historia de caballeros y princesas?
mejor sería que viviera en soledad perpetua
y buscara el consuelo de poesías,
que son como pedacitos de cielo
o que son como estrellas del firmamento.
Termino de leer aquel poema y él que no creía en el amor, él que se burlaba de ese que se muestra en los poemas de amor y se reía de las lagrimas que muchos derramaban al leerlos, se encontró con su yo romántico y tierno, que lloraba entonces por lo que había leído y pretendía seguir leyendo, pero…
Entonces alguien puso la mano en su hombro y pronuncio su nombre…
– Eric… Eric, perdone que lo despierte, se quedo dormido…
– ¿Dormido? pregunto él
– Sí… respondió la Sra. Mery a la vez que le decía…
– Tendremos que continuar solos…
Eric se levanto de golpe del diván, estaba desorientado y perplejo, pero su estupor creció cuando al mirar la ventana por donde antes entraba el sol ahora seguía lloviendo, pero más perplejo se quedo cuando al darse la vuelta el libro al que el mismo deshizo el lazo continuaba anudado de aquel modo, encima de aquella cómoda repujada y debajo del cuadro con marco de ébano que envolvía a la bella dama, para la que sin duda el poema estaba escrito y firmado…
Saliendo ya de la estancia Eric se quedo rezagado, Mery estaba ya en la puerta y él continuo un momento estático delante de el y le pregunto a Mery…
– ¿Quien fue esta bella Dama?
– Mi abuela, contesto ella…
– ¿Entonces, Jose Manuel Martinez Zatarain?
– Su poeta, contestaba Mery
Autor del poema Jose Manuel Martinez Zatarain
Relato ©Adelina GN